Los traidores a Iglesias

El líder de UP se reunió con su núcleo cercano para asegurarse su lealtad de cara a una posible repetición electoral. El problema es que sus fieles son ya muy pocos en el partido

Foto: Ilustración: Raúl Arias.
Ilustración: Raúl Arias.

El pasado 12 de agosto, Pablo Iglesias se reunió con 20 cuadros del partido, los más cercanos a él, para trazar la estrategia de negociación con el PSOE y para pulsar el estado de ánimo por si hubiera que concurrir a elecciones. Iglesias quiere poder, Sánchez ha expresado reiteradamente que no va a ofrecerle el tipo de presencia en el Gobierno que desea, y hasta la fecha no hay ninguna señal de que dos posiciones difícilmente conciliables vayan a encontrar un camino de convergencia.

La reunión tenía su importancia, y no tanto por las novedades en la estrategia sino desde el lado interno. En ese terreno, ir a elecciones tiene un coste grande para Unidas Podemos, e Iglesias quería comprobar el grado de fidelidad de su núcleo duro. Las disensiones debían ser controladas, ya que podrían ser aprovechadas por el PSOE en las negociaciones, pero Iglesias también sentía la necesidad de constatar que contaba con el apoyo incondicional de sus fieles. Ese día se ratificó la posición, o poder o elecciones, e Iglesias se cercioró de que la respuesta de los cercanos era lo suficientemente satisfactoria. Una postura que pudo volver a comprobar en la continuación de esa reunión, que tuvo lugar la semana pasada.

Los tres escollos

Sin embargo, los problemas de fondo siguen ahí. UP tiene que gestionar tres desafíos respecto de sus bases, de sus cuadros y de sus votantes. El primero y más conocido son las diferencias con IU, que quedaron patentes en la citada reunión, a la que Enrique Santiago (secretario general del PCE) fue invitado, pero no Alberto Garzón (Santiago, al conocer este extremo, decidió no asistir). Las diferencias en la negociación con el PSOE han colocado a Garzón como sospechoso, cuando no como un traidor, entre los cercanos a Iglesias, lo que está tensando extraordinariamente las relaciones con IU. Máxime cuando Garzón ocupa una posición bastante complicada: defiende la alianza con Podemos cuando buena parte de sus bases están en contra, y al mismo tiempo el beneficiado de esa relación, Iglesias, está minando su liderazgo.

Muchos de los cuadros de IU han señalado ya a la dirección que no concurrirán con Unidas Podemos a la repetición de elecciones

Más allá de la situación del líder de IU, que tendrá consecuencias para UP, está la realidad de los territorios: nadie de IU hará campaña a favor de UP, salvo en Euskadi, Andalucía y Extremadura. Y aún más, muchos de los cuadros de la formación han señalado ya que no concurrirán con Podemos a las elecciones. El deseo de ruptura es grande en muchas comunidades, y en algunas, como La Rioja o Canarias, los puentes se han dinamitado. Además, la parte anti-Garzón de IU entiende que no hay ninguna ventaja de concurrir en coalición, porque si salen, saldrán los candidatos de Iglesias y quizá los de Garzón, pero no alcanzará para que quienes representan otras corrientes estén presentes. Las presiones por la ruptura van a ser muy intensas, y se plasmarán en algunas comunidades, lo cual, con este sistema electoral, puede penalizar a Iglesias.

Los problemas con los suyos

En segundo lugar, están las contradicciones internas de Podemos, ya que muchos dirigentes de los territorios son contrarios a Iglesias, y eso supondrá que no hagan campaña o que la desarrollen con enorme desidia. En Valencia, Aragón, Baleares, La Rioja y una Castilla La Mancha indecisa, Iglesias no va a encontrar el apoyo que precisa de los suyos. Y está el sorprendente caso de Andalucía, donde los anticapitalistas, con Teresa Rodríguez y Kichi al frente, están optando por un proyecto autónomo que puede tener consecuencias. En Andalucía se produce algo significativo: mientras IU apoya a Iglesias, otra de las facciones de Podemos no.

Si Más Madrid diera el paso adelante, aunque solo se presentase en la capital de España, haría daño a los de Iglesias

En tercer lugar, están las consecuencias que provocaría la aparición del errejonismo en las generales. Si Más Madrid diera el paso adelante, lo cual es bastante probable, haría daño a UP aunque solo concurriera por Madrid, y más cuando es muy posible que buena parte de IU se aliase en la capital con Errejón. Solo con ese territorio, y con las alianzas con Compromís y con los disidentes andaluces, les daría para lograr grupo parlamentario y penalizarían a los de Iglesias en el cómputo global. Y eso con la apuesta más modesta, la de que Errejón no saliera de Madrid.

Las bazas electorales de Podemos

Sumados los tres frentes, las previsiones para UP de cara a las nuevas generales aparecen poco halagüeñas. Sin embargo, son elementos que preocupan poco a Iglesias. En parte porque hay un voto resistente que UP no va a perder, en parte porque si las negociaciones quedan definitivamente rotas también habrá una corriente de simpatía por Podemos y de rechazo del PSOE, y en parte porque Iglesias confía en la campaña y en los debates, donde espera imponerse a los socialistas, para mantener un nivel respetable de voto. La formación morada nació y creció desde los medios de comunicación de masas y desde las redes, y una articulación territorial coherente y una presencia estable en los territorios nunca han sido su prioridad, porque las entiende secundarias respecto de los mensajes transmitidos a través de las televisiones.

Alrededor de Podemos todo el mundo está activándose para hacerse con el espacio político que dejará la formación, no para suceder al líder

La dirección de Podemos está relativamente confiada respecto de los resultados electorales, de los que espera que sean lo suficientemente sólidos como para ver ratificada su apuesta por el todo o nada, y desde ahí reconstruir el partido alrededor del núcleo de fieles existente y con un nuevo liderazgo, el de Irene Montero. Pero la debilidad interna no se agota en las generales, y por más que el resultado pueda ser decente, lo cual está por verse, todo el mundo dentro está pensando en el escenario posterior. Ya no se plantean qué pasará después de Iglesias, sino qué ocurrirá después de Podemos. Están activándose para hacerse con el espacio político que dejará la formación morada, no para tejer la sucesión al líder. Y eso no variará con el resultado electoral. En este sentido, la reunión del 12 de agosto, que tenía como objetivo detectar posibles traiciones (o falta de compromiso) en su núcleo duro, es una buena imagen del momento de la formación. Los 'traidores' crecen por todas partes.

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