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Trabajadores autónomos en pie de guerra (¡y no por Palestina!)
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Josep Martí Blanch

Pesca de arrastre

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Trabajadores autónomos en pie de guerra (¡y no por Palestina!)

La propuesta de cotizaciones para el próximo trienio de los empleados por cuenta propia es un insulto para aquellos más precarizados. A algunos les saldrá más a cuenta peregrinar en busca de una ayuda pública que trabajar

Foto: La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz. (Europa Press/Fernando Sánchez)
La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz. (Europa Press/Fernando Sánchez)
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El Gobierno recoge carrete. Su propuesta de incremento de las cuotas de autónomos, formalizada esta semana por la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, se ha estrellado contra una doble realidad. Por un lado, la propia ceguera del Ejecutivo sobre cuál es la realidad de los más de tres millones de trabajadores por cuenta propia que hay en España. Por el otro, la imposibilidad de que el Congreso de luz verde en un ambiente de precampaña a una medida que ha soliviantado -¡y de qué manera! - a estos trabajadores.

Piensa el Gobierno que todo el monte es orégano. Y que del mismo modo que se niega a deflactar el IRPF para subirnos por la puerta de atrás año tras año el impuesto a las rentas del trabajo, puede hacer también lo mismo con las cotizaciones. ¿No me alcanza con lo que tengo? No hay problema: levanto al trabajador por los tobillos, lo zarandeo cuando esté boca abajo y todo lo que caiga al suelo procedente de sus bolsillos para el estado. ¡Es el bien común, amigo!

El actual gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, hizo las cuentas del gran capitán cuando acometió la tan cacareada reforma de las pensiones. Bastaba con ingresar más subiendo las cotizaciones, sin detallar plazos ni cantidades, para que las advertencias sobre la insostenibilidad del sistema de pensiones pasasen a la historia. Los llamamientos a la prudencia o la insistencia en que la reforma -reclamada por la UE- atacase con mayor ambición el gasto y no fijase sólo su atención en el incremento de ingresos eran cosas de insolidarios, cenizos y ultraliberales.

Su carpeta Excel tuvo éxito. Hubo un consenso político amplísimo, en particular sobre la necesidad de incrementar progresivamente las cuotas de los autónomos. Un visto bueno que incluía a las asociaciones que representan a estos profesionales. ¿El señuelo? Cuanto más coticen, mejores pensiones van a tener. ¿La realidad? No sabemos qué pensiones serán esas del futuro, pero las necesidades de recaudación las tenemos ahora.

Foto: sindicatos-autonomos-empresas-debilidad-gobierno

Nuevo método de cálculo de la pensión, la cuota de solidaridad generacional para los empleados por cuenta ajena, el aterrizaje al mundo real de cotizar por el rendimiento neto de la actividad en el caso de los autónomos (pero sin calendario ni cifras) y otros ajustes permitieron en su conjunto armar la fantasía que el sistema quedaba en perfecto estado de revista. Tan saneado que podía garantizarse de nuevo por ley la indexación de las subidas de las pensiones a la inflación. Y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.

Pero ¡ay!, las cifras siguen sin cuadrar -no principalmente por las pensiones- y el desfase entre lo que entra y sale de la caja sigue mandando señales de alerta. De ahí que haya que pisar el acelerador en la recaudación. Esas prisas son el vientre en el que se ha gestado el desaguisado de la propuesta de la ministra Saiz con las cotizaciones de los autónomos. Hay que rascar el bolsillo del trabajador -esos son la mayoría del heterogéneo universo de los empleados por cuenta propia- hasta que no queden en su interior más que telarañas.

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Las tablas de cotización propuestas para los tres próximos ejercicios, las siguientes no se han hecho públicas, son un insulto para los profesionales más precarizados. Que un trabajador que consiga unos rendimientos netos de 1300 euros mensuales, pierda incluso la condición de mileurista después de pasar cuentas con la seguridad social clama al cielo. Que uno que alcance los 2000 deba abonar un 25% de sus ingresos, también. En los tramos más bajos el problema no es sólo de velocidad, es también de cantidades. En los tramos de ingresos más altos, el problema guarda más relación con la velocidad a la que se pretende llevar a cabo el incremento y el perjuicio que se generará a autónomos cercanos a la jubilación que no verían compensado su esfuerzo por el método de cálculo que se utiliza para determinar el importe de la prestación.

Pero insistiendo en la base de la pirámide de ingresos, para los autónomos más precarizados, muchos de los cuales lo son por obligación y no por vocación, la propuesta inicial del Gobierno es directamente un insulto que incluye además varios mensajes. Desincentiva el trabajo, en la medida que es inevitable que uno se pregunte si no le sale más a cuenta peregrinar por los mostradores de la administración en busca de algún tipo de ayuda social en lugar de trabajar. El otro mensaje que se envía, siendo los autónomos más precarizados mayormente los más jóvenes, es que la equidad generacional solo se practica en dirección ascendente.

Pensiones contributivas, no contributivas, prestaciones por incapacidad, etc…No hay duda alguna sobre la necesidad de mantener en pie una de las piedras angulares del estado del bienestar. Tampoco se cuestiona que ningún colectivo debe quedar al margen de la contribución necesaria para que eso sea posible. Pero es sabido también que ese edificio no aguantará sin reformas que busquen el equilibrio no sólo a través de los ingresos sino también de los gastos. La reindexación universal de las pensiones al IPC que decidió el Gobierno socialista fue, en este sentido, un error. El coste político de no hacerlo ya lo había asumido el Gobierno de Mariano Rajoy.

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Pero basta con mirar a Francia para saber que las reformas son imposibles. Ningún gobierno tiene incentivo para llevarlas a cabo, salvo que el derrumbe puede tocarse ya con las propias manos. Así es la política. Está en su ADN defenderse primero a ella misma y luego, ya si un caso, a los demás. El último ejemplo, la propuesta de cotización de los autónomos.

El Gobierno recoge carrete. Su propuesta de incremento de las cuotas de autónomos, formalizada esta semana por la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, se ha estrellado contra una doble realidad. Por un lado, la propia ceguera del Ejecutivo sobre cuál es la realidad de los más de tres millones de trabajadores por cuenta propia que hay en España. Por el otro, la imposibilidad de que el Congreso de luz verde en un ambiente de precampaña a una medida que ha soliviantado -¡y de qué manera! - a estos trabajadores.

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