Lo que le ha hecho el poder establecido a Pedro Sánchez (y viceversa)

El golpe de mano contra el secretario general del PSOE revela lo que significa el poder hoy. Sánchez se salió de la hoja de ruta que le trazaron y ahora llega el castigo

Foto: Eran otros tiempos. Sánchez y González, en un mítin en Badajoz. (EFE)
Eran otros tiempos. Sánchez y González, en un mítin en Badajoz. (EFE)

Hay un interesante estudio, ‘Nouveau riche, old guard, established elite: Agency and the leadership of Vivendi Universal’, en el que tres investigadores universitarios (Nihel Chabrak,  Russell Craig y Nabyla Daidj) examinan cómo Vivendi Universal despidió a Jean-Marie Messier, uno de los CEO más importantes de finales del siglo XX. Es un asunto del pasado y, dada la velocidad a la que transcurre todo últimamente, parece de la prehistoria, pero la lectura del 'paper' es hoy llamativa porque refleja de forma precisa cómo funciona el poder y los límites que le son impuestos.

El consejero delegado de una empresa de esas dimensiones parece concitar en sus manos una gran capacidad de acción y, sin embargo, suele ser más reo del contexto que protagonista. Hay distintas facciones dentro de las firmas, la presión de los accionistas (a veces enfrentados) tiene un enorme peso, existen intereses del entorno (frecuentemente políticos), y además ha de cumplir con las exigencias de rentabilidad, de modo que si el CEO continúa en su puesto, es mucho más por saber manejarse en ese entorno que por realizar una gestión adecuada a las necesidades de la empresa que dirige. Los partidos no son muy distintos.

El final usual

En la figura de Messier se dieron cita algunas de las constantes del mundo empresarial de la época y muchos de sus excesos. Era un nuevo tipo de líder, que promovía una gestión americanizada en suelo francés, que apostó por el crecimiento a lo grande, y que tenía maneras de estrella. Se decía de él que era muy arrogante y que llevaba un tren de vida exagerado (llegó a comprar un apartamento de 17,5 millones de dólares de la época en Nueva York, pagados por Vivendi, por supuesto, para trasladar allí su residencia), pero también que era un genio. En fin, nada nuevo, la clase de retórica usual. Tampoco fue sorprendente su final, pero conviene recordarlo, tal y como explican los investigadores en el 'paper', porque resulta suficientemente descriptivo.

Fue una estructura de relaciones interpersonales, dinámicas de grupo e intrigas políticas lo que produjo su despido. Eso le ocurre también a Sánchez

Lo que llevó a Messier a la calle fue producto de una alianza entre los intereses de una vieja guardia, encabezada por una poderosa familia de accionistas, los Bronfman, la animadversión que se había granjeado entre la élite de los negocios francesa y el rechazo de unas prácticas de gestión que no encajaban en el 'establishment'. Fue una estructura de relaciones interpersonales, de dinámicas de grupo y de intrigas políticas entre varios miembros del consejo de administración, accionistas y otros actores influyentes de la sociedad francesa lo que terminó expulsándole de la empresa. La situación de Pedro Sánchez tiene muchos puntos en común con la de Messier, ya que se enfrenta al mismo tipo de condicionantes.

El día de Madina

Hagamos algo de memoria. El 11-2-14, en el encuentro que el Fórum Europa organizó entre Hamadi Yabali, exprimer ministro de Túnez, y Bernardino León, se incluyó por sorpresa a un presentador. Normalmente esos encuentros solo incluían al introductor y al invitado, pero ese día había una persona de más en la mesa. Era Eduardo Madina. Allí estaban, entre otros, Josep Borrell, Javier SolanaTrinidad Jiménez, Enrique Barón y un Rodríguez Zapatero que llegaba directamente desde Nueva York para estar presente en el acto. León iba a presentar su aval a la candidatura de Madina en las primarias que se estaban organizando, y era importante que algunos socialistas relevantes, incluido Zapatero, que respaldaba la candidatura del vasco, estuvieran allí como muestra de su apoyo.

Algo debió salir mal en ese plan, porque cuando llegaron las primarias, las personas que habían prometido su apoyo a Madina se volcaron en Sánchez

La intención de fondo era que Madina se hiciera cargo del partido hasta las elecciones generales, perdiera y dejara sitio a Susana Díaz, que era la persona en la que el 'establishment' socialista confiaba para el futuro. Algo debió salir mal en ese plan, probablemente porque Madina se negó a seguir la hoja de ruta; al llegar las primarias, las personas que habían prometido su apoyo al vasco se volcaron en Pedro Sánchez, incluida una Susana Díaz que trabajó activamente en Andalucía para que Madina no fuera elegido

El peor pecado político

El problema fue que una vez proclamado, Pedro Sánchez decidió distanciarse de sus protectores y empezó a trazar sus propias alianzas. Quizá pensó que no estaba ahí para cumplir el trámite, presentarse a las elecciones y marcharse, o quizá que hacía falta una nueva orientación política en Ferraz para evitar ser fagocitados por Podemos, pero su intención última es poco relevante. El caso es que cometió uno de los mayores pecados políticos, ese que te granjea enemigos feroces, como es desobedecer a quienes manejan los hilos del partido.

Los problemas de estrategia política fueron los menores que debió afrontar Sánchez: tenía que manejar el desprecio de la vieja guardia

Es cierto que el PSOE tenía que afrontar varios problemas a la vez. Algunos eran coyunturales, como esos procesos electorales a los que llegaba muy debilitado, y otros estratégicos, que tenían que ver con resituarse en un nuevo escenario político que en toda Europa estaba dejando poco sitio a la socialdemocracia. Todos ellos confluían, además, en decisiones concretas del contexto nacional, como aliarse con el PP o apoyarse en Podemos, que le iban a perjudicar en cualquier caso. Pero estos dilemas eran para Sánchez los menores a los que ha debido enfrentarse, porque lo principal era saber manejar ese desprecio por el recién llegado de la vieja guardia, del 'establishment' y sus aliados mediáticos y sociales, que tan bien retratada quedaba en el caso de Jean-Marie Messier, y que es justo lo que ahora ha terminado explotándole. 

No es España, es la hoja de ruta

Por supuesto que es tentador pensar la situación en términos mayores, como las consecuencias que tendría para España que Susana tomase el poder y facilitase el Gobierno de Rajoy, o la mejora en aceptación social y en resultados electorales que supondría para los socialistas contar con un nuevo líder, pero son aspectos secundarios en el núcleo de esta pelea. Al PP le vendría muy bien un partido socialista que le apoyara no ya en la investidura, sino en la gobernabilidad, y seguro que promoverá cualquier cosa que pueda en ese sentido, pero también sabe que acabará gobernando con o sin gestora y con o sin terceras elecciones por medio, y que después, en las decisiones importantes, como las medidas que lleguen desde la UE, al actual PSOE no le quedará más remedio que apoyarle. Al PSOE, una alianza tácita o expresa con el Partido Popular no le va a mejorar en nada su cuenta de resultados, de modo que seguirá inmerso en dilemas vitales respecto de su futuro, se vaya Sánchez o no. De modo que no, no es eso lo que está en juego, sino una lucha de poder entre la vieja guardia y los advenedizos, entre quienes han gobernado el PSOE desde hace mucho y los que quieren hacerlo ahora. Había una hoja de ruta marcada, y lo que están haciendo es castigar a quien se ha desviado.

El golpe no quiere evitar un giro a la izquierda: ni Sánchez es Corbyn, ni va a gobernar con Podemos, porque no puede. Lo que se juega es otra cosa

Corbyn ha vivido algo muy similar en las últimas fechas, cuando ha tenido que enfrentarse a los cuadros de su partido, esos que le llevaron a una posición subordinada en la que estaban perdiendo votos por todas partes, especialmente desde que la clase trabajadora y la media que simpatizaban con el laborismo decidieron que el Brexit era una buena opción y que el Ukip les defendía mejor. Corbyn no tenía otra opción que sacar el debate fuera de los cuarteles generales del partido y llevarlo a la militancia, donde sabía que iba a ganar holgadamente. Sánchez quiere hacer lo mismo, trasladar a las bases la batalla que tiene perdida dentro, y eso es algo que el poder establecido en el PSOE quiere evitar a toda costa. Veremos con qué resultado.

Preguntadle a Borrell

Es cierto que la batalla interna del PSOE tiene consecuencias en otros terrenos, y que puede interpretarse en  términos ideológicos, como por ejemplo que este golpe de mano del 'establishment' socialista se ha producido para evitar un giro a la izquierda. Pero esto es irreal. Ni Sánchez ha sido Corbyn ni quiere serlo, tampoco va a competir en el mismo estrato que Podemos, y tampoco va a gobernar con Pablo Iglesias, porque no tiene ninguna posibilidad real de hacerlo. Es mucho más probable que las posturas políticas que está manteniendo tengan solo un objetivo, el de no ser sobrepasado por Podemos. Pero sus intenciones son irrelevantes. Devolvamos el golpe de mano a su realidad, que es mucho más banal. Si te sales del guion, te atizan. Así es la política real: viejas guardias, núcleos de poder, intereses cruzados y un líder ahí haciendo lo que puede para manejar todo eso. Que se lo cuenten a Josep Borrell.

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