Nuestro error con el coronavirus: dónde deberíamos poner el foco político
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Esteban Hernández

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Nuestro error con el coronavirus: dónde deberíamos poner el foco político

Este es un momento de excepción con una situación sanitaria muy grave y enormes retos políticos, económicos y sociales en el horizonte. Es hora de situar las cosas en su sitio

Foto: Muchos trabajadores perderán su empleo. (Luis Tejido/Efe)
Muchos trabajadores perderán su empleo. (Luis Tejido/Efe)

Esta situación es la más cercana a una guerra que hemos conocido muchas generaciones de españoles. Por eso es tan importante la reacción que tengamos, en lo individual y en lo colectivo. Si las cosas empeoran, como todos prevemos, habrá que hacer un gran esfuerzo que nos obligará más que nunca a enfocarnos en lo importante: realizar la mejor tarea sanitaria posible, poner todos los medios disponibles para atajar esto lo más rápido que se pueda, y trabajar para manejar las consecuencias, económicas, políticas y sociales que el Covid-19 tendrá. El coronavirus ha cambiado nuestras vidas y también lo hará cuando desaparezca.

Sin embargo, parece que todavía no hemos caído en la cuenta de a qué nos estamos enfrentando, a juzgar por la mayor parte de las discusiones de los últimos días en la esfera pública, dividida entre la alarma, el pensamiento positivo y, cómo no, los múltples enfrentamientos partidistas. No se trata sólo de lo que se transmite por redes y medios de comunicación, sino de que la mayor parte de los mensajes que se emiten van en la misma dirección, la de buscar responsables en lugar de soluciones. Cuando quieren explicar por qué las cosas van mal encuentran una causa rápido en los líderes políticos: Sánchez es un inútil y lo hace todo mal, Iglesias es un chavista que ha tomado el CNI, Ortega Smith es ridículo, Díaz Ayuso es la continuación de la Gurtel y así sucesivamente. El Rey también ha tenido su parte, Torra y buena parte del independentismo merecen mención especial en este apartado de intentar sacar provecho político de la situación, trampa en la que también ha caído el PNV. El caso es utilizar el momento para conseguir réditos políticos y, aunque unos más que otros, lo hacen todos. Una vez más, parece que lo importante no es buscar soluciones sino culpables.

El pozo

No es extraño, porque la política lleva años inmersa en estas dinámicas. Y no se trata de que no se puedan criticar actuaciones negligentes o denunciar lo que debe corregirse, lo que es legítimo y necesario, sino de que la sociedad española lleva metida mucho tiempo en este pozo y ni siquiera el coronavirus nos está sacando de él. No interesa el fondo de los asuntos, sino el ruido y la superficie, y para eso la personalización es una gran baza. Ocurre también en el periodismo actual, pero es una tendencia instalada en las tertulias del fútbol, del corazón, en las de los programas de telerrealidad, en las de política. Discusión, ruido y furia con una personalización brutal. Las redes se han convertido en altavoces enormes de estas dinámicas: uno es fascista, el otro bolivariano, el otro va a acabar con la civilización y así sucesivamente. Hoy mismo, Echenique y Rafael Hernando caían en estas trampas que les dejan en muy mal lugar: cada vez que se utilizan los calificativos en lugar de argumentos es porque se carece de ellos.

Con tanto ruido y enconamiento en el debate, los políticos nos están diciendo expresamente que no tienen nada que decir

Lo siento, no quiero formar parte de eso. No me interesa. No es útil para la sociedad ni para los ciudadanos. Y en un momento como este, es ridículo. Es un mecanismo de desahogo de la frustración personal que acaba derivando en espectáculo, cuando no en una forma pornográfica de diálogo social. Además, y esto es esencial, por más que los actores sean parte de la obra, cuando se convierten en el todo es a costa de invisibilizar lo decisivo, el texto. En este instante concreto, seguir en esas dinámicas demuestra la incapacidad de quienes las utilizan de pensar cómo hacer frente al coronavirus y qué soluciones estructurales ofrecer, que serán indispensables para el momento posterior y que condicionan nuestra reacción ahora. El ruido no es más que una manera de decir que no tienen nada que decir.

El sacrificio

Hay otros terrenos en los que la personalización sí es pertinente, en el de conductas privadas poco conocidas que aportan algo a los demás; conductas a veces profesionales, a veces ejemplares y otras heroicas, de gente que se sacrifica y ayuda a los demás. Está bien ponerlos cara, que sepamos todo lo que hacen por nosotros, que reconozcamos su valor. Y lo entiendo pertinente precisamente en momentos como estos, cuando son las personas concretas las que suplen con su actitud, su esfuerzo, su dedicación y su valentía las carencias generales y los déficits estructurales. Cuando el sistema falla, son la entrega y la inventiva de personas y pequeños colectivos las que actúan para tapar las brechas. El reconocimiento que estos días se está haciendo al personal sanitario nace de este hecho: como carecen de los medios, las plantillas y los instrumentos adecuados, tienen que dar bastante más de lo exigible. Ocurre en muchos más terrenos, con personas que en sus familias, en sus comunidades, en su entorno o en su trabajo aportan mucho a la solución. Es necesario y conveniente hacer visible lo que hacen. En una sociedad individualista, en la que mucha gente suele mirar por sí misma, debemos dar relevancia a aquellos que ponen por delante el bien común. Y porque, de este modo, si se visibilizan iniciativas, se darán opciones a la población de ayudar contra esto más allá de mirar el televisor.

El coronavirus va a cambiar muchas cosas en lo ideológico, lo económico, lo social y lo geopolítico

Pero evitar las críticas personales en la política no significa que no haya lugar para ella hoy, sino todo lo contrario, implica abrir la puerta a que exista de verdad. El coronavirus es un shock que va a cambiar muchas cosas en lo ideológico, lo económico, lo social, lo geopolítico y en la organización estatal. Este es un momento de cambio y tenemos que actuar de inmediato para terminar con la pandemia lo antes posible pero también para poner las bases de la sociedad hacia la que nos dirigimos. Vamos a tener que afrontar muchos dilemas, y este es el momento de dirigirnos hacia la salida en todos los sentidos. Hemos de saber cómo hemos llegado hasta aquí, qué ha causado todos los problemas que han confluido en el coronavirus, para saber cómo ponerlos solución. Hay que planificar el camino de reconstrucción y hay que organizarlo desde ya, porque las decisiones que hoy se tomen condicionarán el futuro. En lo económico es evidente, pero también en todo lo demás. Esta es la política que se requiere hoy, porque habrá transformaciones en el sistema (incluso seguir actuando de la misma forma que antes de la pandemia sería un cambio) y es el momento de entender cuáles y cómo podemos dirigirlas hacia un futuro que nos sea más propicio y no menos.

El Covid-19 ha traído de vuelta el cierre de fronteras y se mantendrán así tiempo después de que pase la pandemia: los cambios ya se han iniciado

El regreso de los Estados y el fin del orden global ya está aquí. No solo porque EEUU, China y Rusia lo hayan decidido, sino porque Alemania y el Reino Unidos han hecho lo mismo. Además, el Covid-19 seguirá siendo un peligro tiempo después de que pase la pandemia y los controles fronterizos y la desconfianza hacia ciudadanos de otros países va a permanecer: nadie querrá infectarse de nuevo. El regreso de la geopolítica está aquí, con dos imperios, EEUU y China, enfrentados y peleándose por poner a Europa de su lado. La economía va a sufrir muchísimo y habrá que reconstruir un país que va a vivir situaciones muy difíciles (en el empleo, en sus pequeñas empresas y en las grandes cifras), y habrá qué decidir de qué forma se hace y con qué perspectiva. España deberá saber cuál va a ser su papel ahora y qué apoyo va a recibir de sus socios, y la misma UE habrá de replantearse su articulación, cuando no su misma existencia. Son enormes retos económicos, políticos, geopolíticos y sociales que convierten en irrelevantes las grescas mediáticas en las que viven nuestros dirigentes.

La hora de la política

Esta es época de sacrificios personales, de dolor, de confinamiento, de lucha contra algo que de momento nos supera. Pero lo es también de empezar a cambiar las cosas para que, cuando todo esto pase, tengamos una sociedad mejor: más preparada para hacer frente a las emergencias y a las situaciones excepcionales, pero también articulada para que tengamos más posibilidades vitales, un nivel económico digno, unos valores más sólidos y unas estructuras más firmes. Van a venir tiempos duros, y necesitaremos muchas aportaciones y muchos menos insultos: menos ruido y más sustancia, menos levedad y más profundidad, menos superficie y más fondo. Más política real para que, en el futuro, sean necesarias menos heroicidades.

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