Esto es lo que hay

El parlamentarismo supone construir mayorías. Empeñarse en lo contrario es apostar por gobiernos minoritarios, que sirven para ser presidente, pero no para gobernar

Foto: Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa en Moncloa. (EFE)
Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa en Moncloa. (EFE)

Tenemos que repetir las elecciones pese a que el resultado de las últimas permitía la formación de al menos dos mayorías parlamentarias de partidos ideológicamente contiguos, PSOE + Ciudadanos y PSOE + Podemos, si bien esta última opción requería el apoyo de ERC y PNV.

Pedro Sánchez ofrece a su izquierda un Gobierno de cooperación (yo gobierno y tú me apoyas), veta la presencia de Pablo Iglesias en el Gobierno, declara que no dormiría tranquilo con ministros de Podemos a sus órdenes y termina con una confusa oferta de tres ministerios y una vicepresidencia más o menos descafeinados, que consiguió fuera rechazada.

Desde la restauración de la democracia, ningún político que militara en una formación situada a la izquierda del PSOE ha formado parte del Gobierno español. Que Podemos desaprovechara la oportunidad de aceptar la oferta socialista, por torticera que fuera, es difícil de entender. Para jugar una partida, es indispensable conseguir que te repartan cartas.

Desde la Transición, ningún político que militara en una formación situada a la izquierda del PSOE ha formado parte del Gobierno español

A la derecha, el líder del PSOE, tras el trance fallido de la investidura, se limitó a pedirle su abstención. Llama la atención que alguien que ha cimentado su poder en el partido socialista a partir del 'no es no' a Rajoy pida ahora sin inmutarse la abstención en su favor. Será que solo él merece lo que a otros debe negarse.

Reformar la Constitución para que gobierne el partido más votado no arregla nada. En una democracia parlamentaria, es imprescindible construir una mayoría que permita desarrollar un proyecto político a lo largo de cuatro años. Con cinco o seis partidos, más las formaciones nacionalistas en el arco parlamentario, es imprescindible alcanzar un acuerdo de gobierno que nunca puede ser el programa de un solo partido. Empeñarse en lo contrario es apostar por gobiernos minoritarios, por definición inestables. Sirve para ser presidente, pero no para gobernar.

Pablo Iglesias, en el Congreso de los Diputados. (EFE)
Pablo Iglesias, en el Congreso de los Diputados. (EFE)

Después de las elecciones locales y autonómicas, donde comprobó que el liderazgo de la derecha era una quimera inalcanzable, y del fracaso de la izquierda en la investidura, Ciudadanos debió ofrecer al PSOE la formación de una coalición de gobierno.

No hacerlo ha sido un error que según las encuestas pagará caro. Buena parte de su electorado votó a la formación de Rivera para que con sus votos moderara las pulsiones izquierdistas del PSOE, evitara el acuerdo con Podemos y, en definitiva, se comportara como lo que dice que es: un partido liberal. Los regates de última hora, cuando ya enfilábamos hacia unas nuevas elecciones, pusieron aún más de manifiesto la magnitud del error.

Que Podemos desaprovechara la oportunidad de aceptar la oferta socialista, por torticera que fuera, es difícil de entender

Cuando se milita en un partido y ese partido toma decisiones contrarias a tu criterio, lo único que se consigue con la dimisión y la renuncia a la militancia es que tu partido se escore aún más hacia posiciones ajenas a tu forma de pensar. La política es un mundo líquido, en el que lo que hoy tiene una forma mañana adopta otra diferente sin esfuerzo aparente. Desde dentro, antes o después, tu opinión, de una manera u otra, en mayor o menor grado, influirá en la toma de decisiones.

Puedes irte y fundar otro partido (modelo Errejón o Abascal) y, si tienes éxito, habrás conseguido notoriedad y perjudicar a tu anterior partido, pero lo más probable es que tu manera de pensar y entender la sociedad, en un sentido amplio, tenga menos posibilidades de imponerse en las urnas a otras opciones. El gran éxito de Errejón ha sido que la derecha gobierne en Madrid, y el de Abascal, reducir al PP a su mínima expresión parlamentaria.

El líder de Más País, Íñigo Errejón (2d), durante la presentación de la candidatura de Més Barcelona. (EFE)
El líder de Más País, Íñigo Errejón (2d), durante la presentación de la candidatura de Més Barcelona. (EFE)

Si los que piensan diferente dentro de un partido no deben irse, tampoco deben ser excluidos, hostigados e invitados a marcharse. Mejorar la democracia interna en nuestros partidos es una necesidad. El debate es sano. Ayuda a pensar, a valorar alternativas y a ensanchar los límites de las organizaciones. Siempre hay que respetar la opinión mayoritaria, pero siempre hay que huir de la opinión única. La formación de Errejón bien podría ser conocida como los 'damnificados' por Pablo Iglesias.

Cualquier organización política que se precie debe definir su programa de acuerdo con sus propias convicciones y nunca en relación con lo que dicen o hacen otras fuerzas políticas. Cuando pones a otro de referencia, aceptas un papel secundario con el correspondiente coste electoral, porque tiendes a sesgar tu oferta política en función a la referencia escogida. Algo así le pasó al PP con Vox en abril. Bien está rectificar, pero en tan corto espacio de tiempo, siempre queda la duda de cuál es la verdadera esencia del partido. No basta con ocupar un espacio y esperar acontecimientos si se quiere ilusionar a un electorado.

El centro derecha de España Suma deja fuera de España a todo aquel cuyas ideas no encajan en esa manera de pensar

España somos los españoles, y su futuro será el que entre todos diseñemos de forma democrática. Iniciativas como España Suma para agrupar al centro derecha dejan, por definición, fuera de España a todo aquel cuyas ideas no encajan en esa manera de pensar. En la izquierda, la mera mención a España produce urticaria. Más País es una prueba. Podían haber optado por Más Estado Español, expresión tan querida por cierta izquierda y por los nacionalistas.

Con la Constitución en la mano, España es nuestra nación. El nacionalismo catalán, sedición, malversación y desobediencia aparte, ha hecho saltar por los aires el pacto constitucional. Lo que se debate es la existencia de España como nación y convendría resaltar que, si no hay pacto, todo puede repensarse. Desde la Ley Electoral a determinadas competencias autonómicas.

España necesita consensos y nadie parece dispuesto a promoverlos. Sobre el consenso, se construyó y asentó la democracia. Llevamos cuatro años de gobiernos minoritarios y en funciones, mientras que el mundo se transforma a una velocidad pasmosa. Necesitamos grandes acuerdos en educación, pensiones, demografía y financiación autonómica. Necesitamos acordar nuestra estrategia política en el marco de la Unión Europea. Necesitamos abordar los retos del más inmediato futuro con un entendimiento común de lo que somos y de lo que queremos y podemos hacer.

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