Por qué no está llegando el dinero de las ayudas: lo que debes saber de esta crisis

Las lecciones morales que está dejando la pandemia no son precisamente edificantes. Es probable que se esté afrontando la crisis justo desde el lado menos adecuado

Foto: Un establecimiento cerrado. (EFE)
Un establecimiento cerrado. (EFE)
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Hay retrasos preocupantes a la hora de percibir el dinero de los ERTE, las pequeñas empresas tienen dificultades para conseguir los créditos ICO y muchas de las solicitudes (de momento, 300.000) han sido denegadas, no se han puesto en marcha todavía rentas que permitan la subsistencia de las personas sin recursos y las colas para recibir alimentos comienzan a convertirse en parte de la cotidianidad. Lo que aparece en el horizonte no es precisamente alentador.

Mientras tanto, en un mundo paralelo pero con incidencia notabilísima sobre la vida real, se nos alerta de la grave crisis que puede darse en el sector financiero a causa de los CLO ('collatelarized loan obligation'). Son esa clase de siglas que nadie conoce hasta que es demasiado tarde, cuando las alertas saltan y nos advierten de un grave peligro en el que estamos inmersos. En la anterior crisis, esas siglas fueron los CDS y los CDO.

Un juego arriesgado

‘Financial Times' ofrece una buena explicación del problema: los CLO son una manera de proteger la rentabilidad, que permite que, a pesar de que existan impagos y algunas deudas no se devuelvan, los créditos sigan manteniendo su rentabilidad. Con ese objetivo dividen en tramos los diversos préstamos y los empaquetan en un instrumento. En todo caso, más allá de su funcionamiento técnico, que siempre incluye aspectos farragosos, lo interesante es saber cuál es su propósito: son parte de un juego que consiste en dar una vuelta de tuerca a lo existente para obtener más ingresos de lo mismo. Es ingeniería arriesgada, un tipo de airbag que funciona cuando se roza el coche al aparcar pero que no se abre cuando se produce un accidente frontal. Cuando no hay problemas, es rentable; cuando aparecen, las consecuencias son muy negativas.

Las entidades bancarias, en una época de tipos bajos, “buscaban intereses más altos a través de actividades más arriesgadas”

Es un producto que venía bien a los bancos por diversos motivos, en especial porque les estaban exigiendo una rentabilidad que no alcanzaban y los CLO eran un medio de conseguir el objetivo. Así lo señalaba en 2019 Andrea Enria, presidente del Consejo de Supervisión del BCE, ya que las entidades, en una época de tipos bajos, “buscaban intereses más altos a través de actividades más arriesgadas”, al mismo tiempo que advertía del incremento en “el mercado de préstamos muy apalancados como los CLO”, y formulaba “recomendaciones animando a limitar la exposición a operaciones de alto apalancamiento”.

Lo mismo que antes

Como suele ocurrir, las advertencias fueron desoídas: nadie quiere dejar de bailar mientras la música sigue sonando. Y no podía decirse que no conocieran bien dónde conducían esas técnicas, porque las consecuencias de las crisis anteriores todavía las estamos pagando. Es llamativo que la misma mentalidad que provocó que los impagos de hipotecas en EEUU se tradujeran en una severa crisis global es la que siga manejando los asuntos financieros, y que además copie los métodos que nos llevaron a la catástrofe.

La deuda corporativa es muy elevada y muchas firmas están en una condición endeble a causa de una gestión orientada hacia el cortoplacismo

El momento actual no es muy diferente del de 2008. Aquella crisis fue producto de sustentar sobre la propiedad inmobiliaria una carga especulativa enorme. Mientras las hipotecas se siguieron pagando todos los meses, mucha gente ganó dinero extra, pero cuando los impagos aumentaron, la base se rompió y con ella cayeron las cantidades brutales de apuestas que se habían colocado encima.

No es el coronavirus

Ahora no se apoyan sobre la vivienda, sino sobre la economía productiva ligada a las grandes empresas. Su deuda corporativa es demasiado elevada y muchas firmas están en una condición endeble a causa de una gestión orientada hacia el cortoplacismo, los dividendos elevados y las recompras de acciones. Dado que los CLO son una vuelta de tuerca más en la acumulación de apalancamiento y deuda, y provocan que el soporte deba aguantar todavía más peso, en el instante en que las empresas ganen menos y no puedan afrontar sus deudas, los CLO harán explosión.

Y ese momento ha llegado con la pandemia, lo que ha obligado a hacer frente a un problema previsible y esperado. No es un asunto sobrevenido, sino algo que había que abordar en algún instante: el apalancamiento y la depredación de las empresas productivas estaban creando grandes agujeros que había que tapar en algún instante, y el covid-19 ha forzado a abordarlo.

La respuesta económica a la pandemia supone una recompensa excesiva para quienes no hicieron los deberes en el momento adecuado

La reacción de los Estados y de los bancos centrales se ha dirigido, en primer lugar, a tapar esas brechas. Las cantidades ingentes que se están introduciendo en el sistema se van a utilizar prioritariamente para arreglar las cuentas de resultados de las grandes firmas dañadas, garantizando de ese modo que el edificio sigue en pie y que bancos y fondos de inversión no se ven expuestos al sufrimiento. Es una muy mala señal, en la medida en que supone una recompensa excesiva para quienes no hicieron los deberes en el momento adecuado, fueron incapaces de mantener sus negocios en buen estado de salud y nos han sumido en graves e innecesarios riesgos.

Sin embargo, no solo se acude en su ayuda, sino que se garantiza el apoyo ilimitado y sin condiciones. “Incluso si llegasen rebrotes de la pandemia”, han asegurado los economistas de JP Morgan, “la Fed ha indicado explícitamente que no hay límite de dólares ni peligro de quedarse sin munición”.

La gente común

Mientras tanto, en el mundo de la gente normal, las dificultades se acumulan. Las pymes que quieren acceder a un préstamo (en España como en EEUU) han de atravesar por un calvario de burocracia y dilaciones. El primero, el bancario. Al avalar el Estado el 80% del préstamo concedido, dejan en manos de las entidades la decisión de qué empresas merecen acceder al aval del ICO y cuáles no. La lentitud es esperable en un sistema rígido como es el de la banca actual, y a ello se suma la gran cantidad de solicitudes. Además, las entidades tampoco tienen tiempo de valorar si la empresa solicitante tiene posibilidades de futuro, y tampoco les interesa demasiado: lo que primará será si cuentan con los avales suficientes para garantizar el cobro de la deuda. En otras palabras, si tienes dinero, será fácil que concedan crédito y si no, más difícil. Lo de siempre. Y después, la tramitación administrativa.

Quienes han introducido los mayores riesgos en el sistema y lo han dejado totalmente expuesto son quienes más ayuda van a recibir

Del mismo modo, los ERTE se están retrasando, igual que las ayudas a las personas con menos recursos. Cuanto más se desciende en la escalera social, más complicado es recibir ayudas en un momento crítico como el presente. Esto podría chocar con el sentido común, en tanto resulta lógico pensar que cuanto menos se tiene más se necesita, pero esa perspectiva entra en conflicto con consideraciones de futuro: todo el dinero que se introduzca en el sistema desde el Estado tendrá que ser devuelto después. España es un país con una elevada deuda, producto de no haber realizado las reformas pertinentes en el instante adecuado y demás, y puede pedir poco porque los efectos futuros de un incremento sustancial de lo que adeuda serían catastróficos.

Esto nos conduce a dos paradojas interrelacionadas. La primera señala que el dinero de las ayudas se irá distribuyendo conforme a la posición en la escala social: cuanto más arriba, más apoyo se recibirá y con menos condiciones. La segunda es todavía más llamativa, porque quienes han introducido los mayores riesgos en el sistema y lo han dejado totalmente expuesto son quienes más van a recibir. Son las lecciones morales de la pandemia, y subrayan el estado económico y el ético de nuestra civilización.

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