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Teatro en la Generalitat: unos días malo, otros días peor
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Josep Martí Blanch

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Teatro en la Generalitat: unos días malo, otros días peor

Turull está obligado a hacer equilibrios entre irredentos y pragmáticos dentro de JxCAT. Ese equilibrio le condena a protagonizar sainetes como el de estos días a cuenta de abandonar el Gobierno

Foto: El secretario general de JxCAT, Jordi Turull. (EFE/David Borrat)
El secretario general de JxCAT, Jordi Turull. (EFE/David Borrat)
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El secretario general de JxCAT, Jordi Turull, lleva unos días insistiendo machaconamente en la posibilidad de que su partido abandone el Gobierno de la Generalitat en el corto plazo. “Así no podemos seguir”, comentó hace unos días al dar a conocer la 'auditoría' que su formación ha elaborado para examinar el compromiso real con la independencia del presidente Aragonès y que, a ojos del examinador juntero, ha merecido la nota de suspenso. Desde entonces, de nuevo, el pasado domingo, Turull reitera por activa y por pasiva a quien quiera escucharlo que su amenaza de plantón no puede tomarse a broma y que existen dos posibilidades: o bien ERC rectifica o JxCAT se va a la oposición. Para dar más credibilidad a su envite, desde el entorno de Turull se acentúa además que no solo son los fieles de la presidenta del partido, Laura Borràs, los que quieren salirse de inmediato del Ejecutivo de coalición, sino que el malestar en JxCAT es generalizado.

La consulta a la militancia de JxCAT sobre el particular se realizará, en todo caso, después del debate de política general en el Parlamento de Cataluña. Pero si el órdago de Jordi Turull debiese tomarse en serio de verdad, los consejeros y el resto de los cargos —institucionales o del entramado parapúblico— de JxCAT ya pueden empezar a empaquetar sus enseres personales y actualizando sus currículos, porque ERC no va a modificar su estrategia, más bien lo contrario, y eso ya lo saben. Pero aun así, no hay constancia de ningún pedido de cajas de cartón para embalar marcos de fotografías, libros y recuerdos de actos oficiales por parte de ningún consejero juntero.

Foto: La expresidenta del Parlament Laura Borràs. (EFE/Marta Pérez)

Imaginar un cambio de rumbo en ERC es ahora una ensoñación. Aragonès no irá a la manifestación de la Diada precisamente porque los convocantes —la Asamblea Nacional Catalana— han hecho un llamamiento a boicotear la negociación con el PSOE, columna vertebral de la estrategia de Pere Aragonès y de los republicanos. Pero hay más. De cara al debate de política general catalán, Aragonès ya ha anunciado que hará una propuesta política que irá más allá de los independentistas y eso, en clave identitaria, no quiere decir otra cosa que regresar formalmente al escenario previo al referéndum del 1-O e incluso anterior a la consulta de 2014 organizada por Artur Mas. Aragonès ha enterrado el legado de Carles Puigdemont y, desde la izquierda, se ha instalado y ahí seguirá —con más paciencia, se supone— en el masismo más primigenio. Incluso ha manifestado que, en el caso de que Alberto Núñez Feijóo llegue a la Moncloa, él seguirá aferrado a la estrategia de dialogar. Si JxCAT espera un cambio de rumbo de ERC para seguir en el Gobierno, puede buscarse un sillón que le resulte lo más cómodo posible para una espera sin fin.

Pasa que por muchos esfuerzos que haga JxCAT por hacerse el duro con ERC, la mayoría de los cuadros y dirigentes no quieren salirse del Ejecutivo. No ahora. Los candidatos municipales, porque no quieren más problemas antes de los comicios, los consejeros, porque saliendo del Gobierno se convierten en seres invisibles políticamente y algunos de ellos andan de deseosos de muscularse ante la opinión pública para poder ejercer de cabeza de cartel en las próximas autonómicas. Y los segundos y terceros niveles, simplemente porque el mercado de trabajo privado es desde hace tiempo un hueso duro de roer para la mayoría de políticos que salen de un Gobierno autonómico pretendiendo mantener su poder adquisitivo. Otra cosa es la militancia de base, la que no se juega nada, ni tan siquiera a nivel municipal, proclive al experimento y al corte de mangas. Pero en el congreso que repartió cargos —y en el que Jordi Turull salió reforzado frente a Laura Borràs—, ya se vio que el militante de a pie no anda muy movilizado y que, llegado el caso, Jordi Turull tiene cierta capacidad para adormecerlo, si así le conviene.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès (d) junto al vicepresidente y conseller de Políticas Digitales y Territorio, Jordi Puigneró (i), este martes. (EFE/Marta Pérez)

En todo caso, pretender presentar al moderado Xavier Trias como candidato a alcalde en Barcelona y al mismo tiempo marcharse del Gobierno de la Generalitat porque Pere Aragonès no es suficientemente independentista es una contradicción en términos que da muestras del embotamiento estratégico de la formación. No tiene lógica alguna. Turull, que es listo, lo sabe. Solo que está obligado a hacer equilibrios entre irredentos y pragmáticos dentro de JxCAT. Ese equilibrio le condena a protagonizar sainetes como el de estos días a cuenta de abandonar el Gobierno y asumir el riesgo de que su militancia dictamine en la consulta lo que él, en realidad, no quiere que suceda.

Lo que sí tiene lógica política es ir preparando el terreno para que el Gobierno de la Generalitat salte por los aires cuando no resulte tan inconveniente que eso acontezca. Y en eso están. Al ultimátum de un mes le seguirá otro que prorrogará la vida de la coalición hasta que llegue el momento idóneo. Las advertencias de gran incomodidad y los simulacros de punto final a la vista ayudan a crear el ambiente para el chupinazo serio, que no se encenderá hasta que se haya rebasado el ecuador de la legislatura, tras las municipales y los pactos posteriores en pueblos y ciudades, que serán, como siempre, una merienda de negros. Hasta entonces, teatro. Unos días malo, otros días peor.

El secretario general de JxCAT, Jordi Turull, lleva unos días insistiendo machaconamente en la posibilidad de que su partido abandone el Gobierno de la Generalitat en el corto plazo. “Así no podemos seguir”, comentó hace unos días al dar a conocer la 'auditoría' que su formación ha elaborado para examinar el compromiso real con la independencia del presidente Aragonès y que, a ojos del examinador juntero, ha merecido la nota de suspenso. Desde entonces, de nuevo, el pasado domingo, Turull reitera por activa y por pasiva a quien quiera escucharlo que su amenaza de plantón no puede tomarse a broma y que existen dos posibilidades: o bien ERC rectifica o JxCAT se va a la oposición. Para dar más credibilidad a su envite, desde el entorno de Turull se acentúa además que no solo son los fieles de la presidenta del partido, Laura Borràs, los que quieren salirse de inmediato del Ejecutivo de coalición, sino que el malestar en JxCAT es generalizado.

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