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Elon Musk es el nuevo supervillano que tiene la culpa de todo
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Josep Martí Blanch

Pesca de arrastre

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Elon Musk es el nuevo supervillano que tiene la culpa de todo

Los Reyes Magos han sido derechistas: Trudeau dimite, la ultraderecha gobernará Austria y el Congreso estadounidense certifica la victoria de Trump

Foto: Elon Musk. (Reuters/Lukasz Glowala)
Elon Musk. (Reuters/Lukasz Glowala)
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Han sido unos Reyes Magos con carga simbólica en el plano internacional. El mismo día que el Congreso norteamericano certificaba como exige su normativa electoral la victoria de Donald Trump en los comicios del pasado 5 de noviembre, el icono pop del liberalismo izquierdista, Justin Trudeau, anunciaba su dimisión a plazos como primer ministro del Canadá. De añadido, el presidente austríaco, Alexander van der Bellen, encargaba a la extrema derecha la labor de formar y liderar gobierno en el país centroeuropeo. Un roscón de reyes completito para ejemplificar que en el mercado de valores políticos siguen al alza los títulos conservadores y ultraconservadores.

Sobre las múltiples causas para explicarlo podrían llenarse a estas alturas varias bibliotecas de Alejandría con libros y estudios. Pero desde la victoria de Donald Trump, tal y como ya ocurrió con su primer triunfo en 2016 o con el referéndum del Brexit ese mismo año, se advierte una tendencia creciente a la simplificación de los motivos que siguen empujando al alza a las nuevas derechas, derechas alternativas o extremas derechas (elegir al gusto la denominación).

Hace ocho años el comodín simplificador para ahorrarnos complejidades a la hora de explicarnos la llegada de Trump a la Casa Blanca por primera vez fue Steve Bannon. Ahora el turno es para Elon Musk, el nuevo villano de la galaxia. Entonces y ahora el punto de llegada que se pretende es el mismo: ante lo que desagrada o resulta inexplicable hay que encontrar una explicación rápida, sencilla y total que permita aliviar conciencias lo más rápido posible. Ahora esa explicación se llama Elon Musk. Y resulta igual de útil para iluminar el teatro político estadounidense como el de cualquier otro país occidental.

Ayer el presidente francés acusó a Musk de lideraruna nueva internacional de reaccionarios” y de interferir en las elecciones de terceros países, con la vista puesta en Alemania. En paralelo, el premier británico, Keir Starmer, señalaba también a Musk como responsable de “extender mentiras y desinformación”, en referencia a las acusaciones que el magnate trumpista ha vertido estos últimos días sobre el líder laborista británico, acusándolo de ser permisivo con una red de pedofilia cuando estaba al frente del servicio de fiscalía de la Corona.

Foto: economia-musk-europa-trump-proteccionismo

Naturalmente no cabe aquí blanquear al ególatra Musk. Tampoco negar la utilización de X desde que él es su propietario para hacer proselitismo del credo político que ha abrazado el multimillonario y que es fácil de advertir para cualquier usuario común. Menos aún indultarle la ignorancia supina que demuestra cuando opina sin el mínimo conocimiento de aquello que sucede en terceros países.

Que Musk ha venido a empeorar la calidad del debate político es una verdad incuestionable. Que lo hace utilizando de forma chapucera medias verdades, cuando no falsedades, también. Nada nuevo bajo el sol de la política de cualquier signo, añadiríamos, si no fuera porque es el dueño de X y uno de los hombres más ricos del planeta.

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Pero los problemas de Macron en Francia no son culpa de Elon Musk. Tampoco es el responsable del derrumbe de la confianza de los británicos en su primer ministro en un tiempo récord. X no va a decidir las elecciones alemanas, como no lo hizo tampoco con las estadounidenses, las austríacas, las italianas o las de cualquier otro país.

Es una red social con influencia (ni de lejos la más importante), pero ni es la única ni su contenido es uniforme políticamente. Así que apuntalar la idea de que todo lo que ha sucedido y vaya a suceder es culpa/mérito de Elon Musk empequeñece y empobrece el análisis. Es tomar una parte, ni de lejos la más decisiva, por el todo.

En el mismo discurso en el que señaló a Musk, Macron proclamó que hay que construir una agenda de defensa de la democracia y que las democracias liberales no habían sabido defender en los últimos tiempos los intereses de la clase media. Sobre lo primero, habrá que estar atentos en el corto plazo a las tentaciones cada vez más recurrentes de poner límites a la libertad de expresión en nombre de la democracia. Sobre lo segundo, todos los indicadores le dan la razón al presidente francés. Sólo que no se observa voluntad de enmienda alguna para rectificar ese sangrado y debilitamiento sin fin de las clases medias a las que permanentemente se apela. Frente a este problema, Musk no pasa de problemilla.

Han sido unos Reyes Magos con carga simbólica en el plano internacional. El mismo día que el Congreso norteamericano certificaba como exige su normativa electoral la victoria de Donald Trump en los comicios del pasado 5 de noviembre, el icono pop del liberalismo izquierdista, Justin Trudeau, anunciaba su dimisión a plazos como primer ministro del Canadá. De añadido, el presidente austríaco, Alexander van der Bellen, encargaba a la extrema derecha la labor de formar y liderar gobierno en el país centroeuropeo. Un roscón de reyes completito para ejemplificar que en el mercado de valores políticos siguen al alza los títulos conservadores y ultraconservadores.

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