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España va bien, los españoles mal
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Josep Martí Blanch

Pesca de arrastre

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España va bien, los españoles mal

La clase media se evapora según un informe de Cáritas. Mientras la política se pierde en otras prioridades y el FMI afirma que no hay mejor economía que la española. Bienvenidos al mundo distópico

Foto: Imagen: Pixabay/KarinKarin.
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Dimisión de Carlos Mazón, juicio al fiscal general, bloqueo total de Junts a cualquier iniciativa legislativa del Gobierno. Podríamos añadir más cosas, pero nos valen estas tres como resumen de la semana política. Además, las tres cuestiones seguirán llevándose los titulares durante los próximos días. La negociación del PP con Vox para evitar las elecciones en la Comunitat Valenciana, la continuación del juicio a Álvaro García Ortiz y más tarde la sentencia, y la parálisis del Congreso que Junts ejemplificará dándole al botón del no cada vez que el Gobierno intente aprobar cualquier iniciativa, continuarán alimentando análisis y tertulias y monopolizarán la atención del ciudadano junto a otras cuestiones de similar perfil.

Coincidiremos que el revelado de esas tres cuestiones proporciona una fotografía de lo más sombría. Una comunidad autónoma que ha de reconstruirse, embarrancada institucionalmente. Un fiscal general empurado por primera vez en la historia. Y un Gobierno empeñado en seguir gobernando con independencia de cuán solo se quede en el Congreso. Para alguien que despertara de un coma profundo y que llevara años sin saber nada de la realidad de su país, le parecería haber despertado en un país en plena quiebra institucional. Bien es cierto que pasadas unas semanas quizás juzgaría las cosas de un modo diferente y ya todo le parecería normal a base de costumbre.

El país de los párrafos anteriores es el mismo al que el Fondo Monetario Internacional (FMI) definió hace unas semanas como la gran perita en dulce de entre todas las economías avanzadas del mundo. Elevó la previsión de crecimiento de su PIB en cuatro décimas, hasta el 2,9% -dos décimas por encima de las del Gobierno- y le otorgó la medalla de oro simbólica al buen hacer, pues es el segundo año consecutivo que España alcanza el liderazgo entre las economías avanzadas.

Llegados hasta aquí, uno puede respirar tranquilo. Da igual lo que suceda políticamente. Es indiferente la degradación del debate público, que no haya presupuestos, que no se puede sacar adelante una sola ley, que la credibilidad e independencia de las instituciones esté en entredicho o cualquier otro escándalo que pueda caernos del cielo.

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¡La economía funciona! ¡La recaudación pública está en máximos! ¿Acaso no nos da esto derecho a divertirnos? ¿Por qué renunciar al espectáculo que día tras día nos brindan las instituciones y los partidos si en España se atan los perros con longanizas? Si la degradación institucional, el bloqueo legislativo, el ínfimo nivel de la discusión entre siglas no tienen ninguna incidencia sobre el devenir económico del país, ¿no sería razonable dejar de preocuparnos y limitarnos a disfrutar del espectáculo?

Pero bien podría ser también que, al igual que la política, el FMI, y por extensión el poder financiero en su conjunto, vivieran completamente al margen de una parte de la realidad. Que despreciaran, porque en nada interfiere en sus análisis y proyecciones, todo aquello que permite traducir los datos macro a la realidad micro de los ciudadanos. ¿Y si España va bien, pero los españoles mal?

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¡Ah! Entonces quizás ya no nos resulte tan gracioso o indiferente que las instituciones y la política en general nos ofrezcan a diario un espectáculo tan lamentable, que el Gobierno no pueda legislar porque ha perdido sus apoyos o que no ganemos para sustos en el terreno de la corrupción.

Pues bien, ayer alguien salió a decir que España no es que no vaya bien, es que va rematadamente mal.

Fue la Fundación Foessa, creada por Cáritas en 1965, que presentó su IX Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en España. El diagnóstico es desolador.

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Por ejemplo, la clase media se evapora. En treinta años ha perdido el 15% de sus integrantes, pasando del 58% al 43%, y bajando. La exclusión severa se sitúa un 52% por encima de 2007, lo que en números absolutos equivale a 4,3 millones de personas. El 45% de quienes viven de alquiler está al borde de la pobreza y la exclusión social, la cifra más alta de la UE. El empleo ya no sirve para escapar de la pobreza: más de un tercio de la población excluida tiene trabajo, solo que a precario y con retribuciones tan escasas que no le alcanza para vivir con dignidad.

La tasa de pobreza infantil es del 29%. El ascensor social está pendiente de reparación. La capacidad y el esfuerzo pierden fuelle en favor del código postal de nacimiento (siempre ha sido así, pero viene acentuándose de nuevo en los últimos años), con lo que el discurso de la meritocracia se tambalea. La juventud accede a su primer empleo en condiciones peores a las generaciones precedentes, con salarios entre un 15 y un 30% inferiores.

La lista de cifras, datos y conclusiones es inabarcable. El informe está íntegramente disponible y vale la pena sumergirse en él a modo de baño de realidad. Puede que España vaya como un cohete, pero de ser así, lo cierto es que en él no cabe la mayoría.

Puede que España vaya como un cohete, pero de ser así, lo cierto es que en él no cabe la mayoría

Leído el informe Foessa, la degradación política y la frivolización en la fijación de prioridades de la acción gubernamental y política ya no tiene ni puñetera gracia y se torna una estafa en toda regla. Y las afirmaciones sobre el crecimiento económico de España, aun siendo ciertas, toman la forma de un desafortunado chiste si uno baja, como la gente de Cáritas, a pie de calle. Muy progresista no parece la cosa. Ni en la forma ni en el fondo.

Dimisión de Carlos Mazón, juicio al fiscal general, bloqueo total de Junts a cualquier iniciativa legislativa del Gobierno. Podríamos añadir más cosas, pero nos valen estas tres como resumen de la semana política. Además, las tres cuestiones seguirán llevándose los titulares durante los próximos días. La negociación del PP con Vox para evitar las elecciones en la Comunitat Valenciana, la continuación del juicio a Álvaro García Ortiz y más tarde la sentencia, y la parálisis del Congreso que Junts ejemplificará dándole al botón del no cada vez que el Gobierno intente aprobar cualquier iniciativa, continuarán alimentando análisis y tertulias y monopolizarán la atención del ciudadano junto a otras cuestiones de similar perfil.

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