La fórmula de Pablo Iglesias para el futuro de Podemos

La discusión acerca de las razones que llevaros a los de Iglesias al fracaso ha dejado paso rápidamente a las tesis acerca de lo que harán ahora. Pero sus opciones están limitadas

Foto: La expectación acerca de lo nuevo ha sido elevada. Pablo Iglesias la ha aprovechado. (Efe/J.J. Guillén)
La expectación acerca de lo nuevo ha sido elevada. Pablo Iglesias la ha aprovechado. (Efe/J.J. Guillén)

El recorrido de Podemos ha sido analizado extensamente, porque nada ha sido objeto de tanta teorización como el que una vez fue el partido de moda. Lo que propongo es una lectura alternativa, sin entrar en asuntos ideológicos, valorando únicamente su posicionamiento estratégico. Porque el modo que ha utilizado para crecer tiene mucho que ver con estos tiempos, porque son bazas habituales en muchas empresas, y porque cuentan con algún elemento peculiar.

Podemos nació como reacción frente a su propia tradición. Todos venían de la izquierda, eran conscientes de los problemas graves en que se estaba desenvolviendo, habían analizado lo que no funcionaba, y además se encontraron con un entorno, el latinoamericano, que les demostró que otro tipo de tácticas podían llevar al éxito electoral. Así, pusieron en práctica nuevas recetas que se articulaban fundamentalmente, como bien cuenta Monedero, a través de tres ideas.

Las tres claves de lo nuevo

En primer lugar, combatieron el marxismo ortodoxo y sus marcos de pensamiento, caso del proletariado como actor histórico o de la propiedad estatal de los medios de producción, que no tenían mucho que ver con la sociedad actual. En segundo, reaccionaron contra el mundo opresivo del partido, que sometía a sus militantes a una disciplina casi militar donde no cabían disensiones. La propuesta de formaciones abiertas, organizadas en círculos, era la respuesta a ese problema, y también a las exigencias de los nuevos militantes, que demandaban mucha más horizontalidad, discusión y consenso antes que las imposiciones de una élite que conocía la verdad que la autorizaba a guiar a todos los demás. Y, en tercero, reaccionaron contra esa visión centrada en el trabajador industrial occidental y blanco: dijeron no a la cadena de montaje, pero también a la homofobia, el machismo y el racismo que eran intrínsecos a esa estructura social y sí al ecologismo, parte de esas nuevas demandas sociales que los viejos comunistas no habían comprendido.

Se vieron triunfadores. No solo tenían un discurso superior, sino que podían ofrecer a la izquierda aquello con lo que llevaba décadas soñando: ganar
Estos tres aspectos, los nuevos modelos teóricos adaptados al mundo fluido actual en lugar de al sólido y rígido del pasado, la necesidad de liderazgos diferentes y de mayor horizontalidad en las organizaciones, y la inclusión de grupos antes excluidos, los legitimaron para señalar con el dedo a la vieja izquierda y contemplarla con aire de superioridad. Nosotros somos lo nuevo, vosotros lo viejo; nosotros estamos en la realidad actual, vosotros formáis parte del pasado. Ese mensaje comenzó a creerse en el instante en que su descaro y su arrojo los hicieron tremendamente visibles. Supieron identificar el desencanto de la sociedad, y no solo referido a asuntos como la corrupción, y fueron los primeros en identificarlo y actuar en consecuencia, lo que los convirtió en la fuerza de moda. En ese instante se vieron ganadores: no solo tenían un discurso superior, más adecuado a los tiempos, sino que podían ofrecer a la izquierda aquello con lo que llevaban décadas soñando, llegar al gobierno.

Dejaos de fórmulas agotadas y subíos a nuestro carro. Somos la marca ganadora, y os irá mucho mejor si os sumáis a nuestra estructura
O, al menos, eso es lo que decían las encuestas, porque cuando llegaron las elecciones andaluzas y las primeras catalanas, la realidad no refrendó la efervescencia que habían generado. Pero eso no impidió que Podemos apretara el acelerador alrededor de la misma idea: somos lo nuevo, hemos enganchado mucho mejor con la gente de nuestra época, dejaos de fórmulas agotadas y subíos a nuestro carro. Somos la marca ganadora, y os irá mucho mejor si os sumáis a nuestra estructura.

Encaje de fuerzas

Y funcionó. Personas y colectivos activistas, mareas, confluencias y demás, y luego Izquierda Unida, decidieron que era mucho mejor participar en una iniciativa en la que no terminaban de confiar pero que instrumentalmente les podía ser útil. Hubo discrepancias, pero eran mucho más respecto de la organización del partido, de los liderazgos y de la forma de tomar las decisiones que sobre el asunto de fondo. Por supuesto que han existido y existen guerras por el territorio, y quizá más intensas por la peculiaridad de la organización, pero eran parte de ese encaje de fuerzas muy diferentes en un mismo espacio.

Las empresas actuales, cuando quieren crecer, realizan fusiones y adquisiciones en lugar de competir en el mercado. Podemos ha hecho lo mismo

Esa fórmula también implicó que Podemos no fuera un partido populista más que al principio, porque esa conformación como frente amplio marcaba también el único terreno ideológico en el que podía asentarse, el de la izquierda. El tablero de juego dejó pronto de tener una línea que separaba arriba y abajo y pasó a constituirse como un espacio girado hacia el lado izquierdo en el que Podemos iba abriéndose paso gracias al crecimiento de una marca de éxito que iba absorbiendo a aliados y competidores. Entendamos esto, porque su comportamiento en el mercado del voto es el mismo que utilizan las empresas actuales para crecer; en lugar de competir entre ellas y ganar nuevos clientes o robárselos a la competencia a partir de una oferta distinta, cuando buscan obtener cuota de mercado hacen algo más sencillo: adquieren a una empresa rival o se fusionan con ella. Podemos ha hecho lo mismo, y de forma repetida.

La versión Fort Apache

Esa visión tampoco dio los réditos que todos esperaban, como certificó con sorpresa el 26-J. A la hora de la verdad, quedaron por debajo de lo que necesitaban, lo cual obligaba a replantear la estrategia de inmediato, y en eso parecen inmersos. Pero tampoco nos equivoquemos: las discusiones sobre si Errejón, el miedo que infundió el PP, el temor que Podemos causaba a sus propios simpatizantes o la incorporación de IU al barco fueron las causas del descarrilamiento del tren hacia la Moncloa se zanjaron pronto, lo que tardó en llegar Pablo Iglesias a Fort Apache, rodearse de sus fieles y dejar claras cuáles eran las explicaciones y de paso cómo iba a ser el futuro.

La fórmula de Pablo Iglesias para el futuro de Podemos

Es significativo, en ese sentido, el diálogo que mantiene en el programa con un Verstrynge que insiste en la validez de las tesis populistas. Iglesias niega su utilidad en función del contexto: la clave del cambio es que ahora se han convertido en una fuerza política responsable; que se dieron cuenta de que en Europa la única opción que tenían era buscar aliados socialdemócratas como el gobierno portugués, Renzi, e incluso Hollande; y que en España el único modo posible de llegar al poder era pactando con el PSOE. Eso obligaba a “abandonar esa impugnación populista maravillosa”, la que podía utilizar el discurso de la casta, y a virar hacia una política "responsable". En definitiva, Iglesias estaba justificando por qué dieron un giro al mismo tiempo que subrayaba cuál iba a ser el camino del futuro.

Su discurso será este: la vieja socialdemocracia está agotada, no entiende a la gente, está perdida. Veníos con nosotros porque heredaremos el futuro

Las ideas que manejaron en los últimos programas electorales son las mismas que ya estaba utilizando la izquierda, solo que empujándolas un paso más allá. Si el PSOE insistía en elementos culturales, como la lucha contra la religión católica, el maltrato animal, el cambio climático o las políticas de género, Podemos ha retomado con fuerza esa dirección, y ha respaldado y participado en movimientos activistas y acciones municipales contra las corridas de toros y a favor de las políticas paritarias y la economía verde. Si la izquierda había apostado por establecer lazos con el nacionalismo periférico y promover un Estado federal, Podemos ha intensificado esos vínculos y ha propuesto algo más, como es el referéndum de autodeterminación. Podemos, en definitiva, ha jugado a ser un PSOE más insistente y rebelde, pero sin salirse de esos marcos. 

La única posibilidad

Y eso es lo que seguirán haciendo. Su reencuadramiento en la izquierda les sitúa entre activistas y movimientos sociales a su izquierda y el PSOE a su derecha. Esa guerra de posiciones en la que dicen estar anclados no les deja otra posibilidad que asentarse en ese espacio e ir dando codazos para hacerse más sitio. Y el discurso será el mismo, solo que desplazado hacia un nuevo adversario. Bien puede ser este: la vieja socialdemocracia está agotada, no entiende a la gente, no ha identificado el momento histórico, son lo viejo; veníos con nosotros porque heredaremos el futuro

Lo que viene los favorece: el PSOE apoyando al PP en el Parlamento, nuevas medidas de Bruselas y citas electorales en territorios donde son fuertes

Podemos está ahora en un instante en que buscará establecer bases territoriales más amplias, ganar espacios en lugares de España donde hasta ahora han sido marginales, incrementar el número de cuadros regionales y reforzar una estructura débil. En ese camino de asentamiento, la mejor forma que tienen de crecer es intentar convencer a los votantes filosocialistas de que ha llegado una nueva hora, y de que ellos tienen el mejor reloj. El espacio ideológico en el que han decidido estar no les deja otra alternativa. Dicho de otro modo, harán compatibles las dos ideas centrales que han venido utilizando hasta la fecha, la del discurso de "somos una izquierda nueva asentada en un tiempo nuevo frente a los actores del pasado", y la de ir ganando espacio a través de la absorción de lo que ya estaba.

A veces, dan la sensación de estar ajustando cuentas con su pasado mucho más que mirando hacia el futuro

Ese era el centro del 'sorpasso'. Y, aunque no ocurriera, al renunciar no solo a la hipótesis populista, sino a hacer otras cosas, su meta no puede ser otra, por más que parezca complicada hoy. Aun así, si no lo estropean con las guerras internas por el territorio, les debería llegar una época favorable. Por una parte, podrían ejercer de única fuerza real de oposición, porque el PSOE se verá obligado a apoyar parlamentariamente a los populares en muchas ocasiones, ya que las exigencias de Bruselas lo demandarán. Por otra, es probable que las obligaciones que nos imponga la UE generen más desigualdad, y eso facilita las cosas a las fuerzas de oposición. Y, por último, las próximas citas electorales, como Galicia, País Vasco o Cataluña tendrán lugar en aquellas zonas en las que están mejor asentados.

Sin embargo, esta lógica de crecer como las empresas contemporáneas, a base de fusiones y adquisiciones, es un buen camino para no llegar nunca a la meta que se han propuesto. En parte, porque, como ya han visto, las opas, como la que le han hecho al PSOE, se te pueden volver en contra; en otro sentido, porque fusiones y adquisiciones dejan muchas deudas por el camino que son difíciles de pagar; y en tercero, porque hacer esto significa seguir anclados en los marcos teóricos en los que se criaron y no entender la nueva sociedad: es más ajustar cuentas con el pasado que mirar hacia el futuro. Pero de esto ya hablaremos otro día.  

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