La propuesta de un frente popular periférico y plurinacional del jefe de filas republicano en Madrid centra el fin de curso político de ERC. En Junts más de lo mismo: asfixiar a Sánchez sin ahogarlo con el ojo puesto en Aliança Catalana
Oriol Junqueras y Gabriel Rufian. (EFE/Archivo/JJ Guillén)
Fin de curso político para todos. También para Junts y ERC, las muletas catalanas de PedroSánchez en el Congreso, aunque la primera sea más corta que la segunda. De ahí la permanente cojera del PSOE en el Congreso.
Los junteros echaron el cierre con el acto del pasado domingo en Prats de Molló, a cinco kilómetros de la frontera española, que sirvió para conmemorar el quinto aniversario de la formación y para que Carles Puigdemont lanzase por enésima vez la misma advertencia de siempre a los socialistas: los votos de Junts no se pueden dar por sentados. Al menos, en esta ocasión el mensaje no fue la ya gastada y aburrida expresión de que el Gobierno de Sánchez está en prórroga. De hacer caso a los junteros, a estas alturas resultaría que el tiempo extra es más extenso que el partido entero.
Nada nuevo. Con o sin Cerdán, nada diferente a lo de hace un año o hace dos. El PSOE ha de notar la falta de oxígeno pero sin correr el riesgo de fallecer por ahogamiento. Como últimos ejemplos, los de Puigdemont acreditan el haber tumbado el "decreto antiapagón" la semana pasada en el Congreso o el aplazamiento como mínimo hasta septiembre de la reforma laboral que propugna Yolanda Díaz. La prueba de fuego serán los presupuestos que Pedro Sánchez se ha comprometidoa presentar en el Congreso.
Que el vivir de Sánchez sea un malvivir. Es la consigna con la Junts inauguró la legislatura y así será hasta que finalice. Al margen de los mensajes dirigidos al PSOE, el fin de curso juntero sirvió también para pellizcar a la competencia doméstica. Para ERC el recadito de Puigdemont fue que "salen negociados de casa", refiriéndose a la docilidad con la que enfocan las negociaciones con el PSOE los de Oriol Junqueras. También hubo estopa para Aliança Catalana, la china en el zapato con la que caminan los junteros en su intento de recuperar una posición de centralidad en el tablero político catalán. No hay manera de taponar la tendencia ascendente de la ultraderecha independentista que se nutre, al menos por ahora y según las encuestas, particularmente de Junts.
El ánimo en Junts es alicaído. No se adivina un escenario futuro del que puedan salir bien parados. El empuje de Aliança Catalana, el mantenerse amarrados al PSOE en circunstancias cada vez más difíciles de justificar, la convicción de que la aritmética parlamentaria no volverá a ser tan generosa con los de Puigdemont una vez se celebren las futuras elecciones y la seguridad de que en Cataluña funcionará el voto útil para mantener al PSOE en el Gobierno cuando se vaya a votar, son malas cartas para Junts. El deseo es que nada se mueva demasiado rápido.
Más divertido, por novedoso, ha sido el fin de curso de ERC, con Rufián animando el cotarro con la creación de un frente de izquierdas plurinacional periférico de cara a las futuras elecciones generales con el objetivo de ayudar al PSOE a mantenerse en el Gobierno. El razonamiento de Rufián es que a la izquierda del PSOE no hay nada -nadie cree ya en Yolanda Díaz- y que un proyecto conjunto en el que participaran nacionalistas de izquierdas e izquierdistas a secas abriría una mínima posibilidad de impedir un Gobierno del PP con la participación o no de Vox.
Junqueras ha negado esta posibilidad por activa y por pasiva. Pero como Rufián ha insistido a través de las redes, el territorio en el que señorea, el inicio de vacaciones en ERC ha quedado marcado por este debate más que por las dificultades del acuerdo de financiación singular entre el gobierno y la Generalitat que exigió Junqueras para investir a Illa. El líder republicano culpa a María Jesús Montero de bajas expectativas republicanas en torno a la nueva financiación. Pero a diferencia de Junts, que mantiene de cara a su electorado una tensión creíble con el PSOE, la relación de los republicanos con los socialistas se asemeja muy mucho al poema de Benedetti "Hagamos un trato": Compañera, usted sabe que puede contar conmigo. No hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo.
Una supuesta docilidad para con el PSOE que está generando fuertes críticas internasen ERC. En la rueda de prensa de ayer, continuación de una entrevista concedida domingo, Oriol Junqueras abrió la puerta a que la candidatura de los republicanos para cuando se convoquen las elecciones generales deba decidirse a través de una consulta en forma de primarias a la militancia.
Algo que no sucedió la última vez, cuando Gabriel Rufián fue ungido directamente por su padrino político sin contestación. Cierto que ayer, Junqueras defendió primero de nuevo a su hombre en Madrid, pero lo cierto es que en ERC se da por seguro que llegado el momento habrá alternativas a Rufián para ser el cabeza de cartel en unas generales.
Y tal como se están poniendo las cosas en la casa de Junqueras, con un Rufián más aplaudido fuera que dentro del partido en el que milita y con la convicción compartida por muchos militantes y cuadros de que el partido está demasiado apaisanado en su relación con los socialistas, no está claro lo que sucedería en unas primarias. Incluso en el supuesto de que Rufián siguiera contando con el apoyo de Junqueras.
En ERC no se entiende el empecinamiento de Rufián en su idea, que con independencia de la buena o mala acogida que tuviera en el resto de España, costaría horrores vender al público soberanista de Cataluña, el lugar en el que a fin de cuentas ERC se juega los cuartos.
Tanto es así, que no son pocos los que en su propio partido consideran que la maniobra rufianesca ha de obedecer por fuerza a una de las dos hipótesis que siguen: una maniobra de Moncloa a la que Rufián ha decidido jugar a espaldas de la dirección de su partido (la creación del espacio que debería sustituir a Sumar como escudero de un futuro Gobierno socialista) o bien que el actual jefe de filas de ERC en Madrid tiene en su mente proyectos de futuro que no pasan forzosamente por seguir jugando en el equipo que le ha visto crecer como político.
Fin de curso político para todos. También para Junts y ERC, las muletas catalanas de PedroSánchez en el Congreso, aunque la primera sea más corta que la segunda. De ahí la permanente cojera del PSOE en el Congreso.