Las dos almas de Vox: la solución para la crisis de Espinosa de los Monteros
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Esteban Hernández

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Las dos almas de Vox: la solución para la crisis de Espinosa de los Monteros

El político de Vox participó ayer en un encuentro con europarlamentarios conservadores y todos estaban de acuerdo en el camino para salir de la crisis. Pero hay un obstáculo

placeholder Foto: Iván Espinosa de los Monteros, en el Congreso. (EFE)
Iván Espinosa de los Monteros, en el Congreso. (EFE)

Durante una visita del primer ministro holandés, Mark Rutte, a un centro de trabajo, un camionero se le acercó corriendo para transmitirle un mensaje claro: "Por favor, no dé ese dinero a los italianos y a los españoles". Rutte sonrió y le respondió “No, no, no. Lo tendré en cuenta”, y levantó el pulgar como señal de aprobación.

Ayer, Iván Espinosa de los Monteros, en un encuentro con europarlamentarios del ECR, el partido conservador europeo al que pertenece Vox, vino a decir prácticamente lo mismo, aunque por otro camino. Señaló que es necesario que se aporte dinero desde Europa, pero el problema está en España: tenemos un Gobierno sin experiencia y muy ideológico, de modo que con estos líderes, y como hemos visto, todo lo que pueda salir mal, saldrá mal. Europa aportará fondos a los bolcheviques.

El momento de la verdad

Este es un momento crucial para el futuro de España. Las condiciones de financiación de la deuda de los países europeos van a ser clave en los años venideros. Podemos pensar que ahora no es momento de preocuparse por la deuda, que toca salvar vidas y recuperar la economía y que ya nos ocuparemos después de lo que debamos. No es así, lo que venga dependerá en gran medida de lo que se acuerde en estos tiempos, que condicionará enormemente la capacidad de acción con la que contemos en los próximos años.

Es esencial salir de esta con la menor deuda posible. Además, sería justo y resultaría muy positivo para la UE y para la propia Alemania

Este sería el momento en el que, ante la UE, todos deberíamos estar a una, porque ahí nos jugamos muchísimas cosas. Incluso si no se está de acuerdo con este Gobierno o no se ha estado con la gestión de los anteriores, el instante es tan decisivo que España debería presionar en la dirección de salir de esta con la menor deuda posible: nos va la vida. Además, sería justo y resultaría muy positivo para la UE y para la propia Alemania. Es verdad que les iría peor a los sectores bancarios y financieros alemán y holandés, pero también tendría algo positivo, ya que les obligaría, por fin, a gestionarse bien.

Nos merecemos sufrir

Sin embargo, esta firmeza ante el exterior no ha estado presente y, desde luego, no se han visto reproches a la actitud de Rutte desde la derecha; peor aún, muchos piensan como él, por más que nos perjudique. Esta pulsión es digna de un análisis psicosocial: no solo han construido una fantasía según la cual es bueno que nos hagan sufrir porque nos lo merecemos, sino que están dispuestos a ser los ejecutores nacionales del castigo. Un punto sadomasoquista sí tiene.

Desde una posición realista, la respuesta que aparece en el horizonte de esta crisis es la misma que la Unión dio a la de 2008

La UE es lo que es, como bien explicaba González Férriz, y su capacidad para el cambio es muy dudosa; por eso, señala, más que desear que se transforme, deberíamos intentar conservar lo que hay. Con esta perspectiva, muy realista, la respuesta que aparece en el horizonte de esta crisis es la misma que la Unión dio a la de 2008, y la misma por la que aboga Rutte: austeridad, control de presupuestos, focalización en el pago de la deuda en lugar de fortalecer la economía, más impuestos a las clases medias y a las bajas, menos inversión pública y más rebajas de impuestos a las grandes firmas productivas, financieras y tecnológicas. Y esto afectará a cualquier gobierno español, sea del signo que sea.

No dijeron eso en el Brexit

Espinosa de los Monteros está de acuerdo con la austeridad. Hace falta un recorte grande porque los asuntos públicos se gestionan de manera muy deficiente, aunque esto le suponga cierto problema político. El británico Daniel Hannan, exparlamentario europeo y moderador del debate, explicó claramente el problema: sus ideales acerca de la responsabilidad personal, de la libertad del mercado y de los ajustes en el gasto se encuentran con votantes que no los entienden bien. Y menos ahora, cuando están pensando en la recuperación económica y en salir de la crisis, no en realizar más esfuerzos; no es un mensaje que quieran oír. Por eso, en el tiempo del Brexit, las derechas no contaron nada remotamente parecido, sino que hablaron del resurgimiento del país, de la dignidad de sus nacionales, del bienestar que habían perdido y de la necesidad de una Gran Bretaña global. Y les funcionó muy bien.

Los dirigentes de Vox tendrían que ser honestos con este tipo de electorado, porque sus medidas económicas no van en la dirección que esperan

Con los simpatizantes de Vox, ocurre algo similar. Parte de ellos provienen de clases medias altas, de profesiones liberales y del estrato ideológico de Aznar, y coinciden en la satisfacción punitiva de los ajustes, pero otros les votan porque creen en una España mejor, en que los autónomos y los pequeños empresarios merecen otro trato, en que los agricultores y ganaderos están siendo perjudicados por la Unión Europea: desean volver a ver un país fuerte, con industria, con vitalidad empresarial y con un mejor nivel de vida.

Una, pequeña y griega

Vox tendría que ser honesto con este tipo de electorado, como tendrían que serlo el PP y esa parte de la socialdemocracia que apuesta por priorizar el pago de la deuda a través de la austeridad. El resultado de esas medidas será que las clases medias y las trabajadoras tendrán que pagar más impuestos que antes; que habrá más inversión extranjera en España, pero no para mejorar nuestras potencialidades sino para comprar empresas y bienes inmuebles; que muchas pymes desaparecerán y las condiciones de trabajo serán peores: nos convertiremos en los sirvientes de las necesidades financieras de los países del norte. Quizá se tendría que explicar que esa España sería una, pequeña y griega.

Vox ha sido el partido que está moviendo el árbol del descontento y, a juzgar por las encuestas, los populares son los que recogen los frutos

La intervención de Espinosa de los Monteros en el 'webinar' con los europarlamentarios fue llamativa, además, por el tono. Más moderado que en sus intervenciones en los foros políticos nacionales, más reflexivo, parecía un tecnócrata de Rajoy en lugar de un líder de la extrema derecha española. Y no es un mero detalle, sino que subraya una posible transición. Las nuevas derechas han tenido influencia de dos formas, bien convirtiéndose en una fuerza política de referencia, bien por la absorción de su mensaje por parte del partido conservador tradicional. El Reino Unido es un ejemplo de esta segunda tendencia, y en Alemania la AfD cada vez está empujando más a la derecha a la formación de Merkel.

Eso es lo que Vox está consiguiendo en España. Su discurso económico es plenamente asumible por el PP, y en la actitud con Europa tienen muchísimos puntos de encuentro. Hasta ahora, Vox ha sido el partido que está moviendo el árbol del descontento y, a juzgar por las encuestas, los populares son los que recogen los frutos.

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