Hay un nuevo mapa de poder en el mundo y un libro perturbador retrata a sus élites

La obra de Daniel Levin, un consultor internacional, contiene un buen retrato de los sistemas y de las personas que dirigen este nuevo mundo multipolar. Y no es nada tranquilizador

Foto: Trump, durante la vista a Pekín, con Xi Jinping. (EFE)
Trump, durante la vista a Pekín, con Xi Jinping. (EFE)

El tema de la semana en Europa es el momento difícil del liderazgo de Merkel ligado al crecimiento de un frente contra la inmigración en la UE, pero el asunto tiene mucha más profundidad. Es parte de esa guerra en la que están inmersas las élites estadounidenses que apoyan a Trump y que pretenden que el poder de su país aumente ahora que la globalización está en declive y ha llegado la era de la bipolaridad, con una China que pretende competir con EEUU en condiciones de igualdad. Ese escenario explica el giro en Oriente Medio y la guerra contra la UE y en especial contra Alemania, sin la cual no podrían entenderse los movimientos populistas de derechas en el Este de Europa y en Italia.

Hay que entender bien el giro de Trump. Juan Ramón Rallo expuso recientemente las tesis dominantes en los ámbitos liberales y neoliberales. Una de ellas señala que “Trump es un mercantilista de la vieja escuela y, en consecuencia, busca acabar con la balanza comercial deficitaria de EEUU penalizando las importaciones y subsidiando las exportaciones”; la otra afirma que el presidente americano “es un librecambista encubierto que está utilizando sus amenazas arancelarias para conseguir una completa liberalización comercial global”. Pero ni una ni otra: lo que está intentando Trump es aplicar los dos escenarios a la vez, protegiendo lo suyo todo lo que pueda y abriendo los mercados foráneos lo máximo posible. Esto ya no va solo de economía, sino de poder. EEUU quiere ganar influencia y recursos y en ese escenario una UE rota le vendría bien.

El circo de los poderosos

De modo que estamos en un nuevo mundo, y haríamos bien en comprender cómo funcionan las cosas en el nuevo mapa geoestratégico. Daniel Levin, consultor en asuntos políticos y económicos, asesor en materia de finanzas y en resolución de conflictos que ha trabajado para diferentes gobiernos e instituciones, ha publicado un libro, 'Nothing but a circus. Misadventures among the powerful' (Ed. Penguin) que resulta muy útil para ese objetivo.

La comparación entre la élite global, la china y la rusa al hilo de los relatos del texto arroja algo de luz, aunque sea subterránea, sobre nuestra época

La obra contiene una serie de experiencias personales con dirigentes de los más diversos países, retratos de personajes importantes en las estructuras de poder que son altamente reveladores. El libro se lee fácil, sus relatos son entretenidos, pero sobre todo están cargados de una gran potencia simbólica. No se trata de entender cómo funcionan los gobiernos o los sistemas de poder a través del carácter de sus dirigentes, lo cual reduciría todo a un psicologismo poco práctico, pero tampoco podemos dejar de constatar que las estructuras de poder producen una serie de dinámicas, de costumbres y de sobreentendidos que conforman muchas de las prácticas de un régimen. Desde este punto de vista, la comparación entre la élite global, la china y la rusa al hilo de los relatos del texto puede arrojar algo de luz, aunque sea subterránea, sobre nuestra época.

En Wall Street

Levin comenzó su carrera trabajando para una firma de abogados de Wall Street. Su jefe y mentor era una persona completamente dedicada a su oficio, una persona laboralmente generosa que le enseñó mucho de lo que sabía. También era exigente; Levin no pasaba menos de 80 horas semanales en la oficina, y su jefe siempre estaba allí. Estuvo tres años en la firma, hasta que fue consciente de que ese camino le llevaría a convertirse en alguien tan absorbido por el trabajo como su mentor. El detonante que le llevó a cambiar de empleo fue una anécdota reveladora. Mientras su superior estaba de viaje por Europa, la mujer de este tuvo un accidente de automóvil y fue ingresada en el hospital. La secretaria intentó localizarle y reservó un billete en el siguiente avión para que regresase a EEUU. Sin embargo, el abogado entendió que la prioridad era la reunión que había concertado con uno de sus clientes y no regresó a su país hasta cinco días después. Lo primero que hizo, tras bajar del avión no fue, por supuesto, ir a visitar a su mujer. En ese instante, Levin comprendió que estaba en el lugar equivocado y optó por cambiar de aires.

Levin hizo amistad con un político opositor a Putin. Se encontraron varias veces hasta que desapareció de la vida pública. No contestaba a las llamadas

La relación con los rusos también fue perturbadora, pero por otros motivos. En el transcurso de un viaje le presentaron a un político opositor a Putin, un tipo interesante, divertido y culto. Hicieron cierta amistad y volvieron a encontrarse en algunas ocasiones hasta que el político desapareció de la vida pública. No contestaba a mensajes ni llamadas. Pasaron años y cuando reapareció “había pasado de ser el enemigo de Putin a uno de sus pistoleros”. Levin supo entonces que era un movimiento planificado, que entroncaba con la mística maquiavélica que rodeaba al viejo Kremlin, un juego de espejos en el que nadie es quien parece ser.

En Pekín

Levin también fue contratado por China. El primer contacto se produjo porque deseaban adquirir una compañía estadounidense cuya tecnología era superior a aquella con la que contaban y entendían que era una firma interesante. Las autoridades de EEUU estaban bloqueando la adquisición porque suponían que esa tecnología podía ser utilizada militarmente e impusieron un veto. El representante chino le negó a Levin que fuera ese el propósito porque, si así fuera, “no necesitaríamos comprar la empresa. Simplemente piratearíamos sus ordenadores y se la robaríamos”. La conversación que describe Levin es divertida, pero también reveladora, porque señala las quejas chinas respecto de la diferencia de trato: lo que se les permite a los estadounidenses a ellos se les veta y consideran que es momento de que las reglas de juego sean las mismas para ambos. Quizá ellos cometan ilegalidades, pero también los norteamericanos, y no se pueden invocar unas normas para unos y otras para otros.

No se aceptaban negativas: China es una superpotencia y los días en que podía ser tratada como un país sin importancia se habían terminado

Pero quizá lo más significativo del capítulo sobre las élites chinas sea la parte en la que narra el encargo que recibió para fijar una reunión con el ministro de finanzas de un país africano, un continente en el que Levin ha trabajado con frecuencia. Aceptó mediar en esa cita, e hizo algunas llamadas, cuando el representante del gobierno chino le señaló que la reunión tenía que celebrarse el día 12 de abril. El ministro africano no puso ningún problema al encuentro, pero quiso cambiar la fecha, porque ese día iba a estar en Washington en una reunión del Banco Mundial y del FMI, y sugirió varias alternativas. Desde Pekín dijeron a Levin que no, que la reunión tenía que ser el 12 de abril y que no había otra posibilidad. La cuestión de fondo era la siguiente: el funcionario había recibido la orden de una de las máximas autoridades del gobierno chino y su misión era que se cumpliera exactamente lo que le habían ordenado. El funcionario era consciente de que su posibilidad de ascender en la estructura dependía de hacer lo que le pedían y no quería que las puertas se le cerrasen. De modo que no se aceptaban negativas: China es una superpotencia y los días en que podía ser tratada como un país secundario se habían terminado. Levin, en ese punto, decidió desvincularse del asunto. Más tarde supo que la reunión se había celebrado, pero el 20 de abril y con el secretario del ministro de finanzas.

Los defectos

Estas historias contienen buenos retratos de tres sistemas políticos, los tres dominantes, ya que encierran algunos de sus principales defectos. El occidental globalista vive para hacer dinero y olvida todo lo demás, no se preocupa de sus familias y tampoco de las poblaciones de sus países; el chino posee una estructura rígidamente vertical que permite la planificación y la mirada estratégica, pero también genera ineficiencias, torpezas burocráticas y, a medio plazo, destruye el talento; y el ruso, dada su posición subordinada respecto de las dos grandes potencias, trata de ganar poder e influencia mediante jugadas de ajedrez, posiciones tácticas, dobles juegos y demás.

Tiene su lógica, ya que cuando únicamente se vive para el dinero se muere solo. Y no es mala advertencia para los gobernantes occidentales

Con esto bastaría para entender cómo, más allá de los sistemas políticos que cada uno defiende, esa mirada sobre los objetivos últimos y sobre los medios apropiados para conseguirlos da verdadera forma a las sociedades que gobiernan. Sin embargo, el libro reserva una sorpresa, que bien podría servir a las élites de Occidente como advertencia de qué nos depara el destino si seguimos por este camino. El mundo se está poniendo feo, en especial para Europa, y las opciones que se abren incluso empeoran lo que tenemos, algo que tampoco parece preocupar mucho a nuestros dirigentes, empeñados únicamente en que las cifras de rentabilidad les cuadren.

En el velatorio

Levin recibe una llamada de la exsecretaria de su primer jefe, el abogado de Wall Street. Le comunica que ha fallecido a causa de un tumor cerebral y le emplaza para el velatorio, que será íntimo, para familia y amigos. Cuando llega a la sala, solo hay una mujer, del personal de limpieza, que está barriendo. Levin piensa que se ha equivocado de hora y que todo el mundo se ha marchado ya. La mujer le cuenta que no es así, que en todo el día solo ha acudido él. Nadie más: ni mujer, ni hijos ni amigos. Tiene su lógica, ya que cuando únicamente se vive para el dinero, se muere solo. Y no es mala advertencia para los gobernantes occidentales: cuando el sistema que dirigen solo piensa en los beneficios y en la rentabilidad, cuando priorizan las necesidades de los inversores y de las grandes empresas globales sobre la de sus poblaciones, tienden a ser abandonados. Cada vez menos gente confía en el sistema, se cuenta con menos legitimidad y los votantes acaban por marcharse hacia otros lugares. En esa tesitura, se es presa fácil para las potencias extranjeras. Y, desde luego, se abre las puertas a movimientos políticos de ruptura. Esa es la principal explicación del auge de la derecha populista en Europa.

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