En tiempos de polarización extrema hay gente trabajando para alumbrar una nueva formación política que atraiga votantes desencantados del PSOE, PP y la abstención
Miriam González Durántez, en el Foro 'Ideas con Valor' de El Confidencial. (EC)
Agenda reformista para resanar las instituciones españolas y alejarlas de la tentación partidista de colonizarlas en beneficio propio. Dejar de considerar el Gobierno un botín de uso privativo del que se disfruta ganando las elecciones. Un programa liberal, humanista, europeísta y con aroma socialdemócrata en los asuntos en los que el mercado ha gripado el motor, como sería el caso de la vivienda. Propuestas realistas a la par que severas en cuestiones como la inmigración. Apuesta por el mérito en el acceso a los puestos de responsabilidad desde los que se gestiona y decide lo público.
El párrafo anterior es un resumen ejecutivo de la carta a los Reyes Magos de la nueva propuesta política que se está intentando cocinar -hasta la fecha bajo el radar- en España. Sus promotores parten de un análisis fácilmente entendible para el gran público: PP y PSOE forman parte del problema, no de la solución. Ambos partidos, continúa el argumentario, comparten incentivos para negarse o bloquear reformas ambiciosas que aseguren la independencia de aquellas instituciones que deben serlo para el buen funcionamiento de España y su democracia.
Este egoísta inmovilismo, razonan los que desean el nacimiento de este nuevo partido, favorece la corrupción sistémica. Y de ahí el hartazgo y cansancio de parte del electorado, que siente la necesidad de agitar el árbol con su voto. Por eso crecen las propuestas radical populistas. Pero también, y ahí es donde quieren llegar los promotores de este proyecto político, podría darse el caso que esta exigencia disruptiva de muchos ciudadanos se decantase por una oferta netamente reformista y liberal si existiera esa posibilidad.
El proyecto lo lidera, junto a otros colaboradores, Miriam González Durántez, abogada, fundadora de la organización España Mejor y conocida de sobra por el lector de este periódico en el que firma regularmente artículos de opinión y análisis. González Durántez ha mantenido reuniones por toda la geografía española para sumar complicidades y también para medir hasta qué punto la temperatura ambiental posibilitaría la germinación exitosa de un nuevo partido político en España. Pronto se pondrá en marcha una fundación que ha de servir de paraguas al futuro partido -si llega a crearse- y para solventar una cuestión tan principal como es la financiación que necesita una idea de esta envergadura para hacerse corpórea y pasar de las musas al teatro.
Quienes trabajan en el proyecto son conscientes de que si el calendario electoral se precipita no tienen prácticamente tiempo material de concurrir en los próximos comicios. Así que su horizonte de trabajo es llegar con los deberes hechos a 2027, fecha en la que iremos a votar si la legislatura resiste. En el caso de avance electoral su hoja de ruta pasaría por armar igualmente el nuevo partido y seguir trabajando en él mientras tanto desde fuera de las instituciones representativas.
¿Y de dónde provendrían sus votantes? Del PP, del PSOE y de la abstención, según sus previsiones. El antecedente en el que fijar la mirada sería Cs, un partido que tuvo la oportunidad de convertirse en la bisagra reformista de la política española pero que acabó echando por la borda todo su patrimonio político. Primero en la partida española, cuando se traicionó a sí mismo y a sus votantes renegando del valor de uso que tenía asignado. Y posteriormente en Catalunya, su lugar de nacimiento, cuando finalizada la fase más dura del proceso independentista fue incapaz de fijar una nueva orientación política.
Sabido es que el papel lo aguanta todo. Pero ¿existe el espacio para un proyecto político de estas características?
Complicado. El primer argumento para cuestionar su viabilidad es el signo de los tiempos, que viene marcado por la polarización extrema. ¿Sirves para echar a Sánchez o para mantenerlo? ¿Eres útil para llevar al PP a la Moncloa o para evitarlo? ¿Hay en estos momentos en España suficientes votos que apuesten por un posicionamiento neutro sobre esta cuestión? La verdad es que cuesta imaginar un movimiento de ebullición emocional al abrigo de la racionalidad que pueda convertirse en los votos necesarios. El ambiente, para entendernos, está más para Vox que para una oferta de signo reformista explicada apelando a la razón.
El segundo aspecto que hay que considerar es el de los apoyos y complicidades de postín que pueda labrarse una apuesta como esta. La mitología dice que Podemos o Ciudadanos fueron un proyecto construido de abajo hacia arriba y que si ha pasado, puede volver a pasar. Esto tiene, ciertamente, una parte de verdad. Pero no es menos cierto que ambas formaciones tuvieron, por diferentes motivos, apoyos mediáticos muy relevantes y una cuota de televisión -todavía hoy el gran medio- muy importante y claramente por encima de lo que merecían cuando todavía no se habían hecho mayores. ¿En estos momentos se dan las condiciones y, más importante todavía, existen los intereses cruzados para que se garantice apoyo mediático convencional -al margen de las redes que dependen únicamente del dinero y la creatividad de uno mismo- a una operación de estas características?
Hay también un riesgo asociado a la percepción con la que puede ser recibida la operación. Dado que el PSOE de Pedro Sánchez está muy escorado a la izquierda y el centro ha dejado de ser su preocupación, la iniciativa puede percibirse en el mapa partidista actual como un inoportuno intento de dañar los intereses y expectativas del PP, que es quien está haciendo esfuerzos para reforzar su perfil más centrista y reformista.
Siguiendo este hilo, la narrativa que podría acompañar al nuevo alumbramiento sería la de un artefacto llegado para obligar al PP a defenderse por la derecha -de Vox- y también por el centro -del nuevo partido-. Un invento para ponerle las cosas más difíciles a Feijóo, incrementando las posibilidades de que el PSOE se mantuviese en la Moncloa. La política se basa no en la realidad, sino en la percepción de realidad. Y a decir verdad que esta interpretación sería bastante fácil de construir por parte de quienes no deseen más compañía en el tablero de juego.
No son buenos tiempos para la lírica, aunque esta sea ciertamente más necesaria que nunca. En los próximos meses saldremos de dudas sobre la viabilidad o inviabilidad de la criatura que se está gestando. El embarazo se desarrolla sin ruido. Ya veremos cuántas acaban siendo las nueces.
Agenda reformista para resanar las instituciones españolas y alejarlas de la tentación partidista de colonizarlas en beneficio propio. Dejar de considerar el Gobierno un botín de uso privativo del que se disfruta ganando las elecciones. Un programa liberal, humanista, europeísta y con aroma socialdemócrata en los asuntos en los que el mercado ha gripado el motor, como sería el caso de la vivienda. Propuestas realistas a la par que severas en cuestiones como la inmigración. Apuesta por el mérito en el acceso a los puestos de responsabilidad desde los que se gestiona y decide lo público.