La trampa que ha tendido Rajoy a sus rivales y que firmaría Mourinho

En el periodo poselectoral, los populares han puesto en marcha la estrategia que llevan practicando con éxito durante varios años. Y les ha salido bien

Foto: Mariano Rajoy en el Congreso, el pasado 6 de abril. (REUTERS/Andrea Comas)
Mariano Rajoy en el Congreso, el pasado 6 de abril. (REUTERS/Andrea Comas)

Rajoy ha recibido numerososas críticas por su inacción tras las elecciones. Su decisión, imagino que alimentada por los asesores de siempre, de hacerse a un lado, dejar pasar y ver los toros desde la barrera, ha generado bastante animadversión, incluso entre la derecha. Sin embargo, se trata de una decisión inteligente, porque resulta pragmática, y porque le permite hacer lo de siempre, jugar a la contra. Su llegada al poder con mayoría absoluta surgió de una estrategia prolongada de acoso al partido en el Gobierno que le permitió desgastar a Zapatero sin otra articulación de programa más allá de decir lo mal que lo estaban haciendo los demás, y para algo que prometió se desdijo al día siguiente de llegar a la Moncloa.

Su legislatura ha continuado por ese camino: más de la mitad ha transcurrido justificando sus medidas como necesarias para acabar con el caos creado por los socialistas en el mandato anterior, otra parte por defender a España de los nacionalismos secesionistas y la parte final avisando de los males catastróficos que aquejarían a nuestro país si llegara Podemos al Gobierno, con o sin el PSOE. Es el terreno en el que se encuentra cómodo, el de la contranarrativa, el de la oposición de la oposición, y la investidura le ha dado una ocasión más para ejercerlo.

En esas estamos, viendo cómo los adversarios políticos de Rajoy se pelean, discuten y acuerdan no acordar nada

Es una postura cómoda, porque te permite pasar de la defensiva a la ofensiva: no tienes que explicar lo que has hecho, ni exhibir razones que lleven a los votantes a creer en ti, y tampoco tienes que tejer relatos acerca de qué ha pasado con la corrupción; ni siquiera tienes que molestarte en contar lo que vas a hacer. Es mucho más fácil: apuntas con el dedo a los competidores y señalas todas sus deficiencias, sus incoherencias o sus peleas internas, y te sientas a esperar el desgaste. En esas estamos, viendo cómo sus adversarios políticos se pelean, discuten, acuerdan no acordar nada y tratan de echarse las culpas unos a otros del no desalojo de Rajoy de la Moncloa mientras preparan las elecciones.

Una negociación imposible

La elección tenía sus riesgos, porque existía la posibilidad de que saliera mal, y de que a alguno de ellos se le cruzaran los cables y decidiera impulsar un Gobierno en el que no estuviera el PP. Pero era una opción muy remota. Y si no fuera bastante, justo en la semana en que van a reunirse los tres principales partidos de oposición, aparecen más noticias sobre Podemos y Venezuela y similares, lo cual contribuye a que una negociación imposible lo sea aún más.

La estrategia de Rajoy de jugar a lo Mourinho, presionando a los rivales dentro y fuera del campo, defendiendo al límite, le va a salir bien

De manera que este teatro con vistas a unas elecciones que casi nadie quería, pero que todos preveían, está a punto de acabar. Lo que hemos visto ha sido táctica, intentos de posicionarse dentro de su partido y frente a los electores, intentando que los resultados electorales sean lo menos malos posible.

Albert Rivera pasa por delante de Rajoy durante la sesión parlamentaria. (REUTERS/Andrea Comas)
Albert Rivera pasa por delante de Rajoy durante la sesión parlamentaria. (REUTERS/Andrea Comas)

La trampa que el PP situó bajo los pies de sus rivales está dando sus réditos. Sus escándalos de corrupción, sus problemas con aquello que decían que estaban haciendo bien, como el cumplimiento del déficit, la falta de liderazgo de Rajoy, las tensiones internas y tantas otras cosas han sido menos visibles que las dificultades de sus rivales para llegar a acuerdos.

Una estrategia ganadora

Los populares han vivido un tiempo relativamente cómodo, con su líder en perfil bajo, a la espera del fracaso ajeno, y los demás no han salido especialmente bien parados. Ciudadanos ha sido quien mejor imagen ha obtenido, pero es competidor más amable, tanto porque será su aliado para gobernar como porque, si se producen elecciones, será fácil quitarle votos aludiendo al voto del miedo y a la necesidad de estabilidad. Y Pedro Sánchez no ha ganado mucho con esto, pero algo tenía que intentar si quería conservar su despacho en Ferraz. Tampoco Podemos, que entre el acoso mediático y los problemas internos ha perdido algo de apoyo. 

En fin, que la estrategia de Rajoy de jugar a lo Mourinho, presionando a los rivales dentro y fuera del campo, defendiendo al límite, y replegándose en terreno propio para salir al contragolpe, le va a salir bien. Lo que es más extraño es que los demás, conociendo cuál es su sistema, hayan caído en su propuesta.   

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