'Huachicoleo' institucional

El robo de combustible es una actividad generalizada. Según un comunicado de Pemex, el ducto que explotó causando la tragedia había sido perforado y reparado en 10 ocasiones

Foto: Al menos 89 muertos al explotar una toma clandestina de gasolina en México. (EFE)
Al menos 89 muertos al explotar una toma clandestina de gasolina en México. (EFE)

'Huachicoleo' es el término utilizado en México para definir el robo de combustible. La modalidad es doble: el robo de camiones cisterna o la perforación de los 'ductos' o tuberías de transporte de Pemex (Petróleos Mexicanos) y su posterior drenaje.

Según señala el propio Gobierno mexicano, detrás de esta actividad delictiva es posible encontrar desde el crimen organizado, con ramificaciones dentro de la propia Pemex, a ciudadanos de a pie, que ven la oportunidad de aliviar su presupuesto. Cuando un grupo delincuente perfora un ducto, roba combustible y, obviamente, no lo repara. A ese ducto acude la gente de los alrededores con sus garrafas y bidones. Es una actividad peligrosa. Un flujo libre y descontrolado de gasolina puede explotar e incendiarse con suma facilidad. En el último accidente, a finales de la semana pasada, en Tlahuelilpan, han fallecido 89 personas y están hospitalizadas 51.

El robo de combustible es una actividad generalizada. Según un comunicado de Pemex, el ducto que explotó causando la tragedia había sido perforado y reparado en 10 ocasiones. Las estadísticas oficiales indican que en 2017 fueron robados unos 43.000 barriles diarios (b/d), cifra que aumentó a 58.000 b/d en 2018. El consumo mexicano de gasolina asciende a unos 800.000 b/d, por lo que se desvía de forma fraudulenta entre un 5 y un 7% del volumen total del mercado. El combustible sustraído, por lo general, se revende en el mercado. Las pérdidas de la petrolera estatal por este motivo superan, a los precios vigentes, los 3.400 millones de dólares.

López Obrador, que tomó posesión como nuevo presidente de México el pasado 1 de diciembre, materializó en la lucha contra el 'huachicoleo' su objetivo de combatir la corrupción. A primeros de enero se produjeron desabastecimientos parciales en determinadas zonas del país como consecuencia de cambios en los esquemas de distribución (sustitución de transporte por ducto por camiones cisterna) por parte de Pemex, en un intento de reducir las oportunidades de robo a escala industrial.

El trágico accidente del pasado viernes puso de manifiesto, además de la peligrosidad de este tráfico ilícito, la dificultad de combatirlo en un país en el que el 44% de la población vive bajo el umbral de la pobreza, la impunidad de la delincuencia se ha generalizado mientras los niveles de inseguridad crecen de forma alarmante y, por último, el precio de la gasolina ha aumentado de forma notable en los últimos años como efecto colateral de la reforma energética iniciada en 2013 por la Administración del anterior presidente, Peña Nieto.

Pese a la importancia de los volúmenes sustraídos y su impacto económico, el robo de combustible no es el problema más grave a que se enfrenta la industria petrolífera mexicana. En el cuadro siguiente, publicado por la Energy Information Administration (EIA) de Estados Unidos, se observa la evolución de la balanza comercial energética entre ambos países. En el transcurso de una década, México ha pasado de tener un superávit superior a los 20.000 millones a un déficit de más de 10.000 millones: 30.000 millones de deterioro frente a los más de 3.000 del 'huachicoleo'.

Las razones del deterioro de la balanza comercial energética mexicana son la caída de la producción de petróleo y gas y la falta de mantenimiento y adecuación del sistema de refino a un petróleo cada vez más pesado. En 2004, México alcanzó su máxima producción de petróleo con 3,4 millones de b/d. Desde entonces, el 'declino' ha sido imparable, hasta los 1,8 millones producidos en 2018, cifra inferior al consumo del país. Las exportaciones de petróleo, aunque menores, han continuado y el creciente déficit se ha suplido a través de importaciones masivas de gasolina, procedentes sobre todo de Estados Unidos.

El año récord en la producción de gas fue 2009, con 7.000 millones de pies cúbicos al día (mcf/d). En 2018, la producción fue de 4.800 millones. Por su parte, la utilización de la capacidad instalada de refino, ya de por sí insuficiente para atender la totalidad de la demanda de productos petrolíferos de México, se situó en 2017 en el 50%.

Estos dos problemas se resumen en uno: la falta de inversiones, tanto en exploración y producción como en refino. De acuerdo con datos ofrecidos por la Comisión Nacional de Hidrocarburos, para recuperar una producción de crudo de tres millones de b/d y 7.000 millones de pies cúbicos de gas diarios, Pemex necesita invertir a lo largo de los próximos cinco años una media de 17.000 millones de dólares anuales. Esta inversión debería ser acompañada por la efectuada por las empresas privadas a quienes se han otorgado contratos en el marco de la Reforma Energética, que debería situarse en torno a 4.800 millones al año.

El programa de modernización del refino de Pemex anunciado por el nuevo Gobierno supone actualizar las seis refinerías existentes y construir una nueva con una capacidad adicional de 340.000 b/d. Las inversiones previstas para 2019 ascienden a unos 3.750 millones de dólares, que deberían mantenerse a lo largo de los próximos años.

Si dejamos al margen la inversión esperada del sector privado, que hoy se sitúa muy lejos de los 4.800 millones anuales esperados, Pemex debe duplicar su inversión en relación a la prevista en 2018, y situarla por encima de los 20.000 millones de dólares. Adicionalmente, la deuda a largo plazo de Pemex asciende a 170.000 millones de dólares. Atender el servicio de esta deuda requiere unos 13.000 millones al año.

En resumen, un inalcanzable flujo de caja libre después de dividendos de unos 33.000 millones de dólares anuales. El nuevo Gobierno parece dar preferencia a las inversiones en refino, pero si simultáneamente no se incrementa la producción de crudo, México acabará sustituyendo importaciones de gasolina por importaciones de petróleo.

El primer cargamento de petróleo importado será el símbolo del fracaso de la política energética de los sucesivos gobiernos mexicanos, cuya incapacidad en esta materia ha provocado el 'huachicoleo' institucional al que México se enfrenta.

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