Lloro por ti, Argentina

Todos los gobiernos argentinos desde Perón, ya sean democráticos o dictatoriales, peronistas o radicales, han gastado más de lo que la riqueza del país y su economía se podían permitir

Foto: El presidente de Argentina, Mauricio Macri, junto al ministro de Hacienda, Hernán Lacunza. (EFE)
El presidente de Argentina, Mauricio Macri, junto al ministro de Hacienda, Hernán Lacunza. (EFE)

Un informe reciente elaborado por la Unidad de Estudios y Proyectos Especiales de la Cámara Argentina de Comercio (CAC) muestra que, durante los últimos 100 años, la tasa de inflación promedio del país fue del 105% anual. Esta es la más sucinta explicación de la imparable decadencia económica argentina. No hay economía que soporte semejante ritmo de crecimiento de sus precios.

Juan Domingo Perón, en un discurso pronunciado en la Bolsa de Comercio en 1944, meses antes de asumir por primera vez la presidencia, señalaba: “Hay una sola forma de resolver el problema de la agitación de las masas y es la verdadera justicia social en la medida de todo aquello que sea posible a la riqueza del país y a su propia economía (…) Ir más allá es marchar hacia el cataclismo económico, quedarse muy acá es marchar hacia un cataclismo social” (cita recogida por Felipe Pigna en 'Los mitos de la historia argentina').

Desde entonces, empezando por el primer Gobierno de Perón, todos los gobiernos argentinos, democráticos o dictatoriales, peronistas o radicales, han ido más allá y han gastado más de lo que la riqueza del país y su economía podían permitir. Los sucesivos déficits públicos han sido financiados a través del recurso al Banco Central de la República, es decir, recurriendo a la creación de dinero, origen indiscutido de un proceso inflacionista.

La historia reciente muestra que nada ha cambiado. El cuadro siguiente muestra la evolución de la base monetaria argentina (efectivo en manos del público más depósitos de los bancos en el banco central) a lo largo de los últimos 10 años.

Este ritmo de creación de dinero se traduce en inflación. En las presidencias de Cristina Fernández de Kirchner y de Mauricio Macri, el crecimiento medio anual de los precios ha sido del 25,2% durante el Gobierno de la primera y del 33,7% en el mandato del segundo. Por cierto, las cifras correspondientes al Gobierno de Cristina Fernández no son las oficiales del Indec, organismo estadístico oficial que fue intervenido durante su mandato, sino que proceden de la corrección efectuada por Graciela Bevacqua, directora técnica de este organismo hasta su destitución en 2007.

A los sorprendidos de la ventaja obtenida en las primarias presidenciales por la candidatura kirchnerista frente a la de Macri cabe señalarles que si la inflación crece y el peso se sigue depreciando frente al dólar, el argentino de a pie no encuentra razón por la que preferir la teórica ortodoxia de un empresario a la heterodoxa mezcla de nacionalismo, socialismo y populismo que ofrece el peronismo de hoy.

Presión fiscal

Acabar con el déficit público no es fácil. La presión fiscal (Ingresos fiscales/PIB) argentina es relativamente alta —un 30%, frente al 34% de España o el 40% de Alemania—. Siempre se puede subir impuestos, pero la asignatura pendiente es el gasto. Según el analista argentino Roberto Cachanosky, en Argentina 8,8 millones de empleados tienen que mantener a 20,7 millones de personas, de los que 3,2 millones son empleados públicos, unos siete millones perceptores de pensiones de jubilación y el resto, unos nueve millones, son perceptores de algún tipo de ayuda o pensión no contributiva.

Destacan, entre estos, los perceptores de pensión de invalidez, algo más de un millón de personas, cuando en 2003, año inicial del mandato de Néstor Kirchner, solo existían 81.000 beneficiarios de este tipo de pensión. También se atribuye al kirchnerismo la duplicación del número de jubilados al permitir el acceso a la jubilación de personas que no cumplían los requisitos preestablecidos.

El presidente de Argentina, Mauricio Macri. (Reuters)
El presidente de Argentina, Mauricio Macri. (Reuters)

El Gobierno Macri optó por el gradualismo, como de una manera u otra han venido haciendo todos los gobiernos argentinos desde el derrocamiento violento de Perón en 1955. Nadie aborda la restricción del gasto público corriente. Ni las dictaduras militares, en busca de la legitimidad política de la que siempre van a carecer, ni los gobiernos democráticos, en busca de la reelección. El problema es que sin equilibrio presupuestario la inflación continúa su labor corrosiva sobre el tejido económico. Con una inflación superior al 30%, no es posible invertir. Ningún activo productivo puede garantizar retornos que permitan mantener en el tiempo el valor invertido. Sin inversión, no hay mejora de la productividad y se deteriora la competitividad. Sin competitividad, el potencial de crecimiento de la economía se limita al mercado interno no afecto a la competencia exterior. Crecimientos raquíticos, cuando no recesión, son la consecuencia inmediata. Aumentar ingresos fiscales con escaso o nulo crecimiento económico es prácticamente imposible.

Si elevadas tasas de inflación retraen la inversión, algunos gobiernos argentinos han conseguido empeorar la situación a través de los controles de precios, que directamente cercenan el flujo de caja de las empresas, provocan desabastecimientos y reducen la inversión empresarial a la nada. Solo tienen una única utilidad: la creación artificial de enemigos a los que culpabilizar primero y perseguir y expropiar después.

Todas estas experiencias intervencionistas sobre los precios, las iniciales en el primer Gobierno de Perón, las de 1973, 85, 89 o las de los gobiernos del matrimonio Kirchner, han terminado en fracaso económico. Macri acaba de lanzar su propia iniciativa: congelación de precios y tarifas por seis meses.

En 1959, España lanzó su Plan de Estabilización. En 1962, el PIB argentino en dólares corrientes era casi un 50% superior al español. En 1966, el PIB español superó al argentino. En 2018, el PIB argentino es aproximadamente un tercio del PIB español. Es la diferencia que se produce cuando en lugar de atacar los síntomas de una enfermedad se ataca la raíz del problema.

En el ámbito de las ciencias sociales es difícil establecer evidencias empíricas. Sin embargo, la historia económica de Argentina a lo largo de los últimos 70 años permite afirmar que, gobierne quien gobierne, haya llegado al poder como haya llegado, tenga la orientación ideológica que tenga, se producirán altos déficits públicos financiados con recurso al banco central, lo que producirá elevadas tasas de inflación que tratarán de ser controladas con políticas de precios y rentas que fracasarán. El deterioro económico continuará inexorable.

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