El truco del WhatsApp y las guerras en la izquierda

Las tácticas electorales marcarán las acciones de los partidos en los próximos meses. Pero si miramos debajo de ellas, hay elementos muy importantes para el futuro

Foto: Lo que queda de UP. (Chema Moya/EFE)
Lo que queda de UP. (Chema Moya/EFE)

Hay dos movimientos en la izquierda de cara a los próximos meses, el del PSOE ofreciéndose como partido sistémico y el de UP intentando conservar una relación de fuerzas conveniente de cara al periodo poselectoral. Sánchez jugará la baza de la centralidad, subrayando que su formación es el único pivote alrededor del cual se puede generar estabilidad y continuidad, y repetirá en campaña sus lemas de modernidad, feminismo, transición ecológica y reformismo económico para resituar España en la buena senda. En ese frente, tratará no solo de conseguir el mayor número posible de escaños, sino de reducir los de Iglesias y (especialmente) los de Ciudadanos para poder contar con flexibilidad negociadora y con pocas resistencias tras el 10-N. Unidas Podemos debe hacer frente, por su parte, a los comicios y a los problemas internos. La intención de los anticapitalistas, liderados por Teresa Rodríguez, de concurrir a las elecciones bajo la denominación Adelante Andalucía y la más que posible aparición de Errejón son señales evidentes de movimientos tectónicos. Unos y otros se juegan, por caminos diferentes, el presente y el futuro.

En este giro, el PSOE se desprenderá no tanto del progresismo como del izquierdismo, y dejará clara su apuesta por un Gobierno moderado, más perfil Cs que Podemos. Este abandono de la izquierda sería buena noticia para los de Iglesias si UP estuviera en condiciones de competir. La formación de Iglesias no comparece en su mejor forma, y no hay demasiadas señales de que en la campaña lo ideológico vaya a tener mucho peso.

El movimiento contrario

Para UP, el problema está dentro. No tanto por la fragilidad del partido, cuyas decisiones toman un par de personas sobre las que solo influyen otras tres, sino por la deriva exterior. De cara a las elecciones, Iglesias cerrará filas, se centrará en una campaña que responsabilice a los socialistas de la ausencia de investidura, que señale cómo el Ibex 35 no les ha dejado gobernar y que avise del giro a la derecha del PSOE. Espera que con los actos, algo de movilización por redes y el éxito que prevé en los debates pueda alcanzar un resultado aceptable, el suficiente para que sus escaños sigan teniendo influencia en una posible investidura.

Las distintas facciones de UP, desde Rodríguez hasta Colau pasando por Errejón, han tomado un territorio y se han acantonado

Mientras tanto, su partido está viviendo el momento inverso al de su crecimiento. Podemos se expandió territorialmente colocando el nombre de la franquicia en los grupos locales y amparándolos bajo el paraguas común. En el momento de declive, esos mismos grupos están desvinculándose del proyecto fallido y trazando uno propio. Las distintas facciones de UP, esas que se unieron en coalición para convertirse en opción de gobierno, a pesar de tener perspectivas políticas diferentes, han vuelto al estado inicial, han tomado cada una un territorio y se han acantonado.

Una nueva coalición

Las figuras de relevancia que tenía alrededor, como Teresa Rodríguez, Errejón o Ada Colau, han asentado poder territorial, y desde ahí tratarán de reconquistar el espacio a través de una nueva coalición con otro tipo de estructura y sin Iglesias ni Montero. Los movimientos electorales que presenciemos, como los de Adelante Andalucía o Más Madrid, no podrán entenderse sin este propósito futuro. Los agraviados por Iglesias, que son muchos, intentan apoderarse de su espacio electoral desde fuera. En realidad, lo de Podemos se parece mucho a esa vieja práctica de cerrar un grupo de WhatsApp e iniciar otro con los mismos participantes excepto aquel que querían expulsar.

Iglesias acusa a Sánchez del fracaso de las negociaciones y los barones de UP responsabilizan a Galapagar: la culpa es siempre ajena

Este juego táctico contiene también un par de malas noticias. En primera instancia, subraya cómo los protagonistas de una historia de gran éxito, rápido ascenso y continuado declive se resisten a desaparecer intentando aferrarse a la tabla del otro. La segunda, señala cómo gran parte de la gente que está o estuvo en Podemos ha dado por terminado el proyecto y considera que debe rehacerse. Sería una opción, pero siempre que comprendiesen que el motivo de la caída no es Pablo Iglesias, sino la perspectiva política que ellos comparten; que la culpa es de todos, ya que no han sabido poner en juego una oferta que respalde el elector. Del mismo modo que el líder de UP se escuda en señalar a Sánchez como único causante de que no haya habido acuerdo, los barones de UP apuntan a Galapagar para justificar por qué los resultados han estado muy por debajo de las expectativas creadas.

La idea compartida

De fondo, sin embargo, hay algo más preocupante. Todos ellos poseen una idea de la política muy ligada a la simple consecución del poder, lo cual es paradójico proviniendo del 15-M. Es un mal contemporáneo, ese que ha llevado a la personalización, a los líderes muy por encima del partido, a fijarse únicamente en la televisión y las encuestas, a construir imagen y olvidarse de las ideas. Afecta en todas partes, y Sánchez es también un ejemplo, pero no por eso deja de ser pernicioso, y mucho más en estos momentos.

Sin una idea clara de dónde estamos y qué hacer, lo demás resulta completamente irrelevante. Que los medios devoren los fines no es buena idea

Al mundo político español, y de manera palpable a la izquierda, le faltan ideas, análisis, perspectivas y estrategias que le permitan entender el momento y aportar soluciones. Ninguno de los partidos está en eso: tanto el PSOE como UP han decidido centrarse en lo electoral, pero no coyunturalmente, sino como modo de vida. Es sorprendente que medios como ‘Financial Times’ expongan la situación de un modo más crudo que todos ellos juntos, que sus propuestas sean más atrevidas y, sobre todo, mucho más ligadas a la realidad que la ortodoxia socialista o que la ignorancia de Podemos sobre la economía y el capitalismo. Sin esto, sin una idea clara de dónde estamos y qué hacer, todo lo demás (los debates, los tuits, las fotos, los lemas banales o los liderazgos mediáticos) resulta completamente irrelevante. Que los medios devoren los fines no es una buena apuesta.

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