Errejón y lo que piensa Bescansa: esto no acaba aquí

El acto fallido freudiano de Carolina Bescansa ha hecho daño a la candidatura de Errejón. Pero en algún momento tenía que estallar el fondo del asunto, ese que todos disimulaban

Foto: El secretario de Análisis Estratégico de Podemos, Íñigo Errejón. (EFE)
El secretario de Análisis Estratégico de Podemos, Íñigo Errejón. (EFE)

La capacidad de pegarse un tiro en el pie de Podemos dejó de sorprender hace mucho. Ningún asombro, por tanto, respecto de la torpeza de Bescansa, pero sí cierta fascinación por los vericuetos de la mente humana. Su error es de la clase descrita por Freud, de esos que revelan una voluntad inconsciente que se manifiesta en los actos fallidos. Tiene cierta gracia, la verdad, pero quizá sea momento de que dejemos atrás las chanzas y las recriminaciones y reparemos en el asunto en sí más que en el dedo que lo puso en Telegram.

La única bala. Y no es mala

Porque el documento involuntariamente difundido tampoco describe nada que no supiéramos, ni en cuanto a intención ni en cuanto a contenido. Y a decir verdad, tampoco acierto a entender esa indignación exagerada que recorrió las redes. Todos somos conscientes de que Podemos está roto, que hay varias corrientes y varias confluencias cuyos intereses coinciden en ocasiones y en otras no, que Iglesias y los suyos concitan un consenso interno débil y que el deseo de Errejón, y para eso se ha quedado en el partido, es hacerse con las riendas. Madrid es clave en ese propósito, porque si bien es la única bala que tiene, tampoco es una opción mala. Un buen resultado en la comunidad le acercaría a su objetivo. Ha diseñado una acción política cuyas propuestas, ideas y mensajes están trazados para acercarse al PSOE y, desde ahí, sumar fuerzas para hacer frente a Ciudadanos y al PP; es decir, ha tratado de apoyarse en otros para conseguir un éxito que parece que no logrará por sí mismo. Su reorientación estratégica ha ido de la mano de tejer una propuesta simpática para atraer votantes socialistas, lo cual le ha granjeado más alabanzas fuera de su partido que dentro.

Habría sido mejor que Errejón y Bescansa hubieran dicho "sí, qué pasa, queremos hacernos con Madrid y con el partido, porque Pablo no sirve ya"

Y ese es el problema de Errejón, que ha jugado mejor fuera que dentro; gana en el terreno de la imagen pública, pero no en el interno, en buena medida porque dilapidó sus opciones. Así las cosas, casi hubiera sido preferible, después de la difusión del documento de Bescansa, un acto de sinceridad, del estilo “sí, qué pasa, queremos hacernos con Madrid y con el partido, porque Pablo no sirve ya. Esa es nuestra voluntad y a eso dedicaremos los esfuerzos a partir de ahora”. Junto con esto se lanza un proyecto, un programa y una dirección política y se vota. Y el que pierda se va y el que gana se queda. Hubiera sido más honesto que seguir con esta medianía, y desde luego mucho más pragmático.

El futuro siempre llega

Entiendo que no suceda, no obstante, porque la correlación de fuerzas está dada, e ir de cara supondría a los errejonistas otra derrota. Pero también habría que entender que la situación actual es fruto de equivocaciones pasadas. Entre otros, Errejón cometió el gran error tras Vistalegre II de aceptar unas condiciones inadmisibles para los suyos e Iglesias la torpeza de permitirle que siguiera. Había un problema que no tenía solución, porque era uno u otro, por más que lo escondieran; habían perdido por completo la confianza, y además sus proyectos y sus ideas iban por caminos diferentes. Había que elegir, y no tuvieron el valor de hacerlo. En otras palabras, no consiguieron más que aplazar la decisión, y en estas cosas el futuro siempre llega.

Así es la política, y estas peleas por los recursos y el poder solo terminan cuando uno gana o cuando el coste de la victoria es superior a dejarlo estar

Y ahora, tras el caso Bescansa, ocurrirá exactamente igual. Han solventado la crisis temporalmente con la cabeza de la politóloga, pero qué más da; lo que no ocurra hoy sucederá mañana. Hay dos líderes enfrentados cuya pelea solo terminará cuando uno gane y el otro pierda, cuando uno venza y el otro salga. Así es la vida política, y estas peleas por el territorio, los recursos y el poder solo se terminan cuando uno gana o cuando el coste por ganar es superior a dejarlo estar. Y ya no es ese el escenario.

Podemos como un 'mientras tanto'

El resultado final de todo esto es que saldrán los dos perdiendo. Podemos, más que un partido, es una franquicia apoyada por distintos colectivos que están en la marca mientras llega algo mejor, y en la que ya nadie cree. Las distintas corrientes están trazando movimientos estratégicos, intentando anticipar el futuro, pero ya no ven el proyecto como suyo. Quienes permanecen lo hacen por dos motivos: porque les facilita una forma de vida, o porque no hay otra cosa. Por supuesto, esta afirmación no va referida a los votantes, sino a quienes integran la estructura, que ya toman Podemos como un 'mientras tanto'.

En este escenario, es probable que lo que venga después sea algo de lo que ni Errejón ni Iglesias formen parte. El segundo se ha movido entre la paranoia y la escasa habilidad para integrar; el primero ha sido especialmente cobarde. La falta de habilidad de sus dirigentes para dirigir ha quedado expuesta de manera sistemática y, a la hora de manejar un partido, en pocos se ven tan claras las costuras como en este. Y eso está abriendo las puertas de una manera insistente a los que vendrán después.

Postpolítica

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