La recomposición de las derechas y el futuro de Pedro Sánchez

La 'segunda vuelta' electoral servirá para aclarar las primarias de las derechas españolas, pero también para conocer qué futuro nos espera a medio plazo: Europa importa mucho

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, celebra la victoria en las elecciones generales. (Reuters)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, celebra la victoria en las elecciones generales. (Reuters)

Tezanos ha sido el ganador demoscópico de las elecciones, lo cual no deja de ser peculiar: que una encuesta realizada con un mes de antelación sea la que más se acerque a los resultados finales pone en cuestión que los debates sirvan de mucho, que las campañas tengan eficacia real y la creencia de que cada vez más gente decide su voto en el último momento. Conocemos la dificultad de predecir: hace no demasiado tiempo, nadie habría pensado que Sánchez iba a pisar la Moncloa, o que Salvini sería la fuerza dominante en Italia, o que Le Pen se recuperaría de la gran derrota de las presidenciales francesas, o que la derecha crecería tanto en Europa. Sin embargo, lo que subraya el acierto de Tezanos es que lo que vale para explicar unas elecciones quizá no sea ya efectivo en las siguientes. Cuando todo lo sólido se desvanece en el aire, es normal que estas cosas ocurran.

Vienen estas reflexiones a cuento de las tensiones que vamos a vivir en España. Por muchos motivos ya subrayados, pero también por algunos ligados a la coyuntura. El efecto final de la irrupción de Vox ha sido conducir a las derechas a la crisis. Su apuesta por la demonización de los adversarios, la personalización de la campaña en Sánchez y su competición por demostrar al mundo cuál era la derechita menos cobarde ha tenido como resultado llevar a los tres partidos a la debacle.

Ciudadanos, aunque ha conseguido un buen resultado, no ha logrado sobrepasar a un PP en el nivel más bajo de su historia

La suma de las tres formaciones está 22 diputados por debajo de los que consiguieron PP y Cs en 2016 (20, si contamos a Navarra Suma); el hundimiento popular ha sido histórico; Vox ha quedado muy por debajo de sus expectativas, desactivando la opción de la extrema derecha, y Ciudadanos, aunque haya conseguido un buen resultado, no ha logrado sobrepasar a un PP en el nivel más bajo de su historia. Es cierto que Rivera sale reforzado, porque da la sensación de que será el líder 'de facto' de la oposición, pero también lo parecía Pablo Iglesias cuando el PSOE estaba en crisis y le dieron el golpe de Estado a Sánchez, y miren lo que pasó a continuación. En este escenario, es increíble que haya quienes echen la culpa a Rajoy, como lo es que otros señalen a los medios de comunicación.

El regreso

Todo esto aclara el panorama para Sánchez. Tendrá una negociación relativamente sencilla con Podemos, porque parte en situación de ventaja. A Iglesias le ha ido bien, pero carece de la fuerza suficiente como para empujar al PSOE a un pacto amplio, y más aún cuando es probable que su partido tenga malos resultados en las elecciones de mayo. Y a pesar de las presiones obvias, es casi imposible que Ciudadanos pacte con el PSOE, porque Rivera ya se ve acabando con el PP y encabezando la derecha, su objetivo ahora, y un acuerdo de ese tipo los hundiría. De modo que, después de todas las tensiones, escenificaciones y demás, el PSOE regresará a la Moncloa, y aquí paz y después gloria.

Las municipales y autonómicas servirán para aclarar las primarias de la derecha y para ver el recorrido futuro de Podemos y Vox

O quizá todo sea menos tranquilo de lo que parece. Las elecciones del 26 de mayo van a ser importantes en dos sentidos. Las municipales y autonómicas servirán tanto para aclarar algo en las primarias de la derecha como para ver en qué quedan Podemos y Vox. Las segundas, las europeas, van a ser mucho más relevantes de lo que creemos, porque en ellas nos jugamos mucho, y no solo porque sea en Bruselas donde se decide gran parte de la política económica española.

La lección aprendida

Esta segunda vuelta de las primarias de las derechas debería servir también para subrayar que les ha llegado el tiempo del cambio. Una vez pasado mayo, sería la hora de debatir sobre ideas de futuro y de encontrar alternativas ideológicas a su fracaso, pero es mucho más probable que lo que veamos sea una pelea pura y dura por ocupar el primer lugar del lado diestro del tablero a partir del desprestigio del adversario y de las opas hostiles. Sin embargo, tendrá que llegar el instante en que comiencen a surgir otras visiones y que empiecen a competir por el centro, porque la hipótesis de la extrema derecha parece desactivada, ya que fragmenta el voto y les lleva al fracaso, una lección de la que sus electores parecen ser muy conscientes un día como hoy.

En otras circunstancias, un Sánchez parecido a Macron o a Tony Blair sería una apuesta ganadora; hoy es mucho más improbable

En otro sentido, es probable que el PSOE adopte un perfil más moderado, con sentido de Estado y alineado con Bruselas, para aumentar la confianza internacional. En ese escenario, tendríamos una línea dominante muy prosistema, en ambos lados del espectro político, con opciones más atrevidas, como Podemos y Vox, relegadas a los extremos.

Un líder para largo

Sin embargo, esta apuesta es mucho más frágil de lo que parece. Iván Redondo suele decir que su papel con Pedro Sánchez es el de construir un líder para 10 años, que no solo siga gobernando España sino que posea presencia e influencia en Europa. Y, en otras circunstancias, diseñar un perfil a lo Macron, como una nueva versión de la Tercera Vía de Blair, sería una apuesta ganadora.

Es probable que Sánchez intente hacer valer en Europa la excepción ibérica, la del líder español que ha conseguido detener a la ultraderecha

Pero ya no estamos en un contexto normal, y las elecciones europeas nos lo van a recordar. Las tensiones geopolíticas y económicas están construyendo un mundo diferente, y Redondo va a necesitar mucho más que mantener un perfil sistémico y presidenciable para conseguir su propósito. Está por ver el papel que va a jugar España en el contexto europeo, y si va a servir de socio prioritario al eje franco-alemán una vez que Italia está girando hacia otro lugar, y con él, el margen de maniobra que Bruselas va a permitir a Madrid, como se lo están permitiendo a Macron. Es probable que, en ese contexto, la excepción ibérica, el líder español que ha conseguido detener a la ultraderecha, pueda ser una baza que Sánchez haga valer.

Europa, pero al revés

Tenemos, pues, una situación paradójica, ya que la derecha española, al contrario que la europea, está en crisis y pensando en retomar el centro, y el partido socialdemócrata, al contrario que en el continente, está en auge. Pero, volviendo al inicio, lo que sirve para un escenario político concreto será poco útil en el siguiente, y pensar que esta situación será estable puede ser un gran error. En realidad, esta situación debería ser una oportunidad para ambas opciones ideológicas, pero eso supondría actuar a contrapelo de los tiempos, y no siempre hay líderes con arrestos para llevar la contraria a la época.

En el caso de la derecha, podría moderarse y evitar las tentaciones que la conducen al populismo extremo, pero cuando hay tantas formaciones en Europa que triunfan por ese camino, resulta raro que, en esa competición entre las tres formaciones, no haya alguna importante que no termine creciendo con mensajes parecidos. Y en el caso de la izquierda socialdemócrata, Sánchez tendría que olvidarse de imitar a Macron y reformar por completo una opción ideológica que se ha echado en brazos de un liberalismo en declive; para ser un líder europeo de la izquierda, tendría que ser mucho más atrevido y no conformarse con convertirse en un nuevo Tony Blair, porque los tiempos no van en esa línea. En lo que no parece existir contradicción con la UE es que la izquierda no socialdemócrata seguirá siendo la gran perdedora, salvo que dé un giro efectivo e inesperado.

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