Mediocridad para el mundo que viene

Garantizar que los alumnos que destacan puedan alcanzar todo aquello que se propongan sin limitaciones derivadas del nivel económico de su familia debería ser un objetivo irrenunciable

Foto: Manifestación con vehículos contra la ley de educación (Lomloe). (EFE)
Manifestación con vehículos contra la ley de educación (Lomloe). (EFE)

En 1969, el Departamento de Defensa de Estados Unidos conectó cuatro ordenadores situados en tres universidades californianas y la Universidad de Utah. En 1972, se envió el primer 'e-mail' dentro de esta red de ordenadores que no dejaba de crecer. Desde entonces, la expansión de internet ha sido imparable. En 1965, Gordon Moore, cofundador de Intel, señaló que el número de transistores en un microchip se doblaba cada dos años. Esta afirmación, conocida como ley de Moore, se ha revelado cierta a lo largo de los años. Más de 50 años después, aún se mantiene la tendencia a la reducción de tamaño, lo que ha producido un incremento brutal de la capacidad de computación de los grandes ordenadores, el desarrollo del ordenador personal, del teléfono móvil y la transformación de multitud de procesos industriales.

La revolución tecnológica afecta a todos los sectores productivos. No solo se trata de la mejora de cualquier proceso a través de la digitalización. Los estudiantes de economía saben que una información completa y disponible para todos los agentes del mercado es una condición para que se dé la 'competencia perfecta'. El problema es que en 'competencia perfecta', el beneficio tiende a cero. Cuando el beneficio se reduce, hay que reducir costes, y uno de los caminos más evidentes es la fusión entre negocios similares, sean bancos, fábricas de automóviles o medios de comunicación. Internet amplía la información disponible, facilita la comunicación —y por tanto la decisión de compra— y permite optimizar la logística de distribución. En términos más generales, reduce de forma drástica las barreras de entrada al establecimiento de cualquier negocio. El paso siguiente es la inteligencia artificial, capaz de establecer predicciones sobre el comportamiento de cualquier variable, a través de modelos que se autocorrigen con la adición de nuevos datos. La aproximación genérica de la publicidad y del 'marketing' será sustituida por propuestas individualizadas adaptadas a las necesidades específicas de cualquier empresa o particular. Todos estos cambios van a requerir capacidad de adaptación y resiliencia. Adaptarse al cambio como constante vital y la capacidad de recuperarse de los errores y fracasos, sean corporativos o individuales.

Nunca ha existido tal capacidad de comunicación a distancia, tal cantidad de información disponible ni tanta proliferación de fuentes distintas, tantas como personas tienen acceso a un teléfono inteligente y a internet. Este acceso indiscriminado ha permitido la proliferación de bulos y mentiras, cuyo objetivo muchas veces no es otro que alimentar las convicciones de quien quiere creer que las cosas son de determinada manera. Contra los bulos, contra las 'fake news', no sirven las comisiones gubernamentales de control, amenaza directa a la libertad propia de las sociedades abiertas. Solo sirven la formación, la cultura y el discernimiento, saber distinguir la realidad de la ficción interesada.

Cuando se pueden suspender algunas asignaturas sin consecuencia alguna, es imposible que no se produzca una reducción del nivel medio

Nuestras generaciones más jóvenes necesitan aprender a vivir con un cambio permanente, acelerado por la competencia y el cambio tecnológico. Necesitan capacidad de reinventarse ante el éxito —para prolongarlo— o el fracaso, para que no se repita. Necesitan la formación suficiente para distinguir la realidad de la ficción en un mundo a veces desfigurado por informaciones sesgadas. Frente a estas necesidades, la nueva ley de educación promueve un igualitarismo extremo, cuyas expresiones más notorias son la reducción del nivel de exigencia académico, la supresión de la financiación adicional por las familias a la educación concertada y la desaparición progresiva de la enseñanza especial. Cuando se pueden suspender alguna o algunas asignaturas sin consecuencia alguna para la superación de un curso o para la obtención del título de bachiller, es imposible que no se produzca una reducción del nivel medio. La igualdad solo se produce a la baja.

Prohibir a las familias aportaciones complementarias a los centros concertados garantiza una mayor igualdad entre la educación pública y la educación pública concertada, pero supone una forzosa reducción de recursos para esta última. A menos recursos, menos calidad. La igualdad, de nuevo, a la baja. Si se permitiera la financiación adicional, pero el Estado redujera la aportación a los centros concertados en un importe equivalente al 50% de lo aportado por los padres y el ahorro así producido se destinara a los centros no concertados, se alcanzaría un equilibrio no tan igualitario, pero en un nivel de financiación superior para todos los centros del sistema público.

Resulta bastante incomprensible que ante un hijo o hija con parálisis cerebral u otra minusvalía psíquica relevante los padres no puedan optar por una educación inclusiva o especial. Nadie mejor que ellos sabe lo que conviene más a sus hijos. La igualdad no puede consistir en impedir a quien lo necesita que se atiendan sus necesidades específicas.

A lo largo de la vida, pocas personas son tan necesarias como los profesores que te obligan a pensar, que te piden que identifiques las ventajas e inconvenientes de tus posibles decisiones y que te enseñan a preguntar lo correcto para avanzar en la resolución de problemas. La nueva ley de educación nace coja, al remitirse a una nueva propuesta normativa que en el plazo de un año regule la formación inicial y permanente, el acceso y el desarrollo de la profesión docente. En la nueva realidad en la que nos adentramos, disponer de buenos profesores tiene un valor incalculable.

Un último apunte sobre la asignatura de valores cívicos y éticos. El proyecto de ley señala: "En dicha materia, que prestará especial atención a la reflexión ética, se incluirán contenidos referidos a la Constitución española, al conocimiento y respeto de los Derechos Humanos y de la Infancia, a la educación para el desarrollo sostenible y la ciudadanía mundial, a la igualdad entre hombres y mujeres, al valor del respeto a la diversidad y al papel social de los impuestos y la justicia fiscal, fomentando el espíritu crítico y la cultura de paz y no violencia". Puestos a enumerar, se echa de menos una referencia a la separación de poderes, a la libertad de prensa y al respeto a la legalidad vigente como elemento esencial de la democracia.

Garantizar la igualdad de oportunidades es siempre difícil y hay quien lo considera una quimera, pero es un objetivo irrenunciable. Garantizar que los alumnos que destacan puedan alcanzar todo aquello que se propongan sin limitaciones derivadas del nivel económico de su familia, también debería ser un objetivo irrenunciable sobre el que la ley no dice una palabra. El igualitarismo a ultranza es la receta para la mediocridad y el fracaso.

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