Cuando despertemos el 2-O

La dificultad de los partidos contemporáneos para poner el foco en lo económico, ya que suelen apostar por asuntos culturales, puede ser muy perjudicial. También para ellos

Foto: Goldman acaba de anunciar grandes resultados. Es una empresa 'superestrella', según el MIT (Lucas Jackson / Reuters)
Goldman acaba de anunciar grandes resultados. Es una empresa 'superestrella', según el MIT (Lucas Jackson / Reuters)

Por frecuente que sea, no deja de sorprenderme la resistencia a reconocer los errores en la gran mayoría de los colectivos. Los partidos suelen ser particularmente inmunes a la realidad, pero el caso de los demócratas estadounidenses demuestra que siempre se puede ir un paso más allá. Pasado el trauma de la derrota de Clinton frente al candidato más incorrecto, machista y burdo de la historia reciente, y llegada la hora de la reflexión, señalaron a la intromisión de Putin y Rusia como la causa de su debacle. Más tarde (y dado que, al margen de que la interferencia se produjera o no, su impacto electoral fue prácticamente nulo), cambiaron de escenario y la tomaron con Sanders: Trump ganó porque los seguidores de Bernie se habían quedado en casa. En lugar de entender que si hubo una parte de los demócratas que decidieron no movilizarse a favor de Hillary es porque no se los había sabido ganar, blandieron el dedo señalando al pobre Bernie.

Ahora están en otra fase. Al mismo tiempo que presionan institucionalmente y en los medios para que se investigue la conexión rusa, han decidido recuperar terreno dirigiéndose a esos obreros blancos que temían perder su trabajo americano, porque les han dicho que fueron decisivos en el triunfo de Trump. Con ese objetivo, han presentado una plataforma y una campaña para 2018 cuyo eslogan es “A Better Deal: Better Skills, Better Jobs, Better Wages”.

Recomiendan al repartidor de comida que se haga programador y al campesino que monte una empresa para vender mermeladas por la red

La idea no ha contentado a casi nadie: por una parte, los expertos en comunicación insisten en que es un mensaje aburrido, largo y poco atractivo, y por otra, las poblaciones a las que podría dirigirse vuelven a sentirse despreciadas, porque la idea que late de fondo es que los salarios son bajos y los trabajos malos porque no están suficientemente preparadas; que les faltan habilidades y que, por tanto, la culpa es suya.

Mensajes de los que huir

Esta idea, que es demasiado común entre la socialdemocracia europea, y que suele concretarse en recomendar al repartidor de comida que se haga programador y al campesino que monte una empresa para vender mermeladas por la red, forma parte de los mensajes de los que han estado huyendo aquellos a los que se supone que quieren convencer. No en vano, es también, y casi con el mismo nombre, lo que está promoviendo la OCDE.

En España el problema cultural de fondo no es la inmigración, que no es electoralmente decisiva, sino las identidades nacionales

Pero también está la otra vertiente, la que insiste en que el problema no es la economía y que girar hacia la izquierda y el populismo no es la solución. Como señala Fareed Zakaria, la cuestión central no está en el dinero, sino en la cultura, las normas sociales y la identidad nacional. La mayoría de los votantes estadounidenses coinciden con los demócratas en temas económicos, pero no en su defensa de la inmigración y de las minorías. Esa apuesta por la diversidad, la multiculturalidad y las opciones sexuales diferentes es loable, insiste Zakaria, pero ha creado una enorme brecha entre los progresistas y las zonas interiores de EEUU. Es ahí donde deberían trabajar los demócratas para resituarse.

Cataluña en el horizonte

Esta tensión entre los asuntos económicos y los culturales no es un dilema exclusivo de los demócratas estadounidenses, sino que también está presente en la izquierda europea, aunque cada territorio los articule de una manera distinta. Por ejemplo, en España el problema de fondo no es la inmigración ni tampoco las cuestiones sexuales, que no se han convertido en temas electoralmente decisivos, sino el de las identidades nacionales. Ahora estamos inmersos en la cuestión catalana, y ahí la izquierda se enfrenta con problemas muy similares.

En el caso de los socialdemócratas especialmente, porque ha habido tensiones interiores en el partido acerca de la clase de cercanía que se debía tener con independentistas y federalistas, algo que Podemos ha tratado de solventar haciendo equilibrios en el alambre con el “que voten pero que no se vayan”. Pero, en todo caso, les ocurre lo mismo que a la izquierda estadounidense, que lo que ganan en un sitio lo pierden en otro: una postura mucho más empática con los nacionalismos periféricos les hace perder votos en el interior de España y un rechazo de ellos les puede convertir en irrelevantes en Galicia, Cataluña, País Vasco o Valencia.

La recuperación española marcha a todo trapo, cae el paro y las empresas que han sobrevivido retoman la senda óptima. ¿Es así? No exactamente

Una apuesta, la que sea, en ese sentido, es necesaria. No es un problema menor, desde luego, pero sería un error para la izquierda quedarse en lo que lleva anclada mucho tiempo, las cuestiones culturales. No sólo porque ahí la derecha tenga más opciones, sino porque sería sacrificar lo estratégico por la táctico. El mayor problema, en Cataluña, en España, en Europa y en EEUU es económico. Y lo será más en los próximos años.

La eficacia del sistema

Cada vez menos gente en el 'establishment' cree en esta lectura, porque la economía está yendo mejor, la recuperación española marcha a todo trapo, porque cae el paro y las empresas que han sobrevivido están retomando la senda óptima. Los expertos, la clase media alta y parte de la media creen firmemente en esto. Pero no todo el mundo piensa lo mismo, empezando por Goldman Sachs, que incluso ha puesto en duda la eficacia del capitalismo.

Hay una relación bastante evidente entre la caída de los costes laborales y el aumento de los márgenes de beneficio de las empresas

El asunto de fondo lo explica bien 'Financial Times'. Los márgenes de beneficio de las compañías estadounidenses llevan cerca de máximos históricos desde hace años, lo cual contradice las tesis ortodoxas. Primero se produce la expansión económica, luego esa mejora se transmite a los mercados, lo que impulsa el aumento de los salarios y de otros costes, y los márgenes terminan disminuyendo. La cuestión es que no está siendo así, sino todo lo contrario.

El trabajo

La caída de la participación del trabajo en el PIB en los Estados Unidos y en muchos otros países en las últimas décadas está bien documentada pero, como señala el MIT, a medida que aumenta la importancia de las 'empresas superestrellas', la proporción de la mano de obra en ese terreno tiende a disminuir. Hay una relación bastante obvia entre la caída de los costes laborales y el aumento de los márgenes de beneficio. Las empresas más grandes y con más poder están negociando con facilidad recortes en ese terreno y están consiguiendo su propósito.

No se trata de un dato aislado, sino de un hecho más que señala que la recuperación no va a extenderse por igual a toda la población

Esa es la cuestión: los beneficios de las empresas están creciendo, pero lo hacen en buena medida porque emplean menos mano de obra y más barata. Si en los buenos tiempos, en los de la recuperación, toman estas decisiones, nos podemos imaginar qué ocurrirá en los malos. O Por decirlo de otra manera, no se trata de un dato aislado, sino de un hecho más que señala que la recuperación no va a extenderse por igual a toda la población. Esa brecha que se deja sentir en los datos de las empresas es un síntoma de lo que está ocurriendo en la sociedad.

El 2-O

Las previsiones no son especialmente optimistas en este sentido. Si los análisis que nos hablan de los cambios que traerá la cuarta revolución industrial y de las transformaciones que generarán la automatización y la inteligencia artificial son ciertos, esa tendencia a partir la sociedad en dos se hará mucho más profunda. Pero, de momento, no ha sido necesario que ocurra para que se haya puesto en marcha.

No plantearse estas cuestiones como centrales en la política no es algo sólo poco pragmático, sino que resulta necesariamente suicida para cualquier partido que quiera tener presencia relevante en los próximos años. Y más aún si es de izquierdas. De modo que sí, que Cataluña bien, pero cuando nos despertemos el 2-O, el dinosaurio seguirá estando allí. Y como tengamos que contarle lo de 'better skills' o lo de las identidades, lo vamos a llevar claro para sobrevivir.

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