La patronal catalana impulsa un pacto estatal tras un estudio que reclama más mano de obra extranjera, mientras ayuntamientos advierten de servicios saturados y crece la tensión política en torno a la inmigración
Un alumno se forma en el Centro de Formación Peñascal de Bilbao, que trabaja con jóvenes migrantes. (EFE/Luis Tejido)
Más inmigrantes. Eso es lo que pide la gran patronal catalana Foment del Treball que mañana miércoles presentará en Caixa Fórum Madrid el estudio "Demografía y empresa: Hacia un nuevo pacto", elaborado por la consultora Opina360º de Iván Redondo.
La puesta de largo del trabajo ha tenido ya su prólogo en formato rueda de prensa en Barcelona. Y de ella, lo más sustantivo ha sido el corte informativo del presidente de Fomento, Josep Sánchez Llibre, asegurando que el empresariado necesita de la inmigración como el aire que respiramos o el agua que bebemos para vivir. La tesis de fondo, compartida en los ámbitos económicos de ortodoxia liberal, es que sólo sobre la base de la inmigración y del crecimiento poblacional es posible mantener el crecimiento de la economía. Con apelaciones también a la mejora de la competitividad, sí; pero sobre todo con inmigración para que la rueda no se pare.
El estudio no atiende únicamente a la variable económica y a las cuentas de resultados de las compañías. Asume mayor complejidad y no la rehúye. Incluso recoge externalidades negativas de la inmigración masiva: vivienda, servicios sociales, reconocimiento de la común falacia de que los inmigrantes son los que garantizan la sostenibilidad de las pensiones, etc. Pero sobre estas cuestiones su enfoque es de carácter general, cuando no pasa de puntillas, para acabar aterrizando en lo fundamental del trabajo: se necesita mano de obra foránea para cubrir las necesidades de la economía española. Y no sólo en trabajos precarizados, sino cada vez más también en los de media y alta calificación.
El discurso de la gran patronal catalana no difiere de otras agrupaciones empresariales que se han manifestado en la misma línea. El pasado mes de agosto, ANGED, la Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución, se posicionaba de igual modo y urgía a la puesta en marcha de un plan de inmigración para asegurarse mano de obra suficiente para cubrir las vacantes que vayan produciéndose en su subsector. Foment, con más rigor y profundidad en el análisis, presenta su estudio con el objetivo y el ruego de que se acabe produciendo un gran pacto de estado para abordar la cuestión inmigratoria desde una perspectiva holística.
Sólo que tratándose de una patronal, cuya obligación principal es atender al interés económico de sus asociados, ya se intuye que la preocupación principal no puede ser otra que la falta de mano de obra presente y futura. Tiene más peso la llamada a seguir favoreciendo la llegada de extranjeros que no, aunque también se aborden esta cuestión en el trabajo, la mejora de la productividad. El estudio adolece, pero es normal viniendo de una patronal, de alternativas a la sostenibilidad del crecimiento español vinculado principalmente al crecimiento de la población. También se echan de menos reflexiones críticas sobre los bajos salarios en sectores intensivos en manos de obra o sobre el hecho de que el crecimiento formal en lo macroeconómico no guarde relación directa con la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos.
En paralelo a la rueda de prensa de Josep Sánchez Llibre, el alcalde de Vic, el juntero Albert Castells, reflexionaba en una entrevista radiofónica sobre el colapso de los servicios sociales de su municipio por la constante llegada de inmigrantes. Decía el alcalde que su ayuntamiento está colapsado. Y que todos sus esfuerzos han de dirigirse a cubrir las necesidades de recién llegados que trabajan en el escalafón peor pagado del mercado de trabajo. Personas que se ven forzadas a consumir recursos públicos para alcanzar unos mínimos estándares de calidad de vida. Naturalmente el discurso del primer edil vicense juntero guarda relación con la pujanza de Aliança Catalana. Pero no solo. Es ante todo la realidad que maneja en su municipio.
Si conectamos ambos actores y mensajes -patronal y municipalismo (con el ejemplo de Vic, pero podría ser cualquier otro)- es para insistir en la complejidad del asunto, llamado a seguir provocando alteraciones de fondo del paisaje político. En particular del maridaje tradicional que tradicionalmente funcionaba entre los intereses empresariales y algunas familias políticas antes del asentamiento de los postulados antiinmigración en el mundo occidental.
El alcalde de Vic, como tantos otros de otras tantas formaciones políticas tradicionales, estaría ubicado hace unos años en el cuadrante ideológico en el que el binomio liberal-conservador caminaba de la mano sin problema ni contradicción alguna.
Hoy ya no es así. Empujado por su población, y sobre todo por sus votantes, a día de hoy es imposible que pueda comprar afirmaciones como la referida por el presidente de la patronal catalana: "Necesitamos la inmigración como el aire que respiramos".
Por muchos datos que aporte el estudio de Fomento, los ciudadanos de muchas ciudades y pueblos se sienten -con razón o sin ella- más perjudicados que beneficiados por la inmigración. Por tanto, es imposible que puedan sumarse sin más al discurso de la patronal. Por más que se insista desde Foment en la racionalidad de los números y los datos para afianzar el rigor de sus afirmaciones. De este temor al cerrojazo inmigratorio, al menos en lo discursivo, surgen iniciativas como la de Fomento.
Junts, al igual que el PP, maneja como puede esta nueva realidad que los amenaza. Más fácil resulta para Vox o para Aliança Catalana, aunque también deban asumir contradicciones. La progresiva purga de liberales en el partido de Santiago Abascal, en favor de discursos de matriz más autárquica y tradicionalista, es también fruto de la imposibilidad de sumarse al discurso ortodoxo liberal de las patronales al tiempo que se insiste en el discurso antiinmigración. ¡Todo no puede ser!
Se ve todavía más claro en EEUU, donde la apuesta antiinmigración sirvió para ganar las elecciones a Donald Trump. Como presidente, Trump ha subvertido algunos valores que se daban por intocables en una democracia liberal para poder crear un ambiente irrespirable entre los inmigrantes.
Le sirvió para cerrar sus primeros ocho meses como presidente con un saldo negativo de inmigrantes. Sólo que en paralelo algunas patronales han empezado a hacer sentir su preocupación por las dificultades de acceso a la mano de obra. ¿A quién deberá traicionar Trump? ¿A aquellos a los que prometió competitividad y pocas trabas administrativas o a los electores a los que sedujo con la promesa que no entraría en el país un inmigrante más? Ya se ve que los temas complejos no admiten simplificación.
El estudio de Fomento que mañana se presenta en Madrid tiene la virtud de insistir en la demografía como elemento principal de la evolución de un país. Y de pretender un debate serio, sin apriorismos y centrado en los datos, en una cuestión principal como es el de la inmigración.
Desde esta perspectiva, el intento es de lo más loable. Pero es - ¡y no puede ser otra cosa! – un discurso de parte que no puede, por la naturaleza de quien lo encarga, enfocarse a cuestiones que también son trascendentes cuando lo que se pretende es un debate riguroso sobre el fenómeno inmigratorio.
Una de estas cuestiones es si hay que seguir apostando por un crecimiento económico basado principalmente en el aumento de la población venida de fuera. Olvida el informe de Fomento que las sociedades son algo más que únicamente un cuerpo de intereses económicos. Ahí es donde radica su principal debilidad.
Más inmigrantes. Eso es lo que pide la gran patronal catalana Foment del Treball que mañana miércoles presentará en Caixa Fórum Madrid el estudio "Demografía y empresa: Hacia un nuevo pacto", elaborado por la consultora Opina360º de Iván Redondo.