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Morder al PSOE: la ultraderecha aprende de sus espejos europeos y del instinto de Trump
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Josep Martí Blanch

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Morder al PSOE: la ultraderecha aprende de sus espejos europeos y del instinto de Trump

Vox adopta tácticas de Le Pen, AfD, Meloni y el trumpismo para disputar barrios obreros y periferias con propuestas intervencionistas y discurso antiélites, buscando crecer más allá de su papel subsidiario del PP

Foto: El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene durante el acto de presentación de los candidatos a las elecciones autonómicas de Aragón. (Europa Press/Javier Escriche)
El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene durante el acto de presentación de los candidatos a las elecciones autonómicas de Aragón. (Europa Press/Javier Escriche)
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Morder al PSOE. Esta es la información que leíamos ayer en este periódico como resumen de la estrategia electoral de Vox para el ciclo electoral que ya está en marcha. Pasito a pasito, la ultraderecha española va armando un proyecto sobre la base del aprendizaje que le ofrecen sus espejos europeos.

Para entender lo que Vox quiere hacer en los polígonos de Madrid o en el campo andaluz, hay que mirar a Francia. Allí, el Rassemblement National completó hace años una mutación que ahora inspira a Abascal. Marine Le Pen no ganó terreno convenciendo a los banqueros de París o los directivos del CAC 40, sino barriendo a la izquierda en las zonas obreristas y en entornos urbanos en los que el ahorro es una utopía y la precariedad disimulada -o ni siquiera eso- una realidad.

El espejo alemán es igualmente válido. El colapso de la izquierda ha sido directamente proporcional al ascenso de Alternativa para Alemania (AfD). No es casualidad. El votante de Sajonia o Turingia, que arrastra un sentimiento de agravio histórico y económico, ha cambiado la papeleta roja por la azul pálida de los ultras. La AfD supo capitalizar el miedo a los costes de la calefacción verde y la competencia migratoria, presentándose como el único escudo real ante las "élites de Berlín".

También en Italia, Giorgia Meloni no se explica sólo con la aportación electoral del conservador clásico más o menos enrabietado. La lideresa italiana supo también penetrar en las periferie y en el sur empobrecido, para comerle la tostada a la izquierda convertida con maldad caricaturesca en izquierda ZTL, por la política de restricción del tráfico en zonas urbanas determinadas. Meloni, lo suficientemente amiga de Abascal como para ser su invitada durante las vacaciones navideñas, es un buen ejemplo de cómo convertirse en un rodillo electoral comiendo en platos teóricamente ajenos, aunque solo fuera para llegar al poder y regresar después a una cierta ortodoxia de la derecha convencional. Vox ha ido tomando nota concienzudamente de ello y sabe dónde están los huecos. Ser el hermano pequeño y enfadado del PP da para lo que da. Menos FAES y más José Antonio.

Foto: abascal-feijoo-votantes-lo-que-deben-saber

Y luego está el instinto de Trump. El presidente norteamericano es un engaño tan perfecto como eficaz. Se enriquece a sí mismo y a los suyos. Pero no pierde de vista que una base nada despreciable de su electorado reaccionó con indiferencia -¡cuando no con satisfacción! – al asesinato de Brian Thompson, el CEO de la mayor aseguradora de salud de EEUU. De ahí que en clave doméstica vaya regando sus intervenciones con anuncios intervencionistas que el republicanismo clásico tildaría de socialistas radicales: prohibir la inversión en el inmobiliario residencial de los fondos y grandes compañías, pedir que se limite el reparto de dividendos en las empresas armamentísticas y se ponga freno a los desorbitantes bonos de sus directivos o la campaña más reciente para limitar al 10% los intereses de las diferentes modalidades de tarjeta de crédito. Populismo de alta precisión: "Yo soy el único que se atreve a domar a los tiburones que se comen tu salario". En boca del nuevo alcalde de Nueva York, sería comunismo. En boca de Trump es hacer América grande otra vez.

Sabe, el presidente estadounidense, que no puede dejar descubierto este flanco. Vox ha de cabalgar también esta ola que en el presente se asocia tradicionalmente a la izquierda para seguir creciendo, pues a diferencia de algunos de los ejemplos europeos, la derecha convencional resiste todavía razonablemente bien en España. En este sentido, la validación internacional de las estrategias heterodoxas por parte de Trump tiene valor de uso. Hace creíble el aterrizaje en zonas competidas electoralmente con la izquierda para prometer mano dura contra los bancos, la intervención del mercado de la vivienda o el señalamiento de la clase directiva empresarial como una élite extractiva.

Foto: auge-vox-abascal-sanchez-espana
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En 2014, el presidente del Banco de Sabadell dijo que se necesitaba un Podemos de derechas. El experimento, si Vox quiere crecer de verdad, no saldrá exactamente como Oliu pretendía cuando expresó su deseo. Pero qué duda cabe de que algunas propuestas de Vox acabarán siendo similares a las podemitas, al menos de boquilla.

Cuestión aparte es lo creíble que puede resultar este viaje y cuánto puede durar la credibilidad de alguien que promete una cosa y la contraria. Pero si de analizar estrategias se trata, hay lo que se ve. Comer en el plato de la izquierda pasa por arrebatarle algunas banderas cuyo enarbolado en sus manos viene siendo puesto en duda por falta de credibilidad y ambición. El partido de Vox no ha dejado de ser lo que en su boca sería la "derechita cobarde", pero toca asaltar otros comedores. En ello parece que están.

Morder al PSOE. Esta es la información que leíamos ayer en este periódico como resumen de la estrategia electoral de Vox para el ciclo electoral que ya está en marcha. Pasito a pasito, la ultraderecha española va armando un proyecto sobre la base del aprendizaje que le ofrecen sus espejos europeos.

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