Ciudadanos: los puntos oscuros
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Esteban Hernández

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Ciudadanos: los puntos oscuros

Un nuevo libro, que será publicado la semana próxima, analiza al partido de Albert Rivera, una formación que surgió por sorpresa y que no ha despejado aún algunas incógnitas

Foto: Se acerca el momento de las elecciones y todavía son muchas las incógnitas en relación a Albert Rivera y su equipo. (EFE)
Se acerca el momento de las elecciones y todavía son muchas las incógnitas en relación a Albert Rivera y su equipo. (EFE)

Apenas hace diez meses, todo apuntaba a que Rivera iba a dejar escapar una gran oportunidad. Existía un notable descontento entre esa derecha española liberal que no se sentía representada por Rajoy y el PP, que aspiraba a una modernización económica y en las costumbres, y que veía con enorme desagrado la situación de deterioro institucional, acentuada por la corrupción, que la llegada de Podemos había hecho explícita. Existía un nicho esperando una nueva opción, Rivera encarnaba a la perfección al líder que podía canalizar esas aspiraciones, pero a Ciudadanos le había faltado valor para salir decididamente de Cataluña, UPyD continuaba bloqueando la fusión que todo el mundo en ese entorno esperaba y Podemos estaba llevándose el voto del descontento.

Todo cambió una semana antes de las elecciones andaluzas, cuando los sondeos pusieron en el mapa a Ciudadanos de manera sorprendente. Su intención de voto había aumentado rápidamente y señalaba que iban a dejar de ser un partido menor y a convertirse en un actor importante. Los comicios dieron la razón a las encuestas y Ciudadanos terminó siendo la formación que hizo posible el gobierno de Susana Díaz. Ese éxito, menor pero muy relevante, sirvió para colocar a la formación en el mapa político español, para fragmentar en cuatro actores importantes la escena política y para que las suspicacias sobre Ciudadanos se disparasen. ¿Cómo podían haber subido tanto en tan poco tiempo? ¿Por qué recibían tanta atención mediática? ¿Por qué eran a menudo destacados en buenos términos? La respuesta desde la izquierda fue rápida: Ciudadanos era el partido que el Ibex 35 había impulsado para estabilizar el sistema. Querían un Podemos de derechas, como había suplicado el presidente del Banco de Sabadell y aquí lo tenían.

En un capítulo del libro colectivo coordinado por John Müller #Ciudadanos. Deconstruyendo a Albert Rivera (Ed. Deusto), que incluye aportaciones de Antón Losada, Juan Ramón Rallo, Pau Marí-Klose o Pablo R. Suanzes, entre otros, cuento cómo José Manuel Villegas, director de las campañas electorales de C's, rechazaba esas acusaciones afirmando que ya les gustaría recibir fondos para sus campañas, también de esa procedencia, mientras que Garicano negaba la relación señalando que su programa económico incluía propuestas nada amables para con empresas del Ibex 35, como la del AVE.

Lo cierto es que, ya fuera un fenómeno espontáneo o dirigido, Ciudadanos supo hacer algo que El Jueves sintetizaba con gracia en una de sus portadas: transitar el camino que Podemos abrió. Los de Iglesias cometieron el error típico de una mala start up, pensar que bastaba con la fórmula que habían inventado. Ellos llegaron antes con el mensaje del deterioro institucional, la corrupción y la conversión de la política en un cortijo, pero pensaron que, por haberlo enunciado en primer lugar, el terreno de juego sería sólo suyo. Rivera jugó esas mismas bazas, pero hizo otras cosas dirigidas a otro target y consiguió un notable rédito.

Ciudadanos era el partido que el Ibex 35 había impulsado. Querían un Podemos de derechas, como había suplicado el presidente del Banco de Sabadell

La segunda de las incógnitas de Ciudadanos es quién lo compone. Al margen de la opa hostil a UPyd (por utilizar el término que emplea Andrés Gonzálesz en el libro), una operación que no terminó de cuajar, han existido muchas dudas respecto de las personas que, sobre todo a nivel local, han entrado en un partido que necesitaba componer estructuras y componer cuadros a toda prisa. Las elecciones municipales forzaron a acelerar la marcha de construcción del partido, lo que dio lugar a que la directiva abriera las puertas de las listas municipales a desconocidos de los que a menudo no tenía más referencias que las que encontraba en Google. Esta forma de organización laxa permite que el líder pueda ejercer un control fuerte sobre el centro del partido y que nadie pueda poner en cuestión sus órdenes (porque sería tanto como poner en cuestión al líder, lo cual es una partida perdida) pero tiene como inconveniente que muchos de los nuevos cargos locales sean personas de quienes se ignora casi todo, como prueba el reciente escándalo que ha protaganizado una de sus ediles andaluzas.

La tercera incógnita es cuál va a ser su papel real en la política española. Todo apunta a que las elecciones catalanas constituirán un refuerzo a la alternativa Rivera, si como parece acaban ocupando el segundo puesto y por encima de sus dos principales rivales (PP como partido de derechas, Podemos como partido emergente). Pero las generales serán muy distintas: al igual que ocurrió con UPyD durante los momentos más tensos con el independentismo vasco, Ciudadanos se ha asentado a partir de su oposición al nacionalismo regionalista, pero esa baza no se le será particularmente útil en España, máxime cuando el PP ha tejido un discurso del miedo que le permite concentrar los votos como la única alternativa posible al teórico gobierno de PSOE y Podemos. Esa baza perjudica mucho a Ciudadanos, ya que los electores pueden ser más remisos a ignorar terceras vías y a apostar por lo que entienden como voto útil. Si las elecciones parecen decididas y las encuestas arrojan un gobierno claro PP- Ciudadanos, puede haber más trasvase de papeletas hacia C's, pero si no es probable que los resultados de Rivera queden menguados.

En todo caso, la pregunta de fondo no es sólo si Ciudadanos va a ser una palanca que lleve al poder al PP y estabilice el sistema, creando un nuevo actor que viene bien a los partidos mayoritarios a la hora de los pactos para llegar al gobierno, ya que permitiría (al tiempo que prescindir de Podemos) no tener que echar mano de los partidos nacionalistas en caso de que, como está previsto, ningún partido goce de mayoría absoluta. La cuestión es si Rivera será un nuevo Bayrou o un nuevo Nick Clegg, líderes que emergieron como tercera opción para desaparecer en las siguientes elecciones generales, absorbidos por los partidos a los que habían dado su apoyo, o si por el contrario se convertirá en un líder sólido con opciones reales de gobernar.

La pregunta es si hay una operación en marcha para que Rivera sea el líder de la derecha

Dicho de otro modo: la pregunta de fondo es si las élites españolas se están cansando del PP y ven con buenos ojos un relevo generacional en el que quienes dirijan el país sean personas no contaminadas por asuntos de corrupción y que tengan un programa económica y socialmente moderno que les sea favorable. Desde la izquierda señalan que la opción preferida del Ibex 35 para estas elecciones sería la alianza entre Pedro Sánchez y Rivera, no porque les haga especial ilusión, sino porque así eliminarían los lastres que el PP está arrastrando. Por tanto, la pregunta pertinente es si hay una operación en marcha para que Rivera termine siendo el líder de la derecha en lugar del presidente del Gobierno, si Albert es sólo un instrumento para acabar con Rajoy o si C's no es más que una manera de estabilizar el sistema en momento de descontento.

Título: ‘#Ciudadanos. Deconstruyendo a Albert Rivera’ (Ed. Deusto)
Subtítulo: Las respuestas a las diez grandes preguntas sobre Ciudadanos

Autores: Pablo Rodríguez Suanzes | Marisa Bernal Gallero | Esteban Hernández Jiménez | Antón Losada Trabada | Juan Ramón Rallo Julián | Aurora Nacarino-Bravo Jiménez | John Freddy Müller González | José Fernández Albertos

Fecha de publicación: Martes, 22 de septiembre

Enlace web del libro

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