La posible o imposible recuperación de la industria petrolera venezolana
En Venezuela hay petróleo de sobra para recuperar los niveles de producción del pasado. El problema es cambiar un sistema económico y una política petrolera que han conducido al desastre actual
Un buque petrolero navegando en el lago de Maracaibo, en Maracaibo (Venezuela). (EFE/Henry Chirinos)
Cuando Chávez ganó las elecciones en 1998, Venezuela producía 3,4 millones de barriles diarios de petróleo. Veintisiete años después, cuando su sucesor, Nicolás Maduro, ha sido depuesto a través de la intervención militar norteamericana, la producción de crudo venezolanano alcanza el millón de barriles diarios.
No es un problema dereservas de crudo. Venezuela alberga el 18% de las reservas mundiales. Al ritmo de producción actual, podría estar produciendo más de trescientos años. Cuadruplicar el ritmo de producción supone reservas para setenta y cinco años. El término "reservas" puede además inducir a confusión. Para que una empresa o un país pueda contabilizar reservas, éstas deben ser producibles tanto desde un punto de vista técnico como económico. La mayor acumulación de reservas de Venezuela se encuentra en la Faja del Orinoco, una extensión de 55.000 kilómetros cuadrados ubicada al norte del río. Se calcula que sólo el 20% del crudo existente en la zona tiene la consideración de reservas, es decir, es producible con la tecnología existente y a los precios actuales. En Venezuela hay petróleo para aburrir. El problema está en los detalles.
En comparación con otros campos de petróleo, considerar como producible sólo el 20% del petróleo in situ es una cifra muy baja. La razón es que el petróleo de la Faja es un petróleo muy pesado y viscoso. Apenas fluye. Más que un líquido más o menos espeso, es una pasta blanda de color negro. En su producción, hasta disponer de un producto comercializable, pueden distinguirse tres fases: la primera es la extracción del subsuelo. Por métodos tradicionales, dadas las características del petróleo, apenas se produce un 10% del petróleo del yacimiento. Este factor puede mejorarse inyectando gas en el reservorio y mezclándolo con el crudo. Una alternativa, todavía no desarrollada en Venezuela, es la recuperación "en caliente", introduciendo vapor en el subsuelo, cuyo calor diluya parcialmente el crudo. Es el procedimiento que se usa, por ejemplo, con las arenas bituminosas de Canadá. La segunda fase es transportar el petróleo producido hasta la costa. Es un recorrido de unos 200 kilómetros. Para poderlo transportar por oleoducto, el crudo tiene que mezclarse con un diluyente. En Venezuela se utiliza la nafta, producto directo de la destilación del petróleo y materia prima para la fabricación de gasolinas. Una vez transportada la mezcla de crudo y diluyente a la costa, la tercera fase consiste en el procesamiento parcial del crudo para convertirlo en un petróleo comercializable en el mercado mundial. Es fácil entender que el desarrollo de la Faja del Orinoco, más allá de los cuatro proyectos ya existentes, requerirá años y miles de millones. Con una duda adicional: la rentabilidad de las inversiones si el precio del crudo se sitúa, como desea Trump, en los 50 dólares por barril. Conviene recordar que si no hay rentabilidad, no hay reservas, aunque la cantidad de crudo del subsuelo sea estratosférica.
Además del petróleo de la Faja, Venezuela cuenta con otras cuencas productoras, tanto en el oeste del país -Maracaibo- como en el este -Monagas-, cuyo petróleo es de más fácil extracción. Las estimaciones disponibles sobre la producción actual indican que la producción procedente de la Faja del Orinoco se sitúa en unos 500.000 barriles diarios, 300.000 en Maracaibo y unos 140.000 en Monagas. Desde un punto de vista técnico, con unas inversiones no demasiado elevadas, la producción de estas dos últimas cuencas podría elevarse con cierta celeridad. Algunas estimaciones señalan que en dos años la producción podría crecer unos 700.000 barriles diarios.
Al margen de las consideraciones técnicas, movilizar recursos para invertir en la industria petrolera venezolana requiere una modificación profunda del marco jurídico de la industria tras décadas de socialismo bolivariano. La primera modificación imprescindible es la dolarización de la actividad petrolera. Si se quieren perforar nuevos pozos, reparar los existentes, adecuar instalaciones de producción o inyectar agua o gas para mejorar el factor de recuperación de campos ya maduros, se requiere comprar bienes y contratar servicios que se pagan en dólares. Con períodos de hiperinflación entre 2015 y 2017, con una depreciación absoluta y continua del bolívar, con una inflación en 2024 cercana al 85%, es imposible desarrollar una actividad inversora en ningún ámbito económico. Mucho menos cuando hablamos de inversiones con un dilatado período de maduración. Si los costes son en dólares, los ingresos, aunque el comprador sea PDVSA, tienen que ser en dólares.
Tras la reforma promovida por Chávez, las actividades de las empresas petroleras internacionales en Venezuela se desarrollan a través de empresas mixtas, en las que Petróleos de Venezuela (PDVSA) tiene el 60% del capital y la petrolera extranjera el 40% restante. La producción de estas empresas se vende obligatoriamente a PDVSA. La empresa estatal venezolana ha laminado la actividad de todas las empresas mixtas, dejándolas sin liquidez al no pagarles el crudo entregado. Sin caja y sin aportaciones del socio mayoritario no hay inversiones y, sin éstas, la producción decae. De cuando en cuando, después de idas y venidas, PDVSA calculaba el dividendo correspondiente al 40% del capital y entregaba un cargamento de crudo para cobrarlo. Cuando llegaron las sanciones de Estados Unidos, ni siquiera esa opción estaba disponible. Todo este sistema deberá ser revertido. Antes de las empresas mixtas, las empresas extranjeras contaban con sus áreas de explotación, cuya producción vendían a PDVSA a un precio prefijado, que tenía en cuenta las inversiones efectuadas por cada compañía, y que permitía la obtención de un beneficio después de impuestos considerado razonable por la petrolera extranjera. PDVSA utilizaba el crudo producido para alimentar sus refinerías y exportar el resto. La diferencia entre el precio pactado con la petrolera extranjera y el precio de mercado era el beneficio de PDVSA. Hay muchos otros sistemas de contratación a lo largo y ancho del mundo, que garantizan que el país productor se quede con el grueso de los ingresos del petróleo. Lo importante es, sea cual sea el sistema que se decida, que Venezuela obtenga los ingresos a que tiene derecho por la explotación de sus recursos y las empresas que facilitan esa explotación obtengan el retorno adecuado para sus inversiones, que les permita reinvertir para mantener e incrementar la producción y repatriar a su matriz el beneficio sobrante.
Una pieza fundamental en la recuperación de la industria petrolera venezolana es la reconversión de PDVSA en una empresa petrolera al uso. Las empresas internacionales pueden hacerse cargo de una parte notable de la producción, pero siempre será necesario el concurso de la empresa estatal en el proceso de producción, transporte, refino y comercialización del crudo y sus productos derivados. Los Gobiernos de Chávez y Maduro usaron la empresa para la consecución de fines sociales de cualquier tipo. Una de las referencias favoritas de Chávez era un artículo escrito en 1936 por el intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri titulado 'La siembra del petróleo', en el que se abogaba por la diversificación de la economía venezolana a partir de los recursos proporcionados por la producción de petróleo. La interpretación práctica chavista fue la utilización directa de los fondos de PDVSA para cualquier finalidad, en principio de carácter social, tuviera o no que ver con la industria del petróleo. Convertir a la empresa petrolera nacional en un ministerio de asuntos sociales supuso un drenaje de fondos y esfuerzos que en nada benefició a la industria. Otra iniciativa saldada con un notable fracaso fue la constitución de PDVSA Servicios, empresa con la que se pretendía sustituir, en régimen de monopolio, a las empresas internacionales a las que recurrían las empresas petroleras para la ejecución de operaciones especializadas en sus respectivas áreas de producción. Se adquirieron taladros de perforación chinos, cuyo funcionamiento era, como poco, deficiente. La ausencia de repuestos hizo el resto. Nunca los trabajos prestados por PDVSA Servicios alcanzaron la calidad requerida, ni se prestaron en tiempo y forma, con el consiguiente impacto en la producción.
Otra compleja cuestión es la recapitalización humana de PDVSA. Uno de los primeros intentos de oposición a las reformas socialistas de Chávez fue la convocatoria de una huelga de PDVSA, que tuvo lugar entre diciembre de 2002 y febrero de 2003. La huelga fracasó y, una vez recuperado el control de la compañía, el Gobierno de Chávez despidió a 18.000 empleados, la mayoría de alta cualificación. Entre 2014 y 2025, según datos de Naciones Unidas, unos ocho millones de venezolanos dejaron su país. Es una de las mayores migraciones de la historia reciente del mundo. Entre ellos, lógicamente, mucho personal de la industria petrolera, cuyas vacantes no han podido ser reemplazadas. El gravísimo descenso de la producción venezolana comienza en 2015 y se acelera a partir de 2018. La vuelta de la población emigrada a Venezuela no es sencilla. Requiere un cambio drástico de las condiciones en las que se desenvuelve la economía venezolana. Requiere el abandono de los postulados ideológicos que han impregnado todas las decisiones económicas de los gobiernos de Chávez y Maduro. No es fácil revertir más de veinte años de socialismo bolivariano. Sobre todo, si quien tiene que pilotar el cambio es un gobierno de la misma orientación ideológica.
Un país petrolero tiene la ventaja de poder apoyar su transformación económica en los ingresos del petróleo. El problema venezolano es que, por ejemplo, las exportaciones a China, que son el grueso de sus ventas al exterior, no generan ingresos: son ventas que se efectúan en devolución de préstamos recibidos. El petróleo que se envía a Cuba tiene un precio inferior al de mercado y sirve también para pagar servicios prestados por Cuba, inicialmente médicos y maestros y, cada vez más, servicios relacionados con la seguridad del régimen de Maduro. La muerte de sus guardaespaldas cubanos en la intervención militar estadounidense es una evidencia adicional de las imbricaciones entre ambos regímenes. Aquí las preguntas son muchas: el Gobierno bolivariano, ahora sin Maduro, ¿va a dejar de pagar su deuda con China? ¿Va a romper sus profundos lazos con Cuba, que afectan a su sistema de seguridad interior y, por tanto, a su capacidad de mantenerse en el poder? Con una trascendencia menor, ¿Rusia e Irán seguirán siendo socios preferentes de Venezuela? Rosneft, la empresa rusa sancionada hace pocos meses por Estados Unidos, sustituyó a la empresa norteamericana ConocoPhillips en uno de los cuatro proyectos productivos de la Faja del Orinoco, cuando los estadounidenses no aceptaron la migración a las empresas mixtas. ¿Se invertirán ahora los términos? El actual Gobierno venezolano tiene que transformar drásticamente su política exterior, además de su política económica, si quiere subsistir bajo el "protectorado" estadounidense y, lo más relevante, si de verdad pretende revertir el rumbo de la economía venezolana y, para ello, debe transformar en profundidad su política petrolera. Las exportaciones de crudo tienen que proporcionar dólares a Venezuela. No es posible su utilización para pagar deudas o servicios y dejar las arcas públicas igual de vacías.
La reconstrucción de la economía de un país no es tarea fácil. La reconstrucción de la industria del petróleo, pese a la abundancia de recursos, es quizás más difícil, dado que el concurso de las empresas internacionales es imprescindible. Como señaló el presidente de Exxon en la reunión con Trump, hoy es imposible invertir en Venezuela. La modificación en profundidad del marco legal es imprescindible. La seguridad jurídica no puede obviarse y debe mantenerse en el tiempo. Devolver a PDVSA el perfil propio de una empresa petrolera integrada, capaz de contratar con terceros con capacidad de realizar tareas especializadas y dotada de recursos humanos de alta cualificación, es una tarea también imprescindible. Todo ello en el marco de un sistema económico absolutamente alejado del socialismo bolivariano. La tarea por delante es abrumadora. No parece fácil que el simplismo que preside la política norteamericana sea compatible con la complejidad de los problemas que hay que solventar. No obstante, si existe voluntad de cambio, aunque sea forzada por la presión estadounidense, lo importante es empezar a andar.
Cuando Chávez ganó las elecciones en 1998, Venezuela producía 3,4 millones de barriles diarios de petróleo. Veintisiete años después, cuando su sucesor, Nicolás Maduro, ha sido depuesto a través de la intervención militar norteamericana, la producción de crudo venezolanano alcanza el millón de barriles diarios.