El funeral extremeño de Yolanda Díaz y la carta de libertad de Gabriel Rufián
Sumar y su lideresa deambulan por el escenario con la debilidad de quien sabe que su tiempo es el pasado porque en el futuro ya no pintará nada
(I-D) El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián; la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. (Europa Press/Fernando Sánchez)
Las elecciones extremeñas han servido para remachar otro clavo en el ataúd político deYolanda Díaz. Si tras el escrutinio alguien en Sumar conserva todavía la esperanza de resucitar el cadáver, los resultados y la manera en la que se ha desarrollado la campaña en la región, deberían abrirle los ojos a la realidad.
La vicepresidenta segunda del Gobierno y sus siglas deambulan hoy por el escenario político con la debilidad de quien sabe que su tiempo está en el pasado, no en el futuro en el que ya no pinta nada.
Ninguneada sistemáticamente por Pedro Sánchez, quien sin despeinarse archivó en la papelera de reciclaje su reciente petición de una remodelación profunda del Gobierno, Yolanda Díaz y su invento empequeñecen todavía más a cada día que pasa.
Pero lo de Extremadura duele más que el ser ninguneada dentro de la propia coalición de gobierno. Cuando es la propia familia la que te veja, sienta peor. Y en Extremadura las bofetadas se las han propinado quienes comparten el objetivo de que es necesario movilizar e ilusionar al votante situado a la izquierda del PSOE.
El veto en la campaña extremeña a Yolanda Díaz y a Sumar ha sido explícito y humillante. La candidata de Unidas por Extremadura, Irene de Miguel, no solo levantó un cordón sanitario para que ni Díaz ni sus ministros de cuota pisaran la región durante la campaña, sino que verbalizó lo que otros de su misma cuerda piensan: que la vicepresidenta es "un poco fraude".
No querían su foto, no querían su sonrisa permanente, ni sus discursos de ser de luz. La marca Sumar, lejos de sumar, restaba, pensaron en Extremadura. Y se la vetó.
El relato oficial de Sumar queda hecho añicos. A la izquierda del PSOE le va mejor sin ellos. Los resultados de Unidas por Extremadura han sido extraordinarios en un contexto nacional adverso para este espacio y suponen poco menos que una enmienda a la totalidad de la estrategia yolandista. Los números alcanzados, casi doblan los diputados, refuerzan las tesis de los detractores de la vicepresidenta, con un Pablo Iglesias que acaricia su gatito desde su atalaya mediática.
Será muy difícil contrarrestar la idea de que Sumar y Yolanda Díaz son ya naranjas sin jugo. Siglas amortizadas cuya estrategia de seguidismo amable del PSOE no funciona.
El éxito en Extremadura, aunque insuficiente para compensar la pérdida de peso de la izquierda en la comunidad, envía un mensaje que obligará a Yolanda Díaz a seguir pilotando con turbulencias crecientes en los próximos meses: el espacio a la izquierda del PSOE existe y no hay por qué resignarse a que sea vampirizado por Pedro Sánchez.
En el partido que se juega a la izquierda hay posibilidades fuera del sanchismo. Pero la mala noticia para ese cuadrante ideológico es que ese crecimiento del espacio izquierdista más radical sólo es posible contra el PSOE, no a su lado.
La derechización de España, elemento que también han demostrado sobradamente las elecciones en Extremadura, es un hecho sólido. Lo que los extremeños han dicho es que ante una sociedad que vira a estribor, la izquierda solo puede sobrevivir si ofrece un refugio nítido y radical, no una muleta subalterna del sanchismo.
En esta tesitura, los mentideros de Madrid y Barcelona seguirán fantaseando con escenarios futuros. Ante la evidencia de que el ciclo de Díaz está agotado, ¿qué y quién podría actuar de revulsivo? Es natural que cobre fuerza la tesis de una gran coalición de izquierdas alternativas al PSOE para apuntalar las próximas elecciones en clave frentista.
Y en este imaginario sigue estando de boca en boca el verso suelto que podría rimar con la necesidad de ese espacio: Gabriel Rufián.
El portavoz de ERC es un animal político que hace tiempo que ha trascendido las siglas de su partido. El otrora independentista feroz, que nominalmente sigue siéndolo, ha mutado en un icono pop para sectores influyentes de la izquierda española más correosa y sus votantes.
Rufián seduce menos en Cataluña que en el resto de España. Y se deja querer. Su actividad en redes sociales es un goteo constante de guiños a ese espacio políticode ambición nacional, no regional. Su discurso encaja mejor con la aspiración de un líder izquierdista español que con el de un independentista catalán.
A. Pérez GiménezGráficos: EC DiseñoGráficos: Unidad de Datos
Rufián se gusta y gusta. Y por eso resulta fácil proyectar en él la idea de que su acumulación de fuerzas es ya suficiente como para creerse con capital propio suficiente como para considerar que está en condiciones de negociar su futuro como le plazca.
¿Podemos imaginar un Rufián liberado de la disciplina del independentismo catalán, fichando por un proyecto radical de izquierdas español? ¡Sí se puede!
Las elecciones extremeñas han servido para remachar otro clavo en el ataúd político deYolanda Díaz. Si tras el escrutinio alguien en Sumar conserva todavía la esperanza de resucitar el cadáver, los resultados y la manera en la que se ha desarrollado la campaña en la región, deberían abrirle los ojos a la realidad.