El líder republicano en el Congreso desafía otra vez a su partido con la idea de un proyecto común de las izquierdas de cara a las generales. El movimiento ha de leerse con claves menos románticas que el de parar a la ultraderecha
El portavoz del partido en el Congreso, Gabriel Rufián (d), y el presidente de ERC, Oriol Junqueras. (EFE/Biel Aliño)
Gabriel Rufián es un hombre de su tiempo. Lo suficientemente joven para entender que la política se juega en el terreno del aturdimiento digital. Y sabe sacar provecho de ello. Ejemplifica a la perfección la fosa generacional que se abre entre el mundo que fue y el que es. Conecta a la perfección con el espíritu de la LOGSE y sus modificaciones. Poco vocabulario y poca profundidad, pero un máximo de emotividad y efectividad gracias a la simplificación. Lo que vendría a ser un reel con patas.
Esto es lo que exige el presente a los campeones de la demagogia parlamentaria. Que se alzará en 2024 con el galardón de mejor orador del Congreso es un ejemplo perfecto de la falla generacional que representa. Abandera una época en la que el puro efectismo ha sustituido al mínimo rigor y coherencia argumental. Las habilidades que rinden son las del concursante de Gran Hermano o cualquier otro programa de telerrealidad.
Es, pues, un político de talla, ya que uno se evalúa a diario a través de los resultados. Y los de Rufián son destacables. Es el independentista catalán más querido de España. Y no hay conversación en los ambientes a la izquierda del PSOEen los que no se hable con envidia del gran predicamento del que goza en toda la península.
El fin de semana pasado, Rufián volvió a azuzarle un sopapo al avispero de la izquierda y al de su propio partido con el anuncio de un acto conjunto con Más Madrid y la derivada implícita de una candidatura unitaria de las izquierdas de los pueblos de España para concurrir juntos en las próximas generales. ¡A la ultraderecha la pararán los pueblos, no las siglas!, es el mantra de Gabriel Rufián para vender las bondades del experimento. Nada nuevo respecto a lo de hace unos meses y con las mismas posibilidades de cuajar que entonces: ninguna.
Es fácil de entender los motivos por los cuales esto no puede ir a ninguna parte. Bildu y el BNG ya han dicho con todas las letras que no. La actualidad también pone de su parte. Las elecciones aragonesas acaban de premiar a Chunta Aragonesista, fiel a su ADN regional y muy cuidadosa a la hora de evitar el riesgo de dilución en el magma nacional. Rufián, listo como el hambre, sabe, pues, que su apuesta es de saque imposible y perjudicial para ERC. Entonces, ¿a qué viene tanto interés por su parte en resucitar una idea aún siendo consciente de su inviabilidad?
La respuesta la da el hecho de que Bildu y el BNG hayan sido más explícitas que ERC a la hora de cerrar las puertas al invento rufianesco. Mientras vascos y gallegos han dicho que ni hablar del peluquín, la dirección de ERC mantiene una actitud miedosa y contemporizadora ante el envite de su jefe de filas en el Congreso. Niegan, pero con sordina, no sea que se les enfade más de la cuenta el bueno de Rufián.
En realidad, éste no hace más que medir sus fuerzas respecto a las de la dirección de ERC. Lo demuestra que en el cuartel de mando republicano se enteraran por los periódicos y redes sociales de su nueva embestida. A estas alturas, Oriol Junquerases ya consciente de que su "chico" se ha hecho mayor y que gestiona sus propios intereses sin pedir permiso. Rufián mira por él, algo por otro lado de lo más común en política.
Así pues, lo que estamos viendo no es más que el despliegue de una estrategia para asegurarse su reválida como cabeza de cartel de ERC en las elecciones generales. Sin discusión. A poder ser, sin primarias y con voz y voto en la elaboración de la lista, algo que hasta la fecha no ha tenido por muy estrella mediática que sea porque en la estructura orgánica del partidoni pincha ni corta.
Al lector que desconoce los entresijos de la política catalana esto le parecerá extraño. ¿No es Rufián un buen candidato para ERC? ¿El hombre al que adora media España es débil dentro de su partido? La respuesta es que sí. Los altares que se elevan al santo Rufián en la izquierda española no guardan paralelismo con lo que piensan de él muchos de sus correligionarios en ERC.
Las posibilidades de disputarle la candidatura en unas generales a través de primarias están ahí y hay personalidades de ERC dispuestas a ello. Esto coincide en el tiempo con la toma de conciencia de Oriol Junqueras de que su ahijado Rufián se ha hecho mayor y que su lealtad viene ahora matizada por el hecho de verse a sí mismo como un activo político de primer nivel. Alguien que puede hablar de tú a tú al presidente de su partido y que puede hacer daño si alguien pretende hacérselo a él.
Esto explica la prudencia de Junqueras y la dirección de ERC a la hora de meter en cintura a Rufián, al que no están en condiciones de controlar sin violentarlo. El final del camino, ya se adivina, es una paz que a estas alturas podemos imaginar entre iguales, él y Junqueras.
El mensaje que se envía a la dirección podría tener esta forma: hay que dejar claro que voy a ser el cabeza de lista, explicitad un apoyo indiscutible para alejar el fantasma de las primarias y proporcionadme margen para que pueda hacer una lista a mi gusto, no como ahora, que me siento cuestionado por la mayoría de los otros diputados de ERC que me acompañan en el Congreso.
Esta es la partida. La luna de Rufián es asegurarse repetir como cabeza de lista desde una posición de fuerza y no como el chico que habla castellano que los republicanos se compraron en su día para ganar presencia en ambientes poco propicios al independentismo. La lista unitaria de la izquierda de los pueblos de España es el dedo que sirve para señalarla pero que distrae al respetable.
Junqueras tiene un problema. Poco podía imaginarse que la principal vía de agua a su autoridad la provocaría su preferido. Pero así son las cosas en política y en la vida. Los hijos, tarde o temprano, siempre tratan de imponerse a los padres. Y cuando no pueden aspirar a liderar la empresa entera, exigen como mínimo dirigir el destino de una filial. En este caso, la del Congreso.
Gabriel Rufián es un hombre de su tiempo. Lo suficientemente joven para entender que la política se juega en el terreno del aturdimiento digital. Y sabe sacar provecho de ello. Ejemplifica a la perfección la fosa generacional que se abre entre el mundo que fue y el que es. Conecta a la perfección con el espíritu de la LOGSE y sus modificaciones. Poco vocabulario y poca profundidad, pero un máximo de emotividad y efectividad gracias a la simplificación. Lo que vendría a ser un reel con patas.