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La energía en 2026: renovables, baterías y, como siempre, todo lo demás
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La energía en 2026: renovables, baterías y, como siempre, todo lo demás

Crece el consumo de energía en el mundo y crece también el consumo de todos los combustibles fósiles. Renovables y baterías crecen también. La transición energética es más un proceso de adición que de sustitución

Foto: Una persona trabaja subida a una torre de alta tensión. (Europa Press/Imanol Rimada)
Una persona trabaja subida a una torre de alta tensión. (Europa Press/Imanol Rimada)
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En este año recién terminado se han añadido a la red eléctrica de Estados Unidos 63 gigavatios de nueva potencia. Es una capacidad equivalente a la mitad de la potencia instalada que tenemos en nuestro sistema eléctrico peninsular. Lo más relevante es que el 52% de la nueva potencia es solar, el 29% baterías, el 12% eólica y el 7% gas. Solar y baterías suponen el 81% del total. Contrastan estas cifras con la idea de que la transición energética, sobre todo en Estados Unidos, está muerta, a falta de las últimas bendiciones y de unas cuantas paladas de tierra.

No es solo en Estados Unidos. En el mundo, por cada dólar dedicado a financiar el desarrollo de combustibles fósiles, al menos dos se han invertido en las llamadas tecnologías limpias. Esa proporción ha sido superior en China, Estados Unidos, la Unión Europea e India, los cuatro mayores emisores de CO2 del mundo. El capital fluye hacia actividades en las que hay visibilidad sobre los ingresos futuros e incremento de demanda, como los desarrollos de redes eléctricas y la inversión en renovables y baterías ligadas a la electrificación de la economía.

Esta realidad ha sido compatible con el hecho de que el consumo de todo tipo de energía siga subiendo. Sube el consumo de carbón, de petróleo, de gas, de energía nuclear y de renovables. La realidad es que la lógica económica se impone a los apriorismos ideológicos, de un signo u otro. La transición energética, concebida desde la izquierda como un proceso de sustitución, es hoy, cada vez más, un proceso de adición, en el que las tecnologías renovables -la forma más barata de producir electricidad- van a convivir durante décadas, sobre todo en las economías menos desarrolladas, con los combustibles fósiles. Para aquella derecha que niega el cambio climático, el bajo coste de las renovables está desplazando el debate desde la ideología hacia la economía. El mercado impone sus leyes y las renovables triunfan. Gracias a ellas y al almacenamiento, sobre todo en baterías, la electrificación de buena parte de nuestras economías se acabará imponiendo. En 2026 veremos cómo este proceso, continuo e irreversible, se atempera: en primer lugar, porque las capacidades de inversión y, sobre todo, los plazos de materialización de las inversiones son muy superiores a los que el voluntarismo político ha plasmado en la regulación vigente. El segundo factor es la necesidad de acompasar el proceso de electrificación, sobre todo en Europa, con un esfuerzo sostenido por mantener la competitividad de nuestra industria.

Foto: energia-2025 Opinión
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El carácter aditivo de la transición energética se subraya cuando se analiza el consumo mundial de productos petrolíferos, que se espera se sitúe en 2026 en 105 millones de barriles diarios. Como cada año, un récord. El crecimiento anual de la demanda, al igual que en 2024 y 2025, superará el millón de barriles diarios. En 2025, este incremento de demanda se ha visto más que compensado por la subida de producción de la OPEP y sus aliados, además de los incrementos de producción de Brasil, Guyana, Estados Unidos y Canadá. El precio del crudo Brent se ha reducido de 81 a 69 dólares por barril. Estas tendencias se mantendrán en el 2026: se espera un precio medio del barril de Brent en torno a 55 dólares. No obstante, en 2026 se espera un ligero descenso en la producción de Estados Unidos, que se situará en los 13,5 millones de barriles diarios, debido a los bajos precios y parece que la OPEP, en lugar de producir más como ha hecho en 2025, mantendrá la producción constante. Veremos cómo pinta 2027.

Estas tendencias básicas estarán sujetas a las alteraciones derivadas del impacto de la guerra en la infraestructura petrolera rusa, que se esperan, como hasta ahora, menores, y de la efectividad de las sanciones a Rusia, Irán y Venezuela. Todas estas sanciones están siendo circunvaladas gracias a la existencia de una "flota fantasma", compuesta por barcos de diferentes banderas, que cargan el crudo en los países sancionados y lo transbordan a otros barcos en el mar o lo descargan en países que no aceptan la vigencia de las sanciones impuestas por los países occidentales. Los mayores receptores de crudo "sancionado" son China e India. Nadie está dispuesto a incomodar demasiado a estos países y, por otra parte, la efectividad real de las sanciones encarecería el precio del crudo, cosa que no desean los "sancionadores", empezando por Estados Unidos.

Foto: abundancia-petroleo-gas-mercado-energia-1hms Opinión

El reciente bloqueo de Venezuela constituye, por tanto, una novedad. Es un país americano, con inmensas reservas de crudo pesado -complementario del petróleo ligero estadounidense- y cuya importancia en el mercado mundial es reducida. Gracias a Chávez y Maduro su producción actual no llega al millón de barriles diarios, muy lejos de los tres millones largos que producía a principios de este siglo. Su peso en el mercado mundial es irrelevante. El bloqueo apenas tendrá traslación a los precios del petróleo, pero sí puede afectar a los lazos del régimen venezolano con Cuba e Irán.

La bonanza prevista en el mercado del petróleo se extiende también al gas natural. El volumen del mercado mundial de gas natural licuado fue en 2024 de 411 millones de toneladas. La tasa de crecimiento anual acumulada de este mercado se sitúa, a lo largo de los últimos diez años, en un 5%. El consumo en 2026 se calcula que estará en torno a los 455 millones. La capacidad de licuefacción en 2025 y 2026 se espera que se incremente en más de 90 millones de toneladas, el doble de lo que se espera que crezca el consumo. Este exceso de oferta mantendrá los precios a la baja, tendencia que deberá mantenerse hasta 2030, dada la cantidad de proyectos de licuefacción en construcción en todo el mundo.

En España, seguiremos arrastrando el apagón. El porcentaje de generación sin emisiones -nuclear y renovables- en 2025 se ha reducido un 2,5% en favor de la generación con emisiones, con los ciclos combinados de gas a la cabeza. El consumo de gas para la generación de energía eléctrica ha subido un 47,5% entre mayo y noviembre de 2025. Hemos producido una electricidad más cara y contaminante gracias al "sistema de operación reforzado" de Red Eléctrica. Hemos "desperdiciado" una importante producción renovable debido a la ausencia de almacenamiento. El ministerio, la CNMC y Red Eléctrica deberían, a lo largo de 2026, dar respuesta a las preguntas sin contestar sobre el apagón y tomar las medidas para reforzar la seguridad de nuestro sistema eléctrico, que van bastante más allá de abrir la espita del gas y a vivir que son dos días: ya estamos los consumidores para pagar la factura.

En este año recién terminado se han añadido a la red eléctrica de Estados Unidos 63 gigavatios de nueva potencia. Es una capacidad equivalente a la mitad de la potencia instalada que tenemos en nuestro sistema eléctrico peninsular. Lo más relevante es que el 52% de la nueva potencia es solar, el 29% baterías, el 12% eólica y el 7% gas. Solar y baterías suponen el 81% del total. Contrastan estas cifras con la idea de que la transición energética, sobre todo en Estados Unidos, está muerta, a falta de las últimas bendiciones y de unas cuantas paladas de tierra.

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