Las mentiras económicas de las derechas (y cómo están cambiando el mundo)

Las propuestas para la economía española de los partidos que compiten en las generales nos avisan del cambio político que estamos viviendo. Y tiene muy mala pinta

Foto: Iván Espinosa de los Monteros, durante su visita a Reino Unido, con diputados británicos. (Ross Tho)
Iván Espinosa de los Monteros, durante su visita a Reino Unido, con diputados británicos. (Ross Tho)

Nicholas Shaxson, en su excelente último libro, 'The Finance Curse', mantiene una curiosa teoría. Toma Angola como ejemplo de eso que ha dado en llamarse 'la maldición de los recursos'. Es un país rico en petróleo y diamantes y que genera notables ingresos gracias a ellos, pero también un territorio socialmente degradado, con una notable desigualdad y con unas cuentas públicas en muy mal estado. Su caso, que ocurre con cierta frecuencia, encaja en esa paradoja según la cual países y regiones con abundancia de recursos naturales tienden hacia un menor crecimiento económico y resultados peores que los de otros territorios con menor fortuna geográfica.

Por supuesto, esta paradoja puede explicarse por la corrupción y la debilidad de sus instituciones, o por la inestabilidad política. Angola es un ejemplo, según Shaxson, de todo ello. Dado que el petróleo es su principal fuente de ingresos, cada vez más actividades se orientaron hacia ese sector, y lo hicieron en detrimento del resto. Las élites del país y sus hijos se vincularon con el petróleo, y las personas mejor formadas fueron contratadas por esas empresas. Las poblaciones se desplazaron hacia los puntos geográficos donde esa actividad se producía, ya que había más oportunidades laborales, dado que se requerían trabajadores de servicios. Eso supuso que los precios se elevaran, “desde la vivienda hasta el corte de pelo”, convirtiendo la subsistencia en más difícil y pauperizando otros sectores: la industria local o la agricultura sufrieron “una ola de destrucción”, ya que les imposibilitó competir con los bienes importados. Hoy, la agricultura de subsistencia es la actividad más común.

Las dos naciones

Al mismo tiempo, ya que el petróleo concentraba las fuentes de riqueza del país, los gobiernos tomaban una actitud muy amistosa con él, en ocasiones demasiado, lo que favorecía legislaciones y condiciones operativas muy favorables, lo que, por supuesto, solía derivar en corrupción. Se acababan formando dos naciones, la de una minoría ligada al petróleo, y la del resto de sus ciudadanos, casi abandonados a su suerte.

El peso del sector financiero en Reino Unido es brutal, y por eso se le han concedido privilegios y legislaciones demasiado amistosas

La tesis de Shaxson es que el Reino Unido es otro de esos países en los que opera la maldición de los recursos, solo que con la City desempeñando el papel del petróleo, de ahí el título del libro, 'La maldición de las finanzas'. El peso de su sector financiero es brutal, y por eso se le han concedido privilegios y legislaciones demasiado amistosas, y le ha permitido absorber mano de obra preparada, los servicios mejor pagados y a las mismas élites. El exagerado precio de la vivienda en Londres, por ejemplo, es inseparable del auge de las finanzas, como lo es que “las personas que podrían haberse convertido en científicos, que en otra época soñaban con curar el cáncer o con llegar a Marte, hoy sueñen con ser gestores de fondos de cobertura". De modo que todo aquello que parecía una ventaja se convierte para sus poblaciones en un problema, hasta el punto de que la línea divisoria entre la City y el resto del país es enormemente nítida.

Los paraísos fiscales

Shaxson señala, además, un problema que hace muy difícil que el predominio de lo financiero decaiga: el elevado número de paraísos fiscales bajo bandera británica. Algunos son muy conocidos, como Jersey, las Islas Vírgenes o Gibraltar, y otros menos, pero la conexión directa entre la gran cantidad de capital que se mueve en estos territorios y la City, lugar a través del cual las inversiones se producen, complica aún más que Reino Unido ponga algún tipo de límite al mundo financiero.

La mayor parte del capital que las empresas financieras ponen en el mercado no ayuda al sector productivo sino que lo perjudica

Se podrían describir una serie de daños capitales que la financiarización está produciendo a nuestras sociedades y a nuestras economías, porque los propósitos teóricos e iniciales de las finanzas están muy lejos de sus prácticas habituales. Buena parte del capital que ponen en el mercado no ayuda a lo productivo sino que lo perjudica, por no hablar de las exigencias exageradas de rentabilidad, de las apuestas del 'high frequency trading', de la especulación inmobiliaria y otra serie de males adyacentes. El sector financiero se dedica a tomar lo existente y no a ayudar a que lo productivo funcione mejor: es ‘taker’, no ‘maker’. Y es normal, porque como bien subraya Shaxson, “un creciente número de investigaciones económicas han confirmado cómo una vez que un sector financiero crece por encima del tamaño óptimo, va más allá de sus funciones útiles y comienza a dañar al país que lo alberga”.

El centro de Occidente

El problema no es tanto la City cuanto que el capital financiero, la financiarización, constituye el centro de Occidente, por su influencia política y su enorme peso económico, lo que provoca que sus lógicas lo impregnen todo, desde la actividad económica institucional hasta el funcionamiento de las empresas. La creciente desigualdad, el aumento de las dificultades para los desempleados, autónomos, trabajadores asalariados y pequeños empresarios, y el nivel de vida menguante para buena parte de la población occidental tienen que ver con estas lógicas. En otro nivel, los excesos del ámbito financiero siguen repitiéndose, sin haber aprendido nada de los errores del pasado reciente, y sin tomar en cuenta las advertencias de la historia. Somos, como Reino Unido, países orientados hacia las 'cities', y eso acaba por generarnos demasiados problemas.

Las elecciones serán una pelea entre las opciones ortodoxas amistosas con la financiarización y una heterodoxia que ha girado hacia lo radical

Sería necesario provocar un cambio en las políticas económicas, de forma que se favoreciera mucho más lo productivo, el trabajo y la mejora del nivel de vida de los ciudadanos, en lugar de las exigencias de rentabilidad de los accionistas, que acaban por ahogar a empresas y países. Sin embargo, circulamos por el camino contrario, y las elecciones generales, en las que el PSOE lleva gran ventaja, tanto para acabar como primer partido como para gobernar, serán una buena muestra de la situación en que nos encontramos: una pelea entre las opciones ortodoxas amistosas con la financiarización y una heterodoxia que ha girado hacia lo radical.

Los fondos y Vox

Iván Espinosa de los Monteros, vicesecretario de Relaciones Internacionales de Vox y uno de sus líderes, visitó recientemente Londres. Se reunió, según asegura 'Expansión', con miembros del Parlamento, todos favorables al Brexit, y con fondos como AMP Capital, Otus, Columbia Thrednnedle y Natixis. Además, según 'La Información', en una residencia del lujoso barrio de Chelsea, tuvo lugar un encuentro de Espinosa de los Monteros con una treintena de representantes de las finanzas londinenses, incluidos directivos de HSBC, Goldman Sachs, Citi o UBS, así como con directivos de firmas industriales o del mercado inmobiliario. Todo esto ocurre después de las elecciones andaluzas, en las que la alianza de PP, Ciudadanos y Vox fue bien valorada en sendos informes de JP Morgan y HSBC, ya que "esta coalición podría ser bienvenida por los mercados porque es 'pro-business".

Sus políticas económicas no son adecuadas ni para España ni para los españoles, pero eso importa poco a la nueva Internacional instigada por Trump

Esta buena recepción es normal, porque las políticas que proponen vienen muy bien a los fondos, y favorecen al capital extranjero que busca rentabilidad que absorber en España. Son menos adecuadas para nuestro país y para nosotros mismos, pero eso importa poco a esta nueva Internacional instigada por Trump. No podemos obviar el ascenso de las derechas radicales, parte de las cuales gira alrededor de Bannon, está contra una Europa fuerte, afirma ser nacionalista pero solo en lo que se refiere a alejarse de la UE, y cuenta con programas económicos puramente neoliberales. Con este giro, ha salido ganando la parte superior de la pirámide social, esa que vive de las inversiones y que está haciendo dinero como nunca. Puede que Trump insistiera en conservar las fábricas en EEUU, las pocas que quedan, pero su política económica ha favorecido al ámbito financiero, esa misma corriente ideológica apoyó el Brexit, e impulsa una salida dura, y su visión recorre los programas económicos de la extrema derecha europea, Vox incluido.

El giro radical

La cuestión es que, como ocurre en lo político, el giro no acaba ahí. El nombramiento de Rubén Manso como coordinador del área económica de Vox es parte de esta tendencia, pero que Daniel Lacalle esté al frente del programa económico del PP es su mejor ratificación. Si en lo ideológico Vox ha acabado por impregnar al PP, que ha asumido muchas de sus posiciones, también en lo económico existen vasos comunicantes sólidos. Entre unos y otros existen diferencias ideológicas, pero solo perceptibles para quienes logren distinguir entre los neoliberales radicales y los muy radicales.

Para atraer a votantes, afirman que harán la rebaja más grande de impuestos de la historia, pero es una promesa que no pueden cumplir

La cuestión de fondo, sin embargo, es mucho más prosaica, porque sus programas son irreales. Cuando Espinosa de los Monteros declara que con Vox tendrá lugar la rebaja más grande de impuestos de la historia, intenta atraer a sus votantes con una promesa que no podrá cumplir. Lo que quiere decir, en realidad, es que bajará los impuestos a grandes empresas y a fondos de inversión, pero no a la clase media ni a la trabajadora, y tampoco a la media alta. España tiene muchas cosas que pagar, entre ellas la deuda creada para salvar al entorno financiero en la crisis, y hay que recaudar de alguna parte. Como suele ocurrir con las derechas, y más aún en un momento difícil como este, seguirán consiguiendo los recursos a través de las clases trabajadoras, vía impuestos indirectos y de las clases media y media alta vía impuestos directos. Y eso no se va a tocar, como se ha visto en Andalucía.

La economía productiva se vería claramente perjudicada por las políticas que proponen, en especial las pequeñas y medianas empresas

Del mismo modo, pueden argumentar que son ‘pro-business’, pero la realidad es la contraria. Son pro capital financiero, pero sus recetas no funcionan para la mayoría de los negocios, y ni siquiera para la mayoría de grandes empresas: la economía productiva se vería claramente perjudicada por este tipo de políticas, en especial las pequeñas y medianas empresas. Tampoco ayudarán a las clases medias, de donde salen muchos de sus votantes, porque seguirán pagando la factura. Sí podemos creerles cuando dicen que recortarán el gasto en pensiones, o que retrasarán la edad de jubilación, o que disminuirán las prestaciones en sanidad y educación para que podamos elegir en lugar de estar siempre bajo el paraguas de papá Estado.

Las dos opciones

Se ha acusado con frecuencia, y con razón, a la izquierda de que sus promesas electorales eran imposibles, y que una vez en el poder no las llevarían a efecto. Pero las mentiras liberales son aún mayores. En realidad, por más que hablen de España, sus políticas están pensadas para las élites, y si tienen que elegir entre los españoles y los que mandan, no tendrán duda alguna. Son valientes a la hora de atacar al marxismo cultural, pero no frente al poder real.

De modo que en las siguientes elecciones podremos elegir entre el centro y el extremo. Tendremos la opción Nadia Calviño, una tecnócrata nombrada para asegurar a Bruselas que la ortodoxia seguirá reinando, y Lacalle y Manso por la otra, neoliberales que amenazan con llevar las cosas mucho más allá. La oferta económica es buen correlato de la política, ya que buena parte de Europa tiene que optar entre seguir con lo mismo o el giro a la derecha, ese que pretende sustituir unos contrapesos institucionales que funcionan deficientemente por su ausencia.

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