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Los alemanes hablan claro: recuperan la mili y nos quieren preparados para la guerra
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Josep Martí Blanch

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Los alemanes hablan claro: recuperan la mili y nos quieren preparados para la guerra

España vive como si se tratara de una película de ficción la progresiva militarización social del este y norte europeo

Foto: Ejercicio militar de la OTAN en el campo de adiestramiento de la Sierra del Retín, en Barbate (Cádiz). (EFE/A. Carrasco Ragel)
Ejercicio militar de la OTAN en el campo de adiestramiento de la Sierra del Retín, en Barbate (Cádiz). (EFE/A. Carrasco Ragel)
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El Gobierno alemán ha aprobado un proyecto de ley que contempla la reintroducción -en caso de necesidad- del servicio militar obligatorio. La leva forzada sólo se llevará a cabo en el caso de que resulten baldíos los incentivos que pretenden garantizar que la ampliación que se persigue del número de efectivos de su ejército se consiga por la vía del alistamiento voluntario.

Pero con leva obligatoria o sin ella, a lo que sí vendrán obligados todos los jóvenes varones alemanes es a cumplimentar un cuestionario cuando lleguen a los dieciocho años y a pasar una revisión médica cuyos resultados serán entregados al gobierno. Las autoridades quieren disponer de una radiografía completa del número de soldados potenciales con los que contaría la nación alemana si llegase a ser necesaria una movilización.

Estas obligaciones no afectarán a las mujeres. Ellas podrán alistarse voluntariamente, pero por ahora escapan a la posibilidad de ser reclutadas a la fuerza y también de la obligación de rellenar el cuestionario y someterse a una revisión médica con la mayoría de edad. No se han oído, por ahora, voces contrarias a esta discriminación por cuestión de género.

La propuesta ha de recibir el visto bueno del Parlamento alemán. Pero goza del favor de la opinión pública del país, sobre todo entre los votantes de la derecha y la ultraderecha. Los socialistas están divididos y los únicos ferozmente contrarios son los de la formación Die Linke. El apoyo social no está exento de paradojas. La primera: los jóvenes, los más afectados, están en contra. La segunda: no llega a un tercio de la población la que, llegado el caso, estaría dispuesta a empuñar las armas para defender a su país.

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La primera potencia europea se suma a los letones, croatas y daneses (extensión a mujeres) que han aprobado medidas de reintroducción o ampliación del servicio militar recientemente. Otros, como los noruegos, los suecos o los lituanos lo hicieron con anterioridad. Y algunos, caso de los rumanos, están considerando la cuestión, aunque el debate se encuentra en fase inicial. En el este y norte europeo la amenaza rusa es creíble y cercana. Y actúan en consecuencia.

Ha querido la casualidad que el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, y su homóloga española, Margarita Robles, ambos socialdemócratas, coincidieran ayer en una rueda de prensa conjunta en Berlín. Son la noche y el día, a pesar de compartir militancia socialista.

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Robles cortó de raíz el debate sobre un hipotético regreso del servicio militar en España y se manejó en la prudencia a la hora de referirse al escenario europeo. A su lado, Pistorius insistía en la idea de que los europeos deben hacerse a la idea de que la guerra es posible y que hay que estar preparados para esa contingencia. Mensaje coherente, el del alemán, con la idea también repetida por él insistentemente en múltiples foros sobre la necesidad de que Alemania cuente con el mayor ejército europeo para ser una potencia temida y con capacidad de disuasión. No parece que vayan de farol. Los alemanes se han quitado el cinturón de castidad de la deuda para asegurar el gasto en defensa al mismo tiempo que su canciller, Friedrich Merz, ha anunciado la necesidad de reformas estructurales de ahorro para mantener en pie el estado del bienestar.

Ayer fue también el día en el que un informe de la OTAN certificaba que el gasto en defensa español alcanzará este año el 2% del PIB, cumpliendo con once años de retraso el compromiso alcanzado en 2014. Un compromiso que desde el pasado mes de junio se sitúa entre los países de la OTAN en el 5% para 2035. Aunque Pedro Sánchez haya insistido en que este porcentaje no va con nosotros y que con el 2,1% ya será suficiente, la firma del presidente español también figura en el documento que sellaron todos los socios de la alianza.

Más allá de las bondades o perjuicios de las decisiones de cada país sobre todas estas cuestiones -recuperación o no del servicio militar voluntario u obligatorio, manera y mensajes escogidos para dirigirse a la opinión pública, porcentajes de gasto, etc-, lo que salta a la vista a través de una simple comparativa de los discursos de sus responsables políticos -los de ayer, sin ir más lejos, de Pistorius y Robles- es la dificultad de hacer real el salto cualitativo en políticas unitarias de defensa comunitaria que se repite insistentemente en múltiples foros. Un desiderátum incumplible y condenado siempre a su aplazamiento. Realidades distintas, políticas distintas. Y eso sin necesidad de añadir más países a la ecuación.

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Pero las contradicciones son más vistosas en el escenario español. Los primeros de la clase en solemnidad discursiva a la hora de mostrarnos solidarios con Ucrania o de calificar de amenaza para las democracias al zar del Kremlin. También a la hora de señalar que es la hora de Europa, de que la UE debe ser creíble en políticas de defensa y todo cuanto suene bien a los oídos y vaya a favor de corriente. Pero luego, a la hora de meterse en harina, todo acaba en un gran gatillazo.

La contraposición que practica el Gobierno entre bienestar y defensa es el ejemplo más evidente de esta disonancia discursiva. Puesto que si de verdad nos creemos que estamos ante una amenaza vital -esto es lo que se nos dice-, no hay bienestar posible sin defensa. Pueden añadirse más elementos: el poco peso político del Ministerio de Defensa, que ni tan siquiera con la guerra ruso-ucraniana ha ganado influencia, el mantenimiento de una "distancia de seguridad" entre la sociedad y el ejército, sin que se conozcan hasta la fecha planes ambiciosos de proselitismo de las fuerzas armadas, etc.

En el fondo, es como si Sánchez considerase que bastasen las palabras para sofocar las amenazas. O sucede, simplemente, que esas amenazas no se tienen tan por ciertas como se cacarean en este lejano sur europeo, como si la progresiva militarización social del este y el norte europeo no fuese más que una película de ficción.

El Gobierno alemán ha aprobado un proyecto de ley que contempla la reintroducción -en caso de necesidad- del servicio militar obligatorio. La leva forzada sólo se llevará a cabo en el caso de que resulten baldíos los incentivos que pretenden garantizar que la ampliación que se persigue del número de efectivos de su ejército se consiga por la vía del alistamiento voluntario.

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