El bipartidismo nunca se fue: los nuevos partidos y “lo que el país necesita”

Es el momento de una campaña pensada para que los socialistas gobiernen tras la cual, el PP, si es listo, ayudará a afianzar el bipartidismo debilitando al máximo a los partidos emergentes

Foto: El portavoz de Más Madrid en el Parlamento regional, Íñigo Errejón (5i), junto a la coportavoz del grupo, Rita Maestre (4i), entre otros, al finalizar la asamblea convocada por la agrupación madrileña. (EFE)
El portavoz de Más Madrid en el Parlamento regional, Íñigo Errejón (5i), junto a la coportavoz del grupo, Rita Maestre (4i), entre otros, al finalizar la asamblea convocada por la agrupación madrileña. (EFE)

La política de los últimos años, como casi todo en estos tiempos, vive inmersa en la aceleración. Los líderes emergen y desaparecen, proyectos que parecían sólidos se debilitan en pocos meses y otros que pintaban endebles cobran inesperado auge. Es tiempo de inestabilidad en Occidente, y es probable que los años venideros la hagan más profunda. Fruto de esa velocidad, surgen novedades frecuentes.

En los años anteriores, España pareció liderar ‘lo nuevo’ en la oferta electoral europea con la aparición de un inusual partido de izquierdas que concitó atención internacional. Pasada la efervescencia, y una vez que el populismo de Podemos dejó el escenario para convertirse en máquina de guerra electoral, giramos hacia el lugar contrario y nos convertimos en receptores de las novedades que tenían lugar en el resto de Occidente. La última, el crecimiento de derechas populistas, tardó en llegar, pero también encontró su lugar en nuestro país, aunque fuera de un modo descafeinado, con un Vox que es más derecha nostálgica que populista.

Pragmáticos y responsables

Ese seguidismo respecto de los cambios que acontecían en Europa lo vimos también, y no hace mucho, aunque nos parezca una eternidad, cuando Rivera aspiró a convertirse en el Macron español. Y regresa ahora con Más País, que pretende ser el equivalente nacional de los partidos ecologistas, especialmente el alemán, que están en auge en algunos países occidentales.

Ya que las generaciones jóvenes quieren un Green New Deal, Errejón ha apostado por hacer de lo verde el centro de su programa

En la presentación de su partido, que tuvo lugar el pasado miércoles, Errejón quiso resaltar que su formación pretende ser “pragmática, sensata y responsable, con mirada larga para las transformaciones feministas, verdes, de justicia social y democráticas que nuestro país necesita”. La política también tiene que ver, afirmó, con qué comemos, si es saludable y de proximidad, y con qué transportes utilizamos. Y ya que las generaciones jóvenes pretenden un Green New Deal, su candidatura ha apostado por hacer de lo verde el centro de su programa. Del mismo modo, aspira a gobernar la economía digital y la digitalización, apostando por los sectores de mayor valor añadido y por la renta básica universal.

El partido de los ‘bobos’

Esa insistencia de Más País en la juventud, la ecología, el feminismo y la innovación, desde una perspectiva que revela escasas diferencias con las preocupaciones expresadas en el Foro de Davos dedicado a la cuarta revolución industrial, es parte del intento de poner en circulación el partido de los ‘bobos’, los burgueses bohemios, y de sus hijos; una opción amable y sistémica, dirigida a clases urbanas y culturalmente progresistas.

Errejón ha llevado su marca a la arena nacional con la intención de contribuir a la gobernabilidad y de apoyar al bloque progresista, es decir, al PSOE

La realidad de esta formación, mucho más que en sus propuestas, está en su predisposición. Al igual que en otros entornos occidentales los partidos verdes tienen una utilidad, la de apoyar a las viejas formaciones socialdemócratas en caso de necesidad o de sustituirlas si las cosas se tuercen, Errejón ha llevado su marca a la arena nacional con la intención de contribuir a la gobernabilidad y de apoyar al bloque progresista, es decir, al PSOE, si sus votos fueran necesarios. Al hacerlo incondicionalmente, se convierten en su cantera, en una suerte de juventudes de los partidos socialistas, más que en una formación con entidad propia: la tecnocracia la aportan otros, ellos ponen el toque de color.

Mínimas diferencias

Lo curioso es que, si comparamos las ofertas de Más País con las que presentó Unidas Podemos en las elecciones anteriores, no encontraremos diferencias sustanciales. Sus lemas, feminismo, ecologismo, juventud o justicia social, eran los mismos. Y también Iglesias se presentó a los comicios resaltando que su intención era ayudar a que el bloque progresista sumase y se pudiera conformar un Gobierno en el que no estuvieran presentes las derechas. El único aspecto en el que se diferencian es en el talante, más aguerrido Iglesias, más conciliador Errejón, pero ideológicamente ocupan el mismo espacio. Ambas fuerzas se situaban dentro de la izquierda (o del progresismo, más propiamente) y su papel era el de apoyar a otro partido para que llegase al poder.

En España, los partidos nuevos, los cuatro, no han sido más que secesiones de bloques ya existentes

Más que una crítica a formaciones concretas, se trata de constatar una realidad. En España, los partidos nuevos, los cuatro, no han sido más que secesiones de bloques ya existentes que pretendían encontrar un espacio propio. Vox no es un partido populista de derechas, sino uno a la derecha del PP, y por tanto ha ejercido de muleta de los populares; Ciudadanos tenía más recorrido que otros en ese espectro, porque podía apoyar a unos u otros, pero se decantó por supeditarse a Génova; Podemos decidió que su función era empujar al PSOE hacia la izquierda, y que para ello no había más camino que pactar con Sánchez, al menos hasta que Sánchez los despreció; y Más País sigue esa línea, solo que de un modo más explícito y tranquilo. Todos ellos han decidido ocupar una posición de mercado más que poner en marcha una política nueva, lo que los ha abocado a convertirse en muestras variadas de lo mismo. Esa es su posición actual.

Menos margen de acción

El asunto, sin embargo, va mucho más allá de España. Este es un momento complejo, en el que la ortodoxia política de las últimas décadas ha dado numerosos signos de agotamiento. Los partidos clásicos, sean de derecha o social liberales, están viendo cómo se reduce su margen de acción en Europa, empujados por los populismos de derechas. Una forma de paliar el descontento y de volver a movilizar a los electores es contar con líderes diferentes, ya estén al frente de nuevos partidos o encabecen los viejos. Macron, Renzi, Trudeau o Sánchez son algunos ejemplos. Otra ha sido la puesta en marcha de formaciones diferentes que ayudasen a recuperar electorado perdido por los grandes partidos, con el fin último de apoyar a estos, y ahí la suerte ha sido desigual, desde la ya lejana irrupción de François Bayrou o Nick Clegg hasta los antiguos y nuevos partidos ecologistas.

Los populismos de derechas apuestan por la diferencia en asuntos como la soberanía, la geopolítica, la cultura o la economía

Ahora estamos en otro instante europeo. Los partidos populistas de derechas tienen componentes claramente diferenciados, en elementos de soberanía, culturales, geopolíticos e incluso económicos, y están ganando terreno, en el mismo momento en que las izquierdas aparecen muy frágiles. En el ámbito anglosajón, sin embargo, las cosas son bastante distintas, ya que en EEUU y en Reino Unido los líderes populistas no han ganado terreno, sino que están en el poder, mientras que en la izquierda existen candidatos demócratas como Sanders o Warren (que encabeza las encuestas) económicamente mucho más atrevidos, también en el terreno del Green New Deal. Corbyn, por su parte, ha regresado al izquierdismo clásico, lo cual es un elemento diferencial hoy.

El liberalismo, en crisis

Por definirlo de otro modo, lo que estamos viviendo en Occidente es la reducción del espacio del liberalismo que dominó las últimas décadas, ahora constreñido por nuevas opciones menos democráticas desde la derecha y por propuestas en la izquierda nada liberales.

Lo que constituyó el centro de la política está desapareciendo, si hablamos de EEUU y Reino Unido, o fragilizándose, si se trata de Europa. En España, no hay nada de eso. Lo más radical es UP, cuyas diferencias con los socialistas para formar Gobierno no han sido programáticas sino de sillones, lo cual rebaja mucho la radicalidad. Ese ataque al 'statu quo' liberal no ha dejado daños en España desde que el primer Podemos se desvaneció. Pero eso no quiere decir que las tendencias globales no aparezcan en nuestro país en un plazo prudencial. Ahora es el momento de una campaña pensada para que los socialistas gobiernen tras la cual, el PP, si es listo, ayudará a afianzar el bipartidismo debilitando al máximo a los partidos emergentes. Después veremos.

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