El gran favor que ha hecho Iglesias a Rajoy (y la línea roja que trazó el líder del PP)
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Esteban Hernández

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El gran favor que ha hecho Iglesias a Rajoy (y la línea roja que trazó el líder del PP)

La legislatura arranca con mucha tensión parlamentaria y una manifestación a las puertas del Congreso. Pero ese escenario favorece mucho más al PP de lo que parece

placeholder Foto: Rajoy, cómodo durante el debate de investidura (Javier Lizón / Efe)
Rajoy, cómodo durante el debate de investidura (Javier Lizón / Efe)

La investidura, en sus dos partes, ha sido un buen anticipo de lo que nos espera en esta legislatura, dure lo que dure. Un PP que pretende atraer amigos porque los necesita para cumplir lo que Bruselas pide (que no va a ser bueno), un PSOE esquizofrénico que tratará de visualizar las diferencias con los populares pero que se verá obligado a echarles un cable en más de una ocasión y un Podemos que ha arrancado combativo, firme y haciendo ruido.

Pero tampoco nos engañemos, ese escenario no es más que la consecuencia obvia de las posiciones adoptadas en meses anteriores, incluso en los tiempos previos a las dos elecciones. Ha habido un esquema adoptado por el PP, que Podemos siguió gustoso, en el que los populares y los podemistas se combatían el uno al otro mientras ninguneaban a los socialistas y hacían tiempo esperando que Ferraz implosionase. Rajoy y los suyos señalaban a Iglesias como el gran peligro de España, ya que era posible que gobernase, y Podemos ponía todos sus esfuerzos en señalar que eran la principal opción para sacar a Rajoy de la Moncloa.

“Oposición de Twitter, gritos y camisetas”

Los dos vivieron felices en ese esquema, pero solo le fue útil a Génova. Se lo ha recordado a ambos Antonio Hernando en su intervención, al señalar lo feliz que se siente Rajoy con una “oposición de Twitter, gritos y camisetas”. La segunda parte de la afirmación tiene algo de cierta, la primera lo es totalmente.

El conflicto ligado al espectáculo es negativo para la izquierda porque conduce a un marco en el que el PP sabe manejarse especialmente bien

Pero como parece que aprender es algo que cuesta mucho, y más políticamente, todo apunta a que Podemos seguirá transitando por un camino que les desgasta a ellos y refuerza a sus adversarios. Iglesias ha entrado gozoso en el camino de la confrontación, algo que le permite liberar su resquemor respecto de Errejón por haberle llevado a posturas más blandas, y porque entiende que esa es la vía más pragmática para hacer evidente que ellos son la única oposición.

Si tienes que repetir que eres la oposición…

Eso es perjudicial para Podemos, porque ya son la única oposición, de manera que subrayarlo de continuo no sirve más que para dar fuerza a sus rivales. Si tienes que repetir insistentemente lo que eres es que quizá no lo seas tanto. Además, la búsqueda de ese conflicto ligado más al espectáculo que a lo real es algo negativo para la izquierda porque, como subrayaba Antonio Hernando, conduce a un marco en el que el PP sabe manejarse especialmente bien.

El PP ha utilizado dos caras, la de abuelito con socarronería campesina de Rajoy que reconviene al nieto descarriado, y la de “nos vemos en la calle” de Rafael Hernando

La hostilidad de Podemos ha sido una baza que los populares han convertido en votos, y más aún en las segundas elecciones, ya que movilizó a sus partidarios. En segundo lugar, se trata de un terreno que el PP conoce muy bien, ya que lo utilizó insistentemente en las dos legislaturas de Zapatero, cuando la oposición tuvo lugar sobre todo en la calle y en los medios más que en el Parlamento, y sabe cómo combatirlo (y además la izquierda carece de TDT Party); en tercero, porque como se vio en la investidura, los populares saben manejar bien sus dos caras: el tono de abuelito experimentado de Rajoy, ese que regaña a sus nietos un poco descarriados, a los que fulmina con socarronería campesina (Santiago Alba 'dixit'), y la actitud bronca de Rafael Hernando, esa de “nos vemos en la calle si te atreves”.

El mundo imaginario de Iglesias

Es cierto que las lecturas exageradas de la realidad a las que es tan dado Iglesias llevan a pensar que vive en una especie de burbuja. Su discurso del primer día de investidura, pero especialmente el de ayer, hace pensar que su mundo es distinto del de aquellos que deberían ser sus electores. Su idea de esa nueva España llena de gente joven, sin miedo, de izquierdas y plurinacional que está llamando a las puertas tendría todo el sentido político si los resultados de las elecciones hubieran sido otros. Si Podemos fuese el segundo partido y estuviera a una distancia del primero similar a la que existe entre el PSOE y ellos, sus palabras quedarían totalmente legitimadas. Pero quedaron terceros, fueron derrotados por unos socialistas en proceso de descomposición y, además, el PP les ganó a ambos por bastante diferencia. Quizá ese mundo nuevo que está a punto de irrumpir sea tan poderoso como lo perciben en su imaginación, pero de momento no hay grandes indicios.

La cuestión no es si habrá pelea, porque la habrá, sino saber elegir el terreno en que se dará la batalla

La manifestación de 'Rodea el Congreso' fue otro ejemplo de esta falta de sintonía con los ciudadanos. Una concentración como esa solo tiene sentido político si existe un sentir mayoritario en la sociedad que perciba la investidura de Rajoy como un atajo de las élites para imponer su hoja de ruta, pero eso dista mucho de ser el caso. Es una apuesta que necesita ser ratificada con una asistencia masiva y, aunque el número de manifestantes no fue menor, quedó lejos de las cifras que se hubieran precisado.

Una estrategia pobre

Eso no significa que la oposición no deba visualizar el conflicto. Al contrario, forma parte de su tarea. La cuestión no es si habrá pelea, porque la habrá, sino saber elegir el terreno en que se dará la batalla. Y hasta ahora, y ese es un gran favor que le ha venido haciendo a Rajoy, Podemos ha sido estratégicamente muy pobre a la hora de escoger sus enfrentamientos. Han apostado por conflictos que encajaban con sus teorías, y con poco más.

Rajoy fijó una línea roja, el cumplimiento de los compromisos con Europa; quien quiera ser oposición de verdad tendrá que cruzarla

Rajoy les dio una pista ayer respecto del único terreno en que el conflicto sería tal, de esa línea roja que de verdad separa al Gobierno de la oposición. La idea central de la intervención del líder del PP fue la siguiente: ningún Gobierno incumpliría los compromisos adquiridos con Bruselas y pondría en riesgo la estabilidad presupuestaria y todos lo sabéis. Lo que Rajoy venía a decir al PSOE y demás posibles aliados es que no sean hipócritas y le ayuden en esos terrenos, porque saben que ellos harían lo mismo si ocupasen la Moncloa; que por ahí no va a pasar, y que si no tiene apoyo en esos asuntos (incluyendo la unidad de España), convocará nuevas elecciones y punto.

Rajoy tiene razón: la línea roja que ha trazado es lo que coloca a cada cual en el espacio político verdadero. Quien quiera ser oposición de verdad, tendrá que decir que esa línea se puede cruzar y cómo es posible hacerlo. La política contemporánea incluye este control nacional por parte de acreedores e instituciones internacionales, y saber cómo manejarse en este entorno es crucial. Todo lo que no sea responder a esta cuestión son mundos imaginarios, fotos para Twitter y material para reforzar a Rajoy.

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