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¿Está Junts preparándose para romper con el PSOE?
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Josep Martí Blanch

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¿Está Junts preparándose para romper con el PSOE?

Movimientos de fondo en el partido de Puigdemont. El municipalismo quiere protagonismo mientras la formación parece prepararse para marcar todavía más distancias con los socialistas

Foto: Carles Puigdemont. (EFE/Pablo Garrigós)
Carles Puigdemont. (EFE/Pablo Garrigós)
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Nerviosismo en Junts. Las encuestas, ¡ah, las encuestas!, dan mala vida. No hay cata demoscópica que no anticipe un roto juntero por culpa de la Juana de Arco de Alliança Catalana, Sílvia Orriols, en el próximo ciclo electoral.

Pero hay pruebas todavía más acuciantes que las encuestas para justificar el temblor de piernas en el partido de Carles Puigdemont. Sus alcaldes, especialistas en tomar cada uno la temperatura de lo que acontece en su término municipal, amenazan también tormenta. Tanto es así que para algunos de ellos la esperanza para cuando deban revalidar sus mandatos en las urnas, no es que el partido en el que militan les haga ganar votos; sino conformarse con que no se los haga perder.

Ayer, Carles Puigdemont, acompañado de su secretario general, Jordi Turull, se reunió con una delegación de alcaldes de su partido encabezada por el de Sant Cugat de Vallès, Josep Maria Vallès, hombre que está al frente de la mesa municipalista del partido.

Pero la reunión de ayer tenía letra pequeña. Era la segunda vuelta de un primer encuentro que algunos dirigentes locales junteros de municipios como Calella, Manlleu, Olot, Berga, Cabrera y Vic, habían mantenido hace unas semanas con el secretario general del partido, Jordi Turull, en Manresa.

Aquella primera reunión, un trámite obligado para los ediles para poder reunirse después con Carles Puigdemont, fue agria. Y aunque finalmente se salvó con un comunicado de buena voluntad, las partes se cruzaron reproches de lo más serio. Jordi Turull acusó a los ediles de preocuparse únicamente de su ambición política, sin atender a las necesidades del partido. Y los representantes municipales expresaron sin ambages su malestar por la estrategia dictada por Carles Puigdemont y exigieron poder hablar con él para trasladarle directamente su preocupación y exigirle un cambio de rumbo.

En el catálogo de reproches a la estrategia de la dirección por parte de los alcaldes, están incluidas las críticas al cordón sanitario de Junts a Alliança Catalana, la incapacidad del partido de pasar página a la lógica del enfrentamiento identitario nacido del proceso, la necesidad de buscar acuerdos con el PSC en el Parlament de Catalunya o la necesidad de que la estrategia de la formación política se fije teniendo en cuenta los intereses municipalistas y no únicamente la visión más frentista de Carles Puigdemont desde Waterloo. En definitiva, reproches de ida y vuelta. De esos ediles para con la dirección, por no saber qué se cuece a pie de calle, y de ésta con esos cargos municipales por cuestionar abiertamente la estrategia que fija Carles Puigdemont.

Foto: junts-verano-reflexionar-relacion-psoe

Estos eran los antecedentes de la reunión de ayer en Bélgica. Y quizás por ello la dirección del partido borró a la mayor parte de los ediles más díscolos no convocándolos al encuentro. Puigdemont-Turull sacaron de la ecuación a los representantes de Calella, Manlleu, Olot y Berga. De tal forma que del núcleo de la revuelta original, sólo acudieron al encuentro de ayer los representantes de Cabrera y Vic. El resto de la comitiva fueron cargos municipales menos explícitos en la crítica a Puigdemont, encabezados por el ya citado representante de Sant Cugat.

Una actualización del clásico "si te mueves, no sales en la foto" que no ha sentado bien entre los excluidos y que a su modo de ver certifica la ceguera de la dirección juntera a la hora de fijar la estrategia política con la que el partido debe afrontar el nuevo ciclo electoral.

En el fondo, lo que anida es el mismo malestar que ya provocó hace algunas semanas la renuncia política de Jaume Giró. Esto es, el convencimiento de que Junts yerra en su manera de hacer política y que seguirá haciéndolo mientras el partido siga en manos de la actual dirección. O lo que vendría a ser lo mismo, la identificación de Carles Puigdemont y su hombre de confianza, Jordi Turull, más como problema que como solución.

Foto: moncloa-sabotaje-junts-socios-impresentables

Convenientemente purgado, el encuentro de ayer fue plácido. Se salvó con un comunicado que ponía el acento en el obstruccionismo del PSOE para con asuntos que merecen la atención particular de los alcaldes —bloqueo a las iniciativas junteras en materia de ocupación y multirreincidencia— o en censurar la política fiscal de los gobiernos central y catalán —empobrecimiento de las clases medias— o la maltrecha financiación de los ayuntamientos.

Formalmente, ayer el municipalismo juntero y la dirección del partido sellaban la pax romana. Pero el mar sigue revuelto. Y si las encuestas no revierten y el termómetro de los alcaldes sigue marcando temperaturas elevadas, el malestar seguirá creciendo. Los movimientos que detecta el sónar de profundidad van a seguir por debajo de la oficialidad de los discursos. Veremos hasta dónde es capaz de llegar la oposición interna que amenaza, de momento por lo bajini, con quitarse definitivamente los complejos de encima.

Mientras tanto, todo parece indicar —el comunicado de ayer señalando a los socialistas de los problemas que padecen los ayuntamientos va en esa dirección— que la estrategia juntera pasa por no retrasar en demasía el momento en el que se anuncie un cambio de rasante en la relación con el PSOE.

Foto: temor-sorpasso-alianca-crecen-junts-partidarios-congreso-extraordinario

O, lo que es mismo, podríamos estar acercándonos ya al momento de una declaración formal que dé por incumplidos los compromisos de investidura de los socialistas y que, por tanto, sitúe a Junts formalmente en la oposición en el Congreso.

En la terminología juntera, estaríamos ya muy cerca de pasar del "crédito está agotándose" utilizado hasta la fecha, al "crédito está irreversiblemente agotado". Una maniobra política que, en caso de concretarse, tendría consecuencias más discursivas que prácticas. Puesto que, descontadas las palabras, no significaría más que seguir actuando en el Congreso del mismo modo que hasta la fecha. Sólo que los llamados a que Junts siga contando formalmente entre la mayoría de la investidura, dejarían de tener sentido y el partido de Puigdemont sería ya con todas las letras oposición. Sólo que sin consecuencias prácticas que puedan calificarse de un antes y un después, en la medida que seguiría sin contemplarse la posibilidad de sumarse a una moción de censura.

El día a día, descontado el posicionamiento discursivo del tipo "se ha roto definitivamente la confianza con el PSOE" y la suspensión de las reuniones bilaterales que ambas formaciones mantienen en Bruselas con mediador incluido, las cosas seguirían como hasta ahora. Es decir, haciendo Junts de cada ley que deba aprobarse o de cada decreto ley que tenga que convalidarse un ejercicio de negociación individualizado que obligaría al PSOE a pactar cada línea de lo que se pretenda sacar adelante. Un añadido de distancia formal entre junteros y socialistas.

Foto: puigdemont-mocion-censura-pedro-sanchez

Un plus de dificultad para Sánchez, pero no insalvable en la medida que el presidente del gobierno siga empeñado en mantener a flote la legislatura con independencia del agravamiento de las condiciones de ingobernabilidad. ¿Presupuestos? Por supuesto que no.

Nerviosismo en Junts. Las encuestas, ¡ah, las encuestas!, dan mala vida. No hay cata demoscópica que no anticipe un roto juntero por culpa de la Juana de Arco de Alliança Catalana, Sílvia Orriols, en el próximo ciclo electoral.

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