Petróleo: quítate tú que ya me pongo yo

El uso a gran escala del 'fracking' ha permitido a Estados Unidos convertirse en líder mundial en el mercado del petróleo. ¿Cómo afecta esto a la OPEP y a tu bolsillo?

Foto: Vertido de petróleo en una playa de Brasil. (EFE)
Vertido de petróleo en una playa de Brasil. (EFE)
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En 2020, el consumo mundial de petróleo alcanzará los 100 millones de barriles diarios. Crece algo más de un millón de barriles/día cada año. Desde 2010 hasta 2018, el incremento ha sido de 11,2 millones de barriles diarios. La producción, por su parte, ha crecido en el mismo periodo en 11,4 millones. El exceso de producción sobre el consumo hace que los mercados estén bien abastecidos, los 'stocks' mundiales relativamente altos y el precio haya descendido desde 2010 de 79,5 a 71,1 dólares por barril en 2018.

El reparto geográfico del incremento de producción mundial en el periodo considerado resulta llamativo:

El descenso de la producción del resto del mundo se debe sobre todo al declinar de la producción del mar del Norte y México, que no llega a ser compensada por la mayor producción de Brasil. La utilización masiva del 'fracking' ha permitido a Estados Unidos duplicar su producción y convertirse en líder mundial. El problema de la OPEP ha sido y es acomodar su producción al incremento de la de Estados Unidos y Rusia y sostener un 'adecuado' nivel de precios en el mercado.

Este proceso de acomodo de la OPEP se ha logrado a través del encaje de piezas diversas. La ya mencionada reducción moderada del precio, aumento de su capacidad productiva ociosa y, sobre todo, las crisis de Venezuela y Libia, y, en menor medida, Nigeria, que han retirado más de dos millones y medio de barriles diarios del mercado. Lo más llamativo es que, a diferencia de similares situaciones anteriores de exceso de producción, Arabia Saudí ha reducido la suya.

Son los aliados de Estados Unidos, Arabia Saudí, Emiratos e Irak, los países cuya producción ha crecido de forma significativa en el periodo. El caso de Irán es peculiar. De 2010 a 2015, su producción se redujo como consecuencia de las sanciones internacionales derivadas de su política nuclear. El acuerdo de 2015 y el levantamiento de las sanciones le permitió incrementar su producción en más de un millón de barriles diarios entre ese año y 2017.

La reimposición de sanciones por parte de Estados Unidos ya ha obligado a Irán a reducir su producción en 2018 y de forma más acusada en 2019, año en el que se espera que pierda como mínimo el millón de barriles recuperado desde 2015.

Las sanciones norteamericanas, aunque sean unilaterales y ni Europa ni el resto del mundo participen de ellas, son efectivas. Muy pocos bancos en el mundo y, desde luego, ninguno que tenga intereses en Estados Unidos pueden involucrarse en transacciones financieras de ningún tipo con Irán. Asegurar un cargamento o cualquier otra operación tampoco es factible.

En 2019, el precio medio del crudo en lo que va de año (63,4 dólares por barril) hace feliz a casi todo el mundo. Los grandes países consumidores podrían desear un precio inferior, pero no hacen ascos a un descenso del precio de casi 10 dólares por barril. Los países productores, en un mundo que cada vez habla más de reducir emisiones, están satisfechos con un precio que permite que el consumo mundial siga creciendo a buen ritmo. En Estados Unidos, el actual precio de mercado permite ganar dinero utilizando el 'fracking' como técnica extractiva.

El presidente de Irán, Hassan Rouhani. (Reuters)
El presidente de Irán, Hassan Rouhani. (Reuters)

La habitual eficiencia de la industria americana está reduciendo aún más el precio a partir del cual el 'fracking' empieza a ser rentable. Se calcula que hoy puede estar alrededor de 50 dólares por barril. La rentabilidad de las operaciones se traduce en inversiones crecientes en la producción, transporte, refino y distribución de petróleo y gas. En 2019, se espera que superen los 237.000 millones de dólares, con un aumento del 5% sobre el año anterior, con el consiguiente efecto tractor sobre la economía y el empleo y, sobre todo, con los incrementos de producción inducidos, que van a permitir que en 2020 (año electoral) y por bastantes años, Estados Unidos vaya a convertirse en un exportador neto de energía:

El único problema que desde la perspectiva de los países productores se vislumbra en el horizonte es la necesidad de seguir haciendo hueco a los incrementos de producción norteamericanos. En 2019, se calcula que el mercado tendrá que absorber cerca de 1,4 millones de barriles diarios de producción adicional y algo más de un millón en el año 2020. Cuadrar la ecuación puede requerir algún deslizamiento adicional a la baja del precio, algún ajuste menor en la producción de la OPEP y, sobre todo, que se cumplan tres premisas básicas: mantenimiento de las sanciones a Irán, que la tragedia venezolana siga su curso y que las facciones en guerra en Libia mantengan las hostilidades.

Retórica aparte, nadie debe sorprenderse de la pasividad absoluta de Estados Unidos a la hora de involucrarse en un eventual arreglo de la situación en Venezuela o en Libia. Desde la perspectiva de 'America First', lo único que puede sacar en claro a medio plazo es una caída del precio del crudo, hipótesis perjudicial para un país exportador neto de energía. John Bolton, el funcionario americano más involucrado en las presiones sobre el régimen de Maduro, ha sido cesado como consejero de Seguridad Nacional. La guerra de baja intensidad entre facciones rivales en Libia se mantiene sin que se vislumbre una victoria clara para nadie.

Los recientes ataques a instalaciones petroleras saudíes constituyen la amenaza iraní ante la sustitución directa de su producción por la de Estados Unidos, proceso que los saudíes, desde su atalaya de más de 12 millones de barriles diarios de producción, contemplan con indisimulada satisfacción. El problema es que la sangre llegue al río, en este caso al Golfo.

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