Los errores de Errejón (y la constatación de que Podemos ha sido derrotado)

El líder purgado sigue con perfil bajo, esperando su momento. Pero a lo mejor no llega, probablemente porque para entonces su partido sea ya poco relevante en la política nacional

Foto: Ángel Gabilondo, Rafael Simancas e Íñigo Errejón. (B./EFE)
Ángel Gabilondo, Rafael Simancas e Íñigo Errejón. (B./EFE)

Errejón llevaba un tiempo con perfil bajo, probablemente esperando su momento. Pero la semana pasada reapareció con una entrevista en 'El País' defendiendo una alianza con el PSOE. En cierta manera, se vio obligado a comparecer, ya que su partido había anunciado que entraría en el Gobierno de Castilla-La Mancha, y había fijado una reunión con los socialistas para establecer, en su caso, las bases de una colaboración parlamentaria. Es decir, Iglesias se estaba apropiando de una idea suya, y era el momento de subrayar que él siempre había empujado en esa dirección. Ya que desde la cúpula del partido dijeron “Hagamos caso a Errejón, pero sin Errejón”, como se escenificó en la reunión con Pedro Sánchez, el purgado entendió que debía reivindicar lo que le pertenecía.

El futuro de Errejón es complicado en gran medida por sus infantiles errores de estrategia

El secretario de Análisis Estratégico de Podemos lo tiene muy difícil en Podemos. Sigue agazapado a la espera de su oportunidad, que debería tener lugar con su candidatura a la Comunidad de Madrid, pero esa es una apuesta peligrosa para Iglesias, de modo que está por verse si de verdad se concreta. Y lo cierto es que su futuro es complicado en gran parte por sus errores de estrategia: primero intentó establecer una estructura que no contaba con el líder, y cuando Iglesias se dio cuenta reaccionó ferozmente, como era de esperar; después no tuvo el valor necesario para presentarse en Vistalegre II como candidato a la Secretaría General, sino que trató de nadar y guardar la ropa, con consecuencias necesariamente negativas para él y los suyos; y más tarde, cuando purgaron a casi todo su equipo, optó por quedarse en la estructura del partido en lugar de hacerse a un lado.

Fagocitado por Iglesias

Esto le ha hecho contar con una posición débil en la formación, donde desempeña un papel ambiguo. Su secretaría debería desempeñar una función importante, pero como tiene al aparato enfrente (esperan que en un momento u otro Errejón se vuelva contra ellos), es improbable que le dejen margen de acción. Además, aquello que le hacía diferente, que le otorgaba una personalidad distinta de la del líder, como es su discurso, puede ser asumido por Pablo Iglesias sin ningún problema, que siempre se ha manejado en términos tácticos con soltura, aunque la posición de hoy contradiga la de ayer.

A Errejón le conviene tener amigos socialistas porque espera llegar a la Comunidad de Madrid de la mano del PSOE, y sería absurdo cerrarse puertas

Y regresa con otro error, insistir a estas alturas en la relación con el PSOE. Probablemente, para subsistir en ese espacio secundario que Podemos ocupa ahora, una alianza con los socialistas sea lo más conveniente: se puede justificar fácilmente señalando al PP como enemigo real, lo cual les permite establecerse como subordinados del PSOE sin demasiado rubor. Es cierto, además, que a Errejón le conviene tener amigos socialistas, porque espera llegar a gobernar la Comunidad de Madrid de la mano del PSOE, y sería absurdo cerrarse puertas.

La derrota

Sin embargo, hacer esto no es más que la constatación de la derrota. Tanto el PSOE como Podemos veían aceptable un pacto, pero siempre con la condición de que fueran la fuerza dominante. Quien ocupase la posición subordinada sabía que renunciaba a ejercer un papel principal en la política española a corto plazo y sentaba las bases para no desempeñarlo nunca. Aceptar esta situación de dependencia es también señalar que se ha perdido, que hay plena consciencia de ello, y que lo único que cabe hacer es reducir los daños. En realidad, acaban de suscribir convertirse en la antigua IU, esa que tanto decían odiar, para tratar de sobrevivir en ese lugar secundario y sacar de ahí el máximo partido que puedan. Decían que aspiraban a mucho más, y que habían llegado para ganar y cambiar España, pero sus ambiciones parecen haberse perdido por el camino.

Las posibilidades de que Podemos crezca pasan por que el equipo directivo salga de escena, y nada apunta a que eso pueda ocurrir

Este giro, además, resultaba previsible desde hace bastante tiempo, y no solo desde las elecciones generales. Podemos realizó una gestión paupérrima del capital simbólico que ganó en su aparición. En lugar de asentar lo ganado y crecer a partir de ello, su historia ha sido la de un lento declive por no haber sabido tomar el pulso a su sociedad, por seguir inmersos en sus realidades particulares y por prestar más atención a los problemas con los suyos que a los de los españoles. Cuando esto ocurre, es muy difícil que se revierta, y solo queda esperar que el descenso toque suelo. Habría otras posibilidades, pero pasan por que el actual equipo directivo salga de escena, por que llegue gente con nuevas ideas que permitan al partido recuperar la fuerza social que una vez tuvo; pasa por dar un golpe en la mesa similar al que les puso en el centro del espacio público.

Bien mirado, quizá sí, lo mejor que pueden hacer es subordinarse al PSOE y después irse desvaneciendo. En fin, tanto ruido para esto

Pero nada hace pensar que eso ocurra, ni siquiera los errores que pueda cometer Pedro Sánchez. El equipo que dirige Podemos, Pablo Iglesias y las cuatro personas que constituyen su círculo de confianza, solo sabe moverse en un tacticismo irrelevante y ha perdido el contacto con la realidad. Su relevo natural, Errejón, sigue pensando que sus ideas eran las adecuadas y que el único problema fue perder en Vistalegre II, en lugar de plantearse qué hacer para devolver el partido a primera línea. Que Errejón insista en el pacto con el PSOE, en este sentido, no es tan importante como el hecho de que subraya que solo había una diferencia real entre Iglesias y él, la de quién colocaba a su equipo al frente; y que no hay ningún proyecto real para Podemos. Mientras, los anticapitalistas se revuelven por el pacto e insisten en girar más a la izquierda. Es curioso, ninguna formación ha tenido tantas opciones para convertirse en una formación dominante en el panorama político de un país y ha insistido con tanto ahínco en desaprovecharlas. En fin, que se hallan metidos en cosas típicas de los partidos que pierden: falta de ideas, ausencia de proyecto estratégico y problemas internos por concentrar el poder. Bien mirado, quizá sí, lo mejor que pueden hacer es subordinarse al PSOE y después irse desvaneciendo. En fin, tanto ruido para esto.

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