Quién teme a Pablo Iglesias

La desconfianza entre el PSOE y Podemos ha comenzado a manifestarse. Pero el intento socialista de marcar terreno, fruto de la prevención, también puede ser un error

Foto: Pablo Iglesias, durante la investidura. (EFE)
Pablo Iglesias, durante la investidura. (EFE)
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La emoción en Podemos tras la investidura de Sánchez fue desbordante. Las lágrimas de Iglesias, los calificativos de “momento histórico”, las felicitaciones efusivas, las enormes sonrisas, todo fue vivido a lo grande. Llama la atención esa intensidad, porque estaban celebrando como si Iglesias fuera el nuevo inquilino de Moncloa cuando no es más que el socio minoritario de la coalición. Esa capacidad de difundir sus renuncias como si fueran triunfos forma parte del ADN de Podemos, aunque en este caso tenía algo de necesario, como era transmitir ilusión en un tiempo que se adivina difícil.

Ni siquiera el arranque de legislatura parece exento de tensiones internas. El anuncio de los nominados de Podemos a los puestos ministeriales y el añadido de una cuarta vicepresidencia desde el PSOE revelan una preocupante desconfianza entre los socios. Es una mala señal, aunque tampoco se debería exagerar.

Dos elementos de cohesión

La coalición cuenta con dos factores cohesivos que no se pueden menospreciar. La lógica política subraya que no hay nada que una más que el poder y nada que divida más que la derrota. Cuando un partido gobierna, el efecto más habitual es que las facciones enfrentadas que lo conforman cierren filas, y suelen hacerlo muy sólidamente cuando el reparto es el adecuado. En UP, parecen contentos en ese sentido.

El otro elemento de unión entre Iglesias y Sánchez, pero también con aliados distantes como ERC, es todavía más intenso: cuando la única alternativa es un mal mayor, las diferencias suelen aparcarse. Tener en el otro lado a la derecha nihilista es un regalo para los socialistas, la foto de Colón fue una gran ayuda para llegar a la Moncloa y la actitud de PP, Cs y Vox en la investidura los benefició enormemente. El frente antifascista, así, da réditos.

Lo incontrolable

En sentido contrario, es difícil anticipar lo que durará este Gobierno, en parte porque depende de factores que no controla, como son las intenciones reales de ERC de tener un 'president' en la Generalitat, algo que exige aparcar el 'procés' y rebajar la tensión. El otro elemento que puede romper esta alianza precaria es la situación internacional: una crisis económica, por ejemplo, sería difícil de atravesar con el equilibrio actual de fuerzas.

Este Gobierno supone un cierre de filas en la izquierda; al menos durante un tiempo sustancial, las críticas quedarán borradas

Pero, hasta entonces, Iglesias es un socio valioso para Sánchez y sería un error menospreciar lo que puede aportar en varios sentidos.

Este Gobierno supone un cierre de filas en la izquierda que, al menos durante un tiempo sustancial, borrará toda crítica, algo que sin la ayuda de Iglesias sería mucho más difícil. Con la derecha presa de exageraciones y superlativos, desde el otro lado del espectro político se cuidarán las formas en caso de desacuerdo.

El nuevo Salvini

En segundo lugar, a Iglesias le conviene que el Gobierno dure porque debe construir su partido, que territorialmente es muy débil, y piensa que desde el poder es mucho más fácil construir redes sólidas que desde la oposición. Cuanto más tiempo tenga para esa tarea, mejor, de modo que no le compensa alimentar animadversiones.

Iglesias puede jugar el mismo papel que Guerra con González: cuando haya que apelar a los descamisados contra los señoritos, ahí estará él

También conviene a los socialistas contar con Iglesias por razones mediáticas. Hay temor a una exposición pública exitosa del líder de Podemos (incluso se ha hablado de que sea su lanzamiento, como ocurrió con Salvini), pero también es algo de lo que pueden sacar partido. Dado que las funciones reales de Iglesias en el Gobierno van a ser limitadas y carecerá de peso en un área como economía, puede jugar el mismo papel que Alfonso Guerra con González: cuando haya que apelar a los descamisados contra los señoritos, ahí estará Iglesias, lo que permitirá a Sánchez ser más moderado.

El cambio de Podemos

Se debe tener en cuenta algo más, que la reciente entrevista de Andrés Gil en 'eldiario.es' subraya de forma insistente. Iglesias ha maniobrado permanentemente en escenarios diversos, y cada paso adelante que ha dado fue para rebajar sus postulados. Le ocurrió en lo puramente electoral, ya que convirtió un partido con vocación hegemónica en uno subordinado, aceptó las reglas del juego que pretendía desafiar, decidió ser la muleta voluntaria de la formación política a la que pretendía sustituir y, cuando le negaron, se volcó en las nuevas elecciones en ser aceptado como socio.

Esta alianza se romperá tarde o temprano, es ley de vida. La cuestión es el mientras tanto

También le ha ocurrido en cuanto al programa político, ya que en los últimos años UP era un partido poco atrevido, salvo en las cuestiones culturales. Iglesias tenía buena relación con Tsipras y aprendió la lección, fue consciente de que el camino rupturista le traería problemas y lo abandonó; conservó cierto tono antisistema, pero desde luego no las propuestas. No olvidemos que será el vicepresidente que liderará la Agenda 2030, algo que podrían haber hecho desde Toni Roldán hasta Eduardo Madina.

De esto son conscientes los mercados y las instituciones internacionales, que no han mostrado preocupación por el nuevo Gobierno, y que son quienes podrían poner las cosas difíciles para España. Esta alianza se romperá tarde o temprano, dependiendo de cuándo sean las próximas elecciones generales, es ley de vida. La cuestión es el mientras tanto, y en ese periodo, Iglesias puede ser un socio valioso: generar desconfianza en lugar de disolverla sería un error. Es cierto que Iglesias es un superviviente, pero Sánchez lo es todavía más. Los recelos son normales, pero solo hasta cierto punto.

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