Una cortina de humo útil y necesaria
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Josep Martí Blanch

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Una cortina de humo útil y necesaria

En realidad, lo que se vio en el Palau con la famosa mesa no es más que una cortina de humo que pretende apuntalar dos gobiernos que, desde el punto de vista parlamentario, son más frágiles de lo que aparentan

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, recibe al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, recibe al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Tantos artículos y tantos análisis previos sobre la mesa de negociación entre los gobiernos español y catalán para que después todo haya quedado en un bueno, encantado, a ver si nos vemos más veces y sin que pase tanto tiempo.

Aun así, Pedro y Pere pueden estar satisfechos de su actuación en el Palau de la Generalitat. El presidente español se paseó por las dependencias de su anfitrión seguro de sí mismo. Dijo que de la ampliación del aeropuerto definitivamente nada de nada, que de referéndum y amnistía ni hablar, pero que había estado muy a gusto con su tocayo y que lo importante es hablar y seguir hablando hasta el fin de los días sin que se sepa de qué exactamente, y después corrió a tomarse un café con su hombre en Cataluña, Salvador Illa, para explicarle que ya está, que a otra cosa mariposa. Que si en esta reunión se ha hablado de metodología de la negociación, en la próxima se discutirá nuevamente sobre el sexo de los ángeles. Pero que todo el mundo tranquilo porque la alianza con ERC es sólida y permitirá agotar la legislatura.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este miércoles. (EFE) Opinión
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Por su parte, Aragonès salió a defender la vacuidad del encuentro con el argumento de que la negociación será muy difícil, pero que hay que intentarlo porque no queda otra y que era preferible empezar por la nada que no empezar.

En realidad, lo que se vio en el Palau de la Generalitat con la famosa mesa no es más que una cortina de humo que pretende apuntalar dos gobiernos que, desde el punto de vista parlamentario, son más frágiles de lo que aparentan.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

La endeblez del Gobierno de Aragonès quedó de manifiesto con el 'show' que le organizaron los de JxCAT, obligándolo a vetar su participación en la mesa de negociación. El gesto de autoridad del presidente de la Generalitat no evita que quede impúdicamente a la vista que la coalición ERC-JxCAT es tan solo un matrimonio forzoso que los novios aceptaron a sabiendas de que no durará más de dos años. Por tanto, desde el minuto uno, apenas han pasado cuatro meses desde que echó a andar, pueden tirarse los trastos a la cabeza sin solución de continuidad, ya sea por el aeropuerto, por la mesa de negociación o, cuando lleguen los Presupuestos, a cuenta de los impuestos que unos querrán subir y otros no. ERC confía en que la agenda social apuntale la necesidad de gobiernos de izquierda en Cataluña y que la importancia de la estelada para el electorado vaya bajando en intensidad. De ahí la necesidad de tiempo. Tiempo al lado del PSOE. El eje que busca ERC para el futuro tiene más a ver con el eje derecha-izquierda que con el eje territorial. La mesa le da tiempo para ir llegando a ese futuro que ERC imagina con JxCAT en la oposición.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece en el Palau de la Generalitat. (EFE) Opinión

Con Pedro Sánchez, sucede más o menos lo mismo. Necesita a ERC para acabar plácidamente este mandato y los necesitará en el futuro para renovar su presidencia. Con el gran caramelo del indulto, el presidente español da por acabado el trabajo con el soberanismo para esta legislatura. A partir de aquí, cuestiones competenciales y dádivas autonómicas al margen, cualquier otra cuestión de enjundia que se acuerde con los independentistas será ya en otra legislatura. No en esta. La mesa de negociación en lo que queda del mandato actual de Pedro Sánchez será una musiquilla de fondo, pero que, en ningún caso, secuestrará el protagonismo de la acción de gobierno.

Unos y otros felices, en la medida en que cada uno tiene lo que quería y le convenía.

Foto: El presidente de Gobierno, Pedro Sánchez. (Reuters) Opinión

Pero más allá de la política, y de las dosis de cinismo que siempre se requieren para practicarla y también para analizarla, habrá que coincidir en que la situación en Cataluña ha mejorado. Ha dejado de vivirse como si el mundo fuera a acabarse mañana. Una parte mayoritaria del independentismo y también la mayor parte del constitucionalismo vienen avalando la estrategia de desinflamación que PSOE y ERC practican.

Para los empeoradores de uno y otro bando, Sánchez y Aragonès andan con los pantalones bajados y cada uno ha traicionado su bandera porque en el fondo trabajan para el enemigo. Es una manera de verlo. A fin de cuentas, hay mucha gente que añora el año 2017 al uno y al otro lado. Son los que sueñan con barrer al adversario, con sacarlo de la pista, eliminarlo. Ya se vio adónde lleva esa manera de hacer. Esta que se practica ahora no da, en el fondo, para mucho. Pero tiene la virtud de no empeorar las cosas y, hasta cierto punto, incluso mejorarlas. Para quien ve la política como el espacio en el que encauzar problemas —aunque sea sin solucionarlos— la mesa, sin dejar de ser una humareda, no deja de tener sus virtudes. Al menos por un tiempo indeterminado. La mesa es una cortina de humo, sí, pero útil y necesaria.

Tantos artículos y tantos análisis previos sobre la mesa de negociación entre los gobiernos español y catalán para que después todo haya quedado en un bueno, encantado, a ver si nos vemos más veces y sin que pase tanto tiempo.

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