La crisis del gas: el invierno del descontento
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Nemesio Fernández-Cuesta

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La crisis del gas: el invierno del descontento

Las raíces de la situación actual hay que buscarlas en los desequilibrios causados por la pandemia y el incremento del consumo en China

Foto: Foto: Reuters.
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El próximo 31 de octubre Argelia procederá al cierre del gasoducto que une sus yacimientos con España a través de Marruecos. En los 12 meses transcurridos entre septiembre de 2020 y agosto de 2021, Argelia nos suministró en números redondos unos 15 BCM (miles de millones de metros cúbicos), equivalentes al 46% de nuestras necesidades de gas. De estos 15 BCM, siete fueron suministrados por el gasoducto que atraviesa Marruecos, otros tantos por el gasoducto que une directamente la costa argelina con Almería y el BCM restante fue suministrado en barcos, en forma de gas natural licuado.

La empresa pública argelina Sonatrach (51%) y Naturgy (49%), propietarios del gasoducto Medgaz, que es el que une Argelia con Almería y que seguirá en funcionamiento, han anunciado la ampliación de su capacidad de transporte desde 8 a 10 BCM al año. Dicha ampliación estará operativa a lo largo de este último trimestre. El Gobierno argelino ha declarado que garantiza el suministro a España. Supuesta la ampliación de Medgaz y su funcionamiento sin problemas, deberíamos importar 5 BCM de gas natural licuado procedente de Argelia para mantener el nivel de suministro de gas argelino.

Argelia exportó el año pasado 15 BCM de gas natural licuado: sus principales clientes fueron Turquía (38%), Francia (29%) e Italia (19%). Nuestra cuota fue testimonial (3%), ya que la doble conexión por tubo hacía innecesaria la importación por barco. Sobre el papel es factible, aunque improbable, absorber algo más del 30% de las exportaciones argelinas de gas natural licuado. Será necesario que la voluntad política del Gobierno argelino se mantenga y los compromisos contractuales adquiridos por Sonatrach lo permitan. El precio será otra cuestión, sin que quepa olvidar que una de las prioridades políticas de nuestro Gobierno es la mejora de las relaciones con Marruecos, cuyo enfrentamiento con su vecino está en el origen del cierre del gasoducto que desde hace 25 años nos abastece de gas argelino a través del estrecho de Gibraltar.

Foto: Imagen de archivo de un buque metanero. (Reuters)

Si el suministro argelino no se mantuviera en los niveles actuales, nos veríamos obligados a competir por suministros alternativos en medio de una crisis en el mercado mundial del gas de la que no existen precedentes. A primeros de octubre, los precios del gas en los mercados spot europeos, incluido el nuestro, han superado los 100 euros por MWh. En términos equivalentes, es como si el barril de petróleo costara 200 dólares, precio jamás alcanzado ni en la peor de las crisis.

Aunque en Europa suframos algún agravante como la reducción temporal del suministro ruso, las raíces de la situación actual hay que buscarlas en los desequilibrios causados por la pandemia y el incremento del consumo en China. Entre 2019 y 2020, la producción mundial de gas se redujo en más de 120 BCM mientras que la reducción del consumo fue de solo unos 80 BCM. La diferencia se cubrió reduciendo los volúmenes de gas almacenado en todo el mundo. En estos meses de 2021, confluyen el incremento de la actividad económica respecto al año pasado más la necesidad imperiosa de recuperar las reservas de gas de cara a la temporada invernal en el hemisferio norte. En cuanto a China, se estima que, en el primer semestre de 2021, el consumo de gas natural creció un 15,5%. Este crecimiento solo se sostiene recurriendo a importaciones masivas.

Foto: gas-natural-crisis-energetica-batalla-mundial

A lo largo de los últimos 10 años, el crecimiento medio acumulativo anual de las importaciones chinas de Gas Natural licuado ha sido del 26,6%. En términos relativos, el consumo de gas en China es hoy todavía relativamente bajo, apenas un 9% del consumo mundial. Para poner esta cifra en contexto, conviene recordar que China consume un 26% de la energía que se consume en el mundo y, lo que es más llamativo, su consumo de carbón supone el 54% del total mundial. Si China quiere alcanzar su pico de emisiones antes de 2030 y la neutralidad en carbono en 2060, no le queda más remedio que utilizar el gas como energía de transición para sustituir el carbón: su presión sobre la demanda mundial de gas será permanente durante al menos los próximos 15 o 20 años.

Todos los indicadores señalan que, en primavera, transcurrida la temporada invernal, el mercado de gas recuperará una cierta normalidad, una vez superados los desequilibrios de la pandemia. Es de temer que la normalidad recuperada lo sea con unos niveles de precios claramente superiores a los de años pasados. La cotización a plazo en el mercado español de gas así lo indica. El problema es el tránsito por unos meses que amenazan con provocar una gravísima crisis a la industria española. El gas representa el 41,3% del consumo final de energía de nuestra industria y su precio se ha multiplicado por nueve en un año y sigue subiendo. La electricidad supone un 32,1% de la energía final de nuestra industria y su precio se ha multiplicado por cinco desde octubre de 2020.

Foto: Foto: EFE.

La situación es insostenible para la industria electrointensiva o para aquella cuyos procesos industriales requieren altas temperaturas. Además, si se trata de instalaciones industriales de un cierto tamaño, están sujetas al sistema de derechos de emisión de CO₂, cuyos precios también están disparados. En España, hay que sumar el gravamen derivado del Fondo de Sostenibilidad del Sistema Eléctrico al que quedan sujetos los operadores de gas y que, obviamente, repercutirán a sus clientes. Si tu proceso industrial supone un consumo de gas superior al eléctrico, tus costes subirán bastante más de lo que ahorres en la tarifa eléctrica.

Estamos descubriendo los coletazos económicos de la pandemia. El precio del gas, la carencia de semiconductores, la ruptura de cadenas de suministro. Durante los meses de encierro forzoso se arbitraron mecanismos de ayuda a las empresas, con la autorización de Bruselas, que, aunque en España se hayan usado de forma un tanto cicatera, han sido imprescindibles para el mantenimiento de parte de nuestro tejido empresarial. Tiene mucho más sentido negociar con la Comisión Europea el desarrollo de un sistema de ayudas temporales que palíen las consecuencias de esta crisis energética para los consumidores más vulnerables, sean hogares o empresas, que intervenir a las bravas un mercado eléctrico o dejar sin efecto el sistema europeo de derechos de emisión y tener que rectificar en cuestión de días. Rectificación no debida a la presión de Bruselas, sino a la simple realidad de que la evolución del mercado ha dejado fuera de juego tu andamiaje interventor.

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