Triunfalismo es poco. Sánchez no sólo es responsable de todo lo bueno que pueda suceder en España. Ayer también nos dijo que aunque no podamos advertirlo, porque se trata de cosas que no han acaecido, es gracias a él que en España no se suceden las desgracias. El presidente ha dado el paso al encumbramiento definitivo: es ya un superhéroe.
Lo que va bien es mérito suyo. Y lo que va mal iría peor con otros, porque cualquier otro Gobierno sería un imán para todo tipo de desgracias que convertirían el suelo patrio en un solar si él, faro de occidente como demostró en Marruecos el pasado fin de semana, no siguiera empeñado en evitarlo con su abnegado sacrificio.
Así que ya sabe, si usted ejerce de anfitrión esta noche y la cena de Navidad resulta estupendísima, no se lo agradezca a los comerciantes que le han vendido el género o al buen humor de los invitados. Tampoco caiga en la tentación de felicitarse a sí mismo por sus dotes culinarias. Escriba una carta a la Moncloa y dele las gracias al presidente del Gobierno. Suyo será sin duda el mérito.
Al presidente le chifla el periodismo, ya sea para condenarlo en la hoguera o para utilizarlo como espejo a quien preguntar, como hacía la madrastra del cuento,¿quién es la más guapa?: ¡Tú, presidente!.
Sánchez hace balance del año
Ayer, de nuevo el papel de espejito fue de nuevo para la portada de The Economist que recién ha concedido el título mediático a España de economía avanzada con mayor crecimiento. La turra con el semanario de marras es ya espectacular. Pero vaya con tino el presidente con esta borrachera de autoestima a cuenta de una portada. Ya explicamos aquí el pasado viernes los motivos por los cuales no hay coincidencia entre el crecimiento macroeconómico y la realidad de muchos ciudadanos.
Dejando de lado The Economist, ese nuevo Dios al que adorar, Sánchez volvió ayer a insistir de nuevo en que gobernará hasta 2027. Cuando es el propio presidente el que una y otra vez, sea en broma, sea en serio, insiste de modo recurrente en que agotará su mandato, es señal de que ese gobernante está permanentemente recalibrando todas las opciones.
Llegaron también con la comparecencia los mimitos explícitos a Carles Puigdemont. Los exigió el líder de Junts para antes de Nochevieja y ya están aquí. Sánchez le prometió ayer una reunión, también a Oriol Junqueras, que deberá ser en Bélgica y que tendría que servir, ya veremos si es así, para desengrasar la tramitación de los primeros presupuestos de esta legislatura.
La fotografía, el reconocimiento de Carles Puigdemont -no de Junts- como el socio homologable y querido que hace posible la legislatura -y no un novio del que uno se avergüenza ante la familia- debería servir para poner vaselina a la relación entre socialistas y junteros, resanando el mínimo de confianza para seguir adelante con la legislatura.
Pero Sánchez, que de tonto no tiene un pelo, ya sabe a estas alturas que lo más parecido a él, en lo que a resiliencia, aguante y jugadas impredecibles se refiere, es Puigdemont.
Sánchez confirma su intención de reunirse con Puigdemont sin esperar a la amnistía judicial
Así que no bastarán las buenas palabras y las sonrisas Profident. Son imprescindibles pero no suficientes. Hay que llevar a Bélgica oro, mirra e incienso.
No porque Junts vaya a tumbar a Sánchez, posibilidad que el propio presidente del Gobierno quiso ayer convertir en un escenario legítimo y posible de la mano del PP y Vox, pero sí para que tener una legislatura mínimamente aceptable en la que puedan salir adelante al menos unos presupuestos.
Por lo demás, con foto o sin ella, Junts no va a permitir que se le encuadre en el bloque progresista. Esa es una decisión estratégica ya tomada desde hace tiempo. Y sí, lleva razón Sánchez cuando afirma que el PP se está beneficiando ya de la amnistía. Algunas votaciones en el Congreso que favorecen a los populares sólo son posibles con Junts dentro del terreno de juego y eso, no hay duda posible al respecto, ha sido posible gracias a la ley de amnistía.
Sobre el cerrado apoyo al fiscal general del Estado, el guion de la comparecencia del presidente fue de lo más previsible: confianza ciega. El borrado de mensajes de todas las aplicaciones de mensajería de un teléfono móvil es para el presidente, contra todo sentido común, lo más normal del mundo. Pero como dijo de forma general sobre las cuestiones referidas a la Justicia y que afectan a su entorno personal o político: “El tiempo pondrá las cosas en su sitio”. Una frase que, como todas las que puede firmar cualquiera, resulta básicamente cierta. El tiempo y las pruebas ponen a todo el mundo en su sitio. Solo que a estas alturas, es imposible predecir cuál va a ser ese lugar.
Por lo demás, todo estupendísimo. Nadie espera de una comparecencia para hacer balance de gobierno que quien lo preside se ponga la soga al cuello y empiece a listar las debilidades, fracasos y amenazas que minan a diario su mandato.
La agenda judicial, un listado de promesas a los socios independentistas que no van a poder cumplirse y la imposibilidad de mantener cohesionado al bloque de investidura, las más preocupantes. Pero, ¡eh!, el presidente jura que esto llegará hasta 2027. Un consejo ahora que es tiempo de planificar inversiones: apuesten en contra de esa afirmación ahora que todavía hay mucha gente creyendo que eso va a resultar cierto. Van a ganarse un dinerito.
Triunfalismo es poco. Sánchez no sólo es responsable de todo lo bueno que pueda suceder en España. Ayer también nos dijo que aunque no podamos advertirlo, porque se trata de cosas que no han acaecido, es gracias a él que en España no se suceden las desgracias. El presidente ha dado el paso al encumbramiento definitivo: es ya un superhéroe.