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El clima es ya una guerra de religión y por eso será imposible un pacto de estado
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Josep Martí Blanch

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El clima es ya una guerra de religión y por eso será imposible un pacto de estado

La propuesta de Pedro Sánchez es pura táctica presentista. Pero ni aun siendo serio, sería posible abordarlo con éxito. El consenso climático está despedazándose a marchas forzadas

Foto: Pedro Sánchez junto al ministro del interior, Fernando Grande-Marlaska, este domingo en Villablino (León). (Moncloa)
Pedro Sánchez junto al ministro del interior, Fernando Grande-Marlaska, este domingo en Villablino (León). (Moncloa)
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Un gobierno que no aprueba presupuestos desde hace tres años no está en condiciones de proponer pactos de estado creíbles. Un ejecutivo que pone fin al curso parlamentario con severos rapapolvos en el Congreso no dispone de fuerza alguna para negociar acuerdos de envergadura que requieran de la participación de la oposición. Quien apenas cuenta con el apoyo de los suyos, no puede liderar cambios sustanciales en las políticas públicas de largo alcance. Este argumento, de lo más básico, basta para enterrar la propuesta de pacto de estado para la mitigación de los efectos del cambio climático que Pedro Sánchez improvisó el pasado fin de semana.

Con lo anterior es suficiente para dar por sentado que ese acuerdo no va a producirse. Pero hay más. Añadamos que el presidente del gobierno ha ejecutado un simple movimiento táctico fruto de la necesidad de improvisar algún tipo de mensaje ante las cámaras. ¿El objetivo? Hacer creíble la idea de que en la desgracia mantiene la iniciativa y es capaz de desplegarla con diligencia cuando las circunstancias así lo exigen. Es esta una carta de uso común por parte de todos los gobiernos. Sencilla de ejecutar y con buenos resultados en muchas ocasiones. Adopta diferentes formas: el anuncio de una nueva ley, la puesta en marcha de un programa específico o, como en el caso que nos ocupa, una propuesta de pacto de estado. El común denominador siempre es la improvisación y la necesidad de decir alguna cosa con aires de solemnidad para aparentar que se sabe cómo hacer frente al problema. No en el presente, pero sí en el futuro. A fin de cuentas, la política se basa siempre en el renacimiento de la esperanza.

La oferta de un pacto de estado permite rehuir responsabilidades o centrifugarlas, al tiempo que promete una solución futura y definitiva al problema que lo ha motivado, en este caso los incendios. Pero cuando se pone encima de la mesa sin un solo trabajo previo, sin un análisis de la legislación con la que ya se cuenta, tampoco con una evaluación de los recursos ya disponibles o de su mengua -y los motivos- si ha sido el caso, o sin auditar el grado de coordinación y corresponsabilidad entre administraciones, suena a ópera bufa.

El pacto de estado ofertado por Pedro Sánchez parte de la nada, del vacío. Detrás no hay más que marketing político al uso. Nada, absolutamente nada. Si acaso un par de frases certeras que puedan colocarse en los informativos. Eso es lo que exige plantarse en un atril y ofrecer un pacto de estado cuando ese ofrecimiento es un mero acto de distracción política. Cuando así sucede, el objetivo del pacto de estado es únicamente su anuncio, no su concreción y menos todavía que llegue a alcanzarse. Pura táctica. Habrá cumplido con su objetivo si permite centrar la conversación y el debate político en su aceptación o no por parte de la oposición. No busca nada más. Un comodín gubernamental usado en la partida de la politiquería mientras la sierra y los montes continúan ardiendo. Huelga decir que no hay inocentes jugando en este tapete. Tampoco la oposición, gobierno en las regiones que se están quemando, está a la altura que las circunstancias exigen.

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Como ya sucedió con la DANA, los dos grandes partidos -PSOE y PP- trabajan a destajo contra sus propios intereses y a favor de otras opciones políticas como VOX. Mientras los dos primos de Zumosol se atizan y lanzan acusaciones cruzadas de abandono de responsabilidades entre ellos, los de Abascal cabalgan a lomos de un mensaje tan sencillo como efectivo: militarización (el ejército lo arregla todo), centralización (sobran las autonomías) y lucha contra la agenda 2030 (los bosques y montes se queman porque las medidas ambientalistas extremas de los últimos años favorecen los incendios).

Del otro lado no se escucha nada que resulte mínimamente pedagógico sobre los incendios. Sólo cizaña o trampas. Ya sea el susodicho pacto de estado con el que Pedro Sánchez ha cebado su anzuelo, ya sean las acusaciones no justificadas al gobierno por parte de los populares por no movilizar recursos y prestar suficiente ayuda en las tareas de extinción.

Foto: psoe-pp-guerra-cifras-competencias-incendios

Ahora no debería haber más ruido que el de los gritos de coordinación de los bomberos y voluntarios y el de los motores de los vehículos destinados a la extinción. Con los incendios extinguidos debería llegar el momento de determinar responsabilidades. Evaluar cuál ha sido el efecto de la doble prórroga de los presupuestos generales del estado en la lucha contra el fuego, determinar si las CCAA afectadas han actuado de acuerdo con un mínimo sentido de la responsabilidad en la asignación de sus recursos, si con los parajes ardiendo la coordinación entre administraciones fue la correcta, etc.

Ese sería el momento también en el que el gobierno de España, tras una seria evaluación de toda la información disponible, estaría en condiciones de impulsar las modificaciones legislativas que considerase oportunas para mejorar la gestión y prevención de los incendios forestales. Pero para hacer eso, de vuelta al principio, hay que tener la fuerza parlamentaria de la que no dispone el actual ejecutivo. Y también las competencias, que a veces se nos olvida este pequeño detalle.

Llegados a ese escenario de futuro hay que añadir una nueva advertencia. Si la oferta de pacto de estado contra los efectos del cambio climático se plantease de un modo serio y creíble más adelante tampoco resultaría posible. Básicamente porque el cambio climático se ha convertido ya en un ámbito de seria confrontación política. El consenso que acompañaba a esta cuestión hasta hace unos años está roto.

Foto: sanchez-psoe-incendios-autonomico-modelo-1hms Opinión

Como escribió Sigmund Freud en Psicología de las Masas, cuando el vínculo entre las masas deje de ser religioso y sea sustituido por otro, incluido el científico, viviremos una intolerancia similar a la que operó en la era de los conflictos religiosos. Con el cambio climático hemos llegado exactamente a este punto. El abordaje del tema es ya una cuestión de fe, tanto para los negacionistas como para quienes son incapaces de abordar cualquier cuestión sin referir al cambio climático. Así las cosas, el pacto resulta más bien imposible incluso planteándolo seriamente y no, como ha hecho Pedro Sánchez, como un simple anuncio para ganar titulares y dirigir la conversación sobre el fuego.

Un gobierno que no aprueba presupuestos desde hace tres años no está en condiciones de proponer pactos de estado creíbles. Un ejecutivo que pone fin al curso parlamentario con severos rapapolvos en el Congreso no dispone de fuerza alguna para negociar acuerdos de envergadura que requieran de la participación de la oposición. Quien apenas cuenta con el apoyo de los suyos, no puede liderar cambios sustanciales en las políticas públicas de largo alcance. Este argumento, de lo más básico, basta para enterrar la propuesta de pacto de estado para la mitigación de los efectos del cambio climático que Pedro Sánchez improvisó el pasado fin de semana.

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