El brutal golpe del PSOE en la mesa (para quedarse años en el Gobierno)

Los ministros que ha nombrado Pedro Sánchez tienen todo aquello que podría aportar Ciudadanos y, además, restan espacio a Podemos. Lo mismo la jugada sale muy bien

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

El golpe en la mesa de los socialistas ha sido brutal, con la moción de censura y especialmente con el nuevo Gobierno. Una jugada muy brillante en un escenario que se antojaba difícil: los nuevos ministros tienen todo aquello que podría aportar Ciudadanos, un perfil europeísta, globalista, experto y, sobre todo, acorde con lo que las instituciones internacionales, inversores y deudores esperan, y buena parte de lo que podría aportar Podemos, como una mayoría de mujeres y la frescura del cambio, además de los metros de ventaja en la carrera que le da haber sacado al PP del Gobierno.

La prestidigitación

Hasta ahora, los socialistas han ido ganando en lo táctico lo que iban perdiendo en todo lo demás. Hay que recordar que fue un golpe brillante de Susana Díaz, convocando elecciones anticipadas en Andalucía, el que comenzó a sacar de escena a Podemos. Tras un periodo en el que las encuestas los situaban muy arriba, la presidenta andaluza les hizo pasar la prueba de la realidad, que fue bastante dura, y los resultados electorales demostraron cuál era el verdadero sitio de los nuevos partidos en la política. Y cuando Ciudadanos estaba liderando todas las apuestas y España parecía abocada a un Gobierno de coalición en el que los de Rivera fuesen la parte fuerte (y quizás el PSOE la débil), la prestidigitación de Pedro Sánchez ha logrado desplazar a todos sus adversarios con un empujón deslumbrante.

La intención del PSOE es permanecer en el poder lo máximo posible y, al menos, no convocar elecciones generales hasta después de las autonómicas

En política nunca se sabe, y más a la velocidad a la que todo circula, pero lo lógico sería que el PSOE tratase de aguantar el máximo de tiempo posible en La Moncloa. Y, en todo caso, que no convocase elecciones generales hasta después de las autonómicas y locales, en las que Ciudadanos y Podemos podrían llevar las de perder, y el PP mantenerse en un nivel suficiente. Si los socialistas obtuvieran un resultado decente, el escenario sería perfecto: volverían al marco que les llevó al Gobierno (o el PP o nosotros) y gozarían además de la legitimidad que haber gobernado durante un tiempo les brindaría.

El repliegue del PP

Ahora que sabemos que los sonidos de La Moncloa no serán el ladrido de los perros y el fragor de las flautas, sino la música clásica y el suave murmullo del diálogo de expertos, el escenario es otro. Por una parte, hay que ver cómo reacciona el PP, cuál es su candidato y hacia dónde gira su estrategia. Ahora está en repliegue, pero es una posición que conoce bien, porque le tocó operar a contracorriente tras la salida del poder por sus mentiras en el 11-M y sabe que con una posición dura no avanza mucho pero sí se sostiene en la caída. Ese discurso del Gobierno legítimo expulsado por un ambicioso que no pensaba en el interés de España sino en el suyo propio, y que no ha dudado en aliarse con todo tipo de enemigos de nuestro país, es el comienzo, y quizá sea un camino que ya no abandone.

Si el PSOE hiciera las tres o cuatro cosas que le pedía ayer Errejón, dejaría a Podemos sin discurso ni espacio político. Y las puede hacer fácilmente

Por otra, las élites españolas y europeas están tranquilas tras el nombramiento de los ministros, y pueden comenzar a pensar que para hacer los cambios que España necesita, o que ellas creen que necesita, mejor contar con el Pedro Sánchez de ahora que con lo nuevo, que nunca se sabe cómo saldrá. Quizá la animadversión que generaban los socialistas en esos estratos se vaya disolviendo, y con ella el ruido mediático. Ciudadanos sería el gran perjudicado en este marco, ya que tendría que endurecerse y competir en un terreno que solo resultaría rentable en el asunto catalán. Y por si fuera poco, ahí está el dañino Aznar ofreciéndose a unos y otros, en lugar de entender que, por el bien de todos, debe desvanecerse de una vez en la bruma de la historia política.

Mala apuesta

Y después está Podemos, que es quien peor lo tiene. De hecho, si el PSOE hiciera las tres o cuatro cosas que le pedía ayer Errejón, como la derogación de la ley mordaza, el impulso feminista, algún guiño en las pensiones y algo de memoria histórica, que son relativamente fáciles de llevar a cabo, dejaría a Podemos sin discurso. Han apostado todo a la lucha contra el PP y a elementos simbólicos y culturales, y poco más, y eso lo puede hacer el PSOE perfectamente. De hecho, es lo único de izquierdas que puede hacer.

Ahora Sánchez tiene la llave y ha nombrado a un Gobierno idóneo para quedarse en el poder. Lo mismo el golpe estratégico le sale muy bien

Pero, en fin, estos análisis provisionales, tras el golpe de mano de Pedro Sánchez, parecen más provisionales que nunca, y lo mismo en unos meses el escenario es completamente distinto. Parecemos vivir a velocidad de vértigo, con grandes acontecimientos frecuentes (quién hubiera dicho hace 10 días que hoy íbamos a estar así), de modo que pensar a medio plazo es un poco absurdo: cuando no sabes qué pasará mañana, cómo vas a prever lo que ocurrirá dentro de medio año, ¿no?

Pues no. Esta velocidad enorme en la superficie oculta un fondo muy poco móvil. Todos estos movimientos tácticos por situarse y nuestras grandes discusiones sobre si deben estar unos u otros, o sobre quién gestionará mejor o quién nos perjudicará más, dejan de lado un hecho sustancial, como es la escasa capacidad de maniobra en lo económico y en lo social con que cuentan los gobiernos nacionales. Por supuesto que hay diferencias entre unos y otros, y quizá la más significativa sea la perspectiva sobre cómo abordar el problema catalán, pero poco pueden decir en el tema más importante, el dinero. Y en ese contexto, si un Gobierno ofrece la necesaria aceptación de las directrices que emanan de Bruselas, tranquiliza a los inversores y genera la estabilidad que las élites demandan, tenderá a quedarse en el poder, porque aparece como la mejor opción. Ahora quien tiene esa llave es Sánchez, y ha nombrado a un Gobierno idóneo para ese objetivo. De modo que lo mismo el golpe estratégico le sale pero que muy bien.

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