¿Y si supiera lo que hace?

El pasado mes de septiembre, Estados Unidos se convirtió en un exportador neto de crudo y productos petrolíferos

Foto: Imagen de drpepperscott230 en Pixabay.
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Por primera vez desde 1973, año de creación de los correspondientes registros estadísticos, el pasado mes de septiembre Estados Unidos se convirtió en un exportador neto de crudo y productos petrolíferos. Estados Unidos importa y exporta petróleo crudo e importa y exporta productos derivados. Continúa siendo un importador neto de petróleo, pero desde hace años es un exportador neto de gasolina, diésel y otros productos. El saldo de ambos flujos el pasado septiembre alcanzó una exportación neta de 89.000 barriles diarios.

A lo largo de los últimos 10 años, este saldo ha sufrido una profunda transformación. Desde una importación neta de 9,6 millones de barriles diarios en 2009 a una importación neta de 2,3 millones en 2018 y a la inversión del saldo que tuvo lugar hace cuatro meses. La razón fundamental del cambio es el incremento de la producción de petróleo estadounidense, que creció desde los 5,3 millones de barriles diarios en 2009 a los 12,1 millones el pasado septiembre. Otro cambio notable fue legislativo: en diciembre de 2015, Estados Unidos eliminó la prohibición de exportar petróleo crudo. Desde entonces, sus exportaciones han crecido hasta alcanzar los 2,8 millones de barriles diarios. El crudo exportado es ligero, mientras que las importaciones que Estados Unidos efectúa son por lo general de crudo más pesado, con mayor contenido en azufre, más adecuado a la configuración del sistema de refino norteamericano, diseñado para tratar un crudo de peor calidad que el que ahora se produce gracias al 'fracking'.

El crecimiento de la producción de las refinerías norteamericanas también ha sido notable. En 2019, se ha alcanzado una exportación neta de 3,2 millones de barriles diarios frente a una importación neta de productos petrolíferos de 0,7 millones en 2009.

Llama también la atención el cambio en el origen de las importaciones de petróleo efectuadas por Estados Unidos. Más del 60% procede hoy de Canadá y México, sus dos vecinos. El pasado mes de octubre, las importaciones procedentes del golfo Pérsico se situaron en algo más de 0,7 millones de barriles diarios, el volumen más bajo en décadas. Apenas representaron el 9% de las importaciones americanas y comparadas con una exportación de 2,8 millones de barriles diarios, cuatro veces superior, nos proporciona una clara indicación de que el riesgo de un conflicto bélico en Oriente Medio es claramente manejable para Estados Unidos en términos de aprovisionamiento energético. Si además eres exportador neto, el impacto de las inevitables subidas de precio en caso de conflicto quedaría absorbido en términos macroeconómicos.

Otra novedad llamativa en el mercado internacional ha sido la reversión de los flujos de petróleo en el Canal de Suez. Por primera vez en años, el tonelaje de crudo transportado en dirección sur (del Mediterráneo hacia el mar Rojo) ha sido superior al transportado en dirección inversa, flujo tradicional para abastecer Europa. Dos han sido los factores más relevantes para que se produjera este cambio, y ambos tienen que ver con Estados Unidos. La exportación de crudo norteamericano a Europa ha desplazado cargamentos de crudo ruso que han ido a suministrar a países asiáticos y, por otra parte, las sanciones a Irán, restablecidas por Trump a finales de 2018, han reducido a la nada las exportaciones de Irán a Europa, con la consiguiente influencia en los tráficos en el Canal de Suez.

Las perspectivas para 2020 están en línea con los cambios comentados. La producción de crudo de Estados Unidos seguirá creciendo. Se espera que este año recién iniciado alcance los 13,2 millones de barriles diarios, casi un millón más que la cifra récord de 2019. Por otra parte, el 1 de enero ha entrado en vigor el cambio de especificaciones de los combustibles usados en navegación marítima aprobado por la Organización Marítima Internacional. Este cambio redundará en un incremento de la demanda de crudo ligero, que es el exportado por Estados Unidos.

A finales de 2019, los 'stocks' de crudo y productos de los países de la OCDE eran superiores a los existentes a finales del año anterior y, además, estaban altos comparados con la media de los últimos cinco años. La OPEP ha reducido su oferta de crudo y productos para hacer hueco al incremento de producción norteamericano, de forma que los precios se mantengan en el entorno de los 60 dólares por barril y no se produzca un descenso más pronunciado. Por consiguiente, la capacidad de producción ociosa de la OPEP está también alta en términos relativos. En caso de conflicto con Irán, es impredecible su impacto en la capacidad exportadora de Irak o de la propia Arabia Saudí, pero en principio hay margen para incrementar la producción y sustituir las exportaciones iraníes.

Un conflicto bélico siempre es una tragedia que debe ser evitada. La ejecución extrajudicial del general iraní Soleimani supone una escalada en el enfrentamiento entre Estados Unidos y sus aliados con el régimen de los ayatolás. No conocemos las razones que llevaron al presidente norteamericano a autorizar el ataque en Bagdad que acabó con el responsable de la acción militar de Irán en el exterior. Pudo ser una reacción inmediata al asalto de la embajada estadounidense en Bagdad o una decisión más meditada, un primer paso en una estrategia decidida para reducir la influencia iraní en la región, que tanto perturba a Israel y Arabia Saudí, principales aliados de Estados Unidos en la zona. También es posible que no se trate de una cosa ni de la otra, sino de galvanizar los sentimientos patrióticos de los votantes en un año en el que Trump se juega la reelección. La imagen que tenemos del presidente norteamericano nos lleva siempre a considerar más factible una reacción intempestiva que una decisión estratégica.

Lo cierto es que sean cuales sean los motivos de su presidente, la realidad es que Estados Unidos cada vez tiene más grados de libertad en las decisiones que tome respecto a la situación en el golfo Pérsico. Su independencia energética y, en concreto, su independencia en el abastecimiento de crudo y productos petrolíferos le permiten analizar las distintas alternativas con una perspectiva diferente.

El problema es el de una Europa dependiente y carente de peso, cuya posición se resume en una escueta y simple frase: “A verlas venir”.

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