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El saqueo de lo público (otra vez)
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Josep Martí Blanch

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El saqueo de lo público (otra vez)

La resurrección del caso Plus Ultra es una excelente noticia. Abre la posibilidad de saber la verdad sobre una operación de 53 millones a todas luces inexplicable

Foto: Un avión de la aerolínea española Plus Ultra. (EFE/Eduardo Caevro)
Un avión de la aerolínea española Plus Ultra. (EFE/Eduardo Caevro)
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El 26 de marzo de 2021, servidor firmaba el artículo 'El saqueo de lo público' del cual reproduzco algunas líneas por ser el original en catalán: "Uno espera de los asaltadores de diligencias que honren las costumbres de su gremio y actúen, por un mínimo de decoro y vergüenza, con la cara tapada. No ha sido así con el rescate por 53 millones de euros de la aerolínea Plus Ultra". Y seguía: "Se necesita una cara de cemento armado para considerar esta empresa estratégica con el 0,1% de cuota de mercado en el transporte de pasajeros, pérdidas desde que empezó a operar y una estructura societaria que se pierde a través de sociedades domiciliadas en Panamá… Estratégicos deben ser los intereses reales -y de momento ocultos- por los cuales se la ha rescatado con su dinero y el mío… Extraigan ustedes sus propias conclusiones. Pero la mayoría de las veces, si parece un pato, nada como un pato, y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato… ¿Cuántos Plus Ultra deberemos tragarnos como proyectos estratégicos en un reparto que el poder público está dispuesto a convertir en una rave de piratas?... No parece que tenga freno la tendencia de nuestros gobernantes al derroche chapucero… Y ojalá solo fuera esta la causa".

No hay que alegrarse de los males ajenos. Pero entienda el lector que en ese lejano 2021 los destrozos de la pandemia todavía se conjugaban en presente. Y ver que en el caso Plus Ultra el Gobierno manejaba el dinero del Fondo de Apoyo a la Solvencia de las Empresas Estratégicas como si de una cuadrilla de cuatreros se tratara resultaba insultante. Resultó que bastaba con tener el teléfono adecuado en la agenda para que un chiringuito de tres al cuarto recibiera una inyección de 53 millones de dinero público para aliviar su situación.

No había y sigue sin haberla una explicación racional que pueda explicar aquella decisión. Las desavenencias entre los diferentes miembros del Gobierno de entonces -Nadia Calviño sacándose las pulgas de encima, José Luis Ábalos negando ya en el momento de la operación estar al tanto de nada (aunque su ministerio hubiera emitido un informe favorable), etc- dejaron claro que ese parto requirió del fórceps. Y que tanta insistencia en el alumbramiento no provenía de las dependencias ministeriales, sino de otros ámbitos de influencia del entorno presidencial. Luego hemos sabido, siempre por El Confidencial, que quien tenía un interés especial era el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.

Fue una lástima que el primer intento por judicializar el caso, que merecía entonces como mínimo una investigación seria, acabara archivándose. La Justicia tiene sus misterios, siempre inexplicables para los leguleyos.

Foto: plus-ultra-rescate-aerolinea-implicacion-zapatero

Por eso la operación de ayer de la adormecida por mucho tiempo UDEF es una buena noticia. El registro de la sede de la aerolínea, así como la detención de su propietario y del CEO, Julio Martínez y Roberto Roselli prueban la existencia de indicios sólidos del embrutecimiento que el instinto atribuía a esa operación. Que el mismo juzgado que en su día ordenó el archivo de la causa y la Fiscalía Anticorrupción sospechen que el dinero del rescate se utilizó para blanquear dinero -¿venezolano?- garantiza al menos una investigación a fondo.

Con independencia de la responsabilidad de los directivos de la compañía ahora detenidos, quizás lleguemos a saber lo que nos ha sido negado hasta ahora. Merecemos una explicación de aquello que era y es todavía hoy inexplicable. ¿Por qué tanta insistencia en ayudar con 53 millones de euros a una empresa de la que nadie podía defender su condición de estratégica sin ponerse rojo de vergüenza como un pimentón? ¿Por qué el Gobierno asumió un inevitable coste reputacional sin siquiera despeinarse? ¿Quiénes fueron y por qué los verdaderos valedores de una operación tan sospechosa? ¡Queremos saber! Ya sea para respirar con alivio o para encabronarnos todavía más que en 2021, cuando el Gobierno insultó a la ciudadanía transfiriendo 53 millones de euros a Plus Ultra acompañados del recochineo de que lo hacía por considerarla estratégica. ¡Con un avión!

Foto: abalos-corrupcion-gobierno-venezuela-1hms Opinión
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Ayer pasaron más cosas que remiten al asalto de lo público. Se registraron las sedes de la SEPI, Mercasa, Enusa y Forestalia tras las detenciones de la fontanera Leire Díez, Vicente Fernández y Antxon Alonso. El juez del TS Leopoldo Puente acordó la apertura de juicio oral contra José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama al tiempo que un nuevo informe de la UCO confirmaba más trapos sucios del exministro. Vamos perdiendo la cuenta y, para quienes tienen memoria, la situación empieza a asemejarse, informativamente hablando, a los estertores del último Gobierno de Felipe González. Eso sin contar que, en el plano puramente político el Congreso le tumbó también ayer al Ejecutivo por segunda vez la aprobación de la senda de déficit, el primer paso para la elaboración de unos presupuestos que no serán.

En fin, que hay días en los que uno tiene donde elegir, aunque casi todo remita a lo mismo: el saqueo de lo público. Aun así, resulta que a veces incluso lo malo puede llegar a ser mínimamente reconfortante. Que cuatro años después estemos quizás más cerca de saber qué se coció en realidad con la aerolínea Plus Ultra no deja de ser esperanzador. Nunca es tarde si la dicha es buena.

El 26 de marzo de 2021, servidor firmaba el artículo 'El saqueo de lo público' del cual reproduzco algunas líneas por ser el original en catalán: "Uno espera de los asaltadores de diligencias que honren las costumbres de su gremio y actúen, por un mínimo de decoro y vergüenza, con la cara tapada. No ha sido así con el rescate por 53 millones de euros de la aerolínea Plus Ultra". Y seguía: "Se necesita una cara de cemento armado para considerar esta empresa estratégica con el 0,1% de cuota de mercado en el transporte de pasajeros, pérdidas desde que empezó a operar y una estructura societaria que se pierde a través de sociedades domiciliadas en Panamá… Estratégicos deben ser los intereses reales -y de momento ocultos- por los cuales se la ha rescatado con su dinero y el mío… Extraigan ustedes sus propias conclusiones. Pero la mayoría de las veces, si parece un pato, nada como un pato, y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato… ¿Cuántos Plus Ultra deberemos tragarnos como proyectos estratégicos en un reparto que el poder público está dispuesto a convertir en una rave de piratas?... No parece que tenga freno la tendencia de nuestros gobernantes al derroche chapucero… Y ojalá solo fuera esta la causa".

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