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¿Por qué Junts se ha cargado el proyecto estrella de Yolanda Díaz?
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Josep Martí Blanch

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¿Por qué Junts se ha cargado el proyecto estrella de Yolanda Díaz?

Amenazar a los junteros con presentarlos como lacayos de la patronal no ha servido. No van a perder votos, pues defienden a una parte importante de su base electoral: pequeños empresarios y autónomos con empleados

Foto: La portavoz de Junts en el Congreso, Miriam Nogueras (i), y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. (Europa Press/Jesús Hellín)
La portavoz de Junts en el Congreso, Miriam Nogueras (i), y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. (Europa Press/Jesús Hellín)
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Yolanda Díaz se ha convertido en el Ícaro de la política española con su ley de reducción de jornada laboral. Tan alto ha querido volar, tan segura estaba de la razón moral de su proyecto, tan contenta imaginando que la Wikipedia le garantizaría en la memoria colectiva una suerte de inmortalidad política, que ha acabado abrasándose en su propia fantasía.

Olvidó la vicepresidenta dos cosas que no debía. La primera, que es ministra de un Gobierno débil que no puede aprobar nada sin el apoyo de todos los socios de investidura. La segunda, que uno de esos socios, Junts, tiene un manual de negociación poco ortodoxo y nada susceptible al chantaje.

Se entiende el enfado de Yolanda Díaz. Su proyecto político y ella están en horas bajas y las 37,5 horas debían servir para vitalizarla y mineralizarla. También esa exagerada necesidad de capitalizar en solitario el rédito político de la reforma le jugó en contra, pues la llevó a sobrevalorar sus cartas y a minusvalorar las de los demás. En particular las de Junts y, con anterioridad, las de las entidades patronales.

Fuentes de la negociación explican que cuando decidió retrasarse la votación del proyecto de ley hasta después del verano, se acordó que ésta se programase para principios de octubre. Tiempo suficiente para acercar las posturas y conseguir vía negociación que la entrada en vigor de la ley exceptuara a las pequeñas y medianas empresas de su inmediata aplicación, previendo un largo periodo de adaptación.

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Pero, según explican los junteros, la negociación no fue tal. En lugar de eso, se les intentó amedrentar, amenazándoles con que las medidas de control horario y sanciones entrarían en vigor vía decreto si no se aprobaba el proyecto de ley.

En el fondo, Sumar negoció desde el convencimiento de que, aunque fuese sobre la campana, Junts no se atrevería a engrosar las filas del PP y Vox en la oposición en un asunto en el que iba a ser fácil cargarles el mochuelo de lesionar los derechos de los trabajadores y ser unos siervos de la patronal. En ese estrangulamiento argumental también participarían, como así ha sido, UGT y CCOO.

Error. Si ya es difícil negociar con Junts entendiéndoles, sin saber cómo piensan es imposible. De tal guisa que el tramo final de la negociación, precipitado además por un calendario más corto del acordado antes de las vacaciones, ya no fue tal. El proyecto de ley había fracasado.

Ha habido errores de cálculo, no sólo políticos, sino también sociales, en la mirada de Yolanda Díaz sobre esta negociación. El primero, por supuesto, es la forma como se han llevado las negociaciones con quien debe darte su visto bueno para que la apruebes. Pero más allá de esto, lo cierto es que la vicepresidenta también ha errado confundiendo deseo con realidad, pues no hay clamor social alguno por las 37,5 semanales. La reivindicación ha nacido de arriba -la política- hacia abajo y no al revés.

Y aún podemos sumar argumentos más relevantes. Por ejemplo, la oposición firme a las 37,5 horas no ha sido un capricho de la gran patronal. Ha sido más bien la pequeña empresa y sus organizaciones de representación (en Catalunya, granero de Junts, Pimec) quienes han dado el callo para convencer a Junts de la inconveniencia de la norma que impulsaba Yolanda Díaz.

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No ha sido en mansiones veraniegas y en yates privados con tripulación uniformada donde se han preparado cifras y argumentarios que cuestionaban la bondad de la reforma en la mejora de la productividad, la creación de trabajo, el aumento salarial en los próximos años y la sostenibilidad de los pequeños negocios. La oposición a la norma viene también de muchos trabajadores, pues eso son también los pequeños empresarios y los autónomos con empleados.

Cuando Yolanda Díaz menosprecia media hora diaria de trabajo demuestra un gran desconocimiento de la verdadera tipología del tejido empresarial del país. Muchos pequeños empresarios y autónomos con empleados, cuando escuchan las exigencias de la vicepresidenta para con sus negocios, se acuerdan del labriego entusiasmado porque su burro estaba aprendiendo a trabajar sin comer, pero que falleció de hambre una vez enseñado.

Junts ha preferido mantenerse al lado de este perfil de electorado, muy común entre sus votantes. A sabiendas también de que el mercado laboral hace mucho que dejó de ser la caricatura que a veces traslada Yolanda Díaz con su oratoria. Un discurso que remite simbólicamente a gordos empresarios con sombrero y puro en la boca y asalariados vestidos con mono precario y viviendo en las colonias fabriles al lado de los ríos.

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Junts sabe que la reforma generaba anticuerpos o indiferencia entre muchos trabajadores. Por ejemplo, entre un gran porcentaje de los millones de autónomos, muchos de ellos falsos o precarizados. O entre los millones de funcionarios y asimilados que ya disfrutan de esas 37,5 horas, al igual que los empleados de las grandes empresas -no así sus subcontratas-.

Eso sin contar toda la casuística sectorial o individual, empresa a empresa, que a través de la negociación ya ha llegado a las condiciones que querían ahora imponerse por ley. A todos esos Junts también ha sumado el ejército de asalariados que lo que quieren es trabajar más, mayor flexibilidad en las horas extras, porque su primera prioridad es ganar más dinero. Variedad de colectivos más que suficiente para permitir a Junts soportar la presión negociadora de Sumar con la amenaza de demonizarlos como sicarios de la patronal.

Si a eso le suman la garantía de que la confrontación de Junts se sabía que sería solo con Sumar, que no despierta simpatía alguna entre su electorado, y que el PSOE se mantendría al margen del señalamiento, tienen a la vista el cuadro general que explican la enmienda a la totalidad y el regreso del proyecto de ley a la mesa de Yolanda Díaz.

Yolanda Díaz se ha convertido en el Ícaro de la política española con su ley de reducción de jornada laboral. Tan alto ha querido volar, tan segura estaba de la razón moral de su proyecto, tan contenta imaginando que la Wikipedia le garantizaría en la memoria colectiva una suerte de inmortalidad política, que ha acabado abrasándose en su propia fantasía.

Junts per Catalunya Yolanda Díaz
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