La pelea por el dinero para la recuperación y el papel del PNV en todo esto

La encrucijada española tiene un actor clave, la derecha vasca, por la influencia que puede ejercer sobre el Gobierno, pero también por lo que puede enseñar sobre el camino de salida

Foto: Aitor Esteban conversa con Pedro Sánchez en el Congreso. (EFE)
Aitor Esteban conversa con Pedro Sánchez en el Congreso. (EFE)
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Desde el punto de vista occidental, Gorbachov fue un dirigente necesario, con una personalidad moderna y una mentalidad avanzada, que permitió, gracias a su programa de reformas, que el deseo de cambio de las poblaciones del Este de Europa pudiera llevarse a la práctica. Desde el otro lado, Gorbachov fue un desastre de enorme magnitud. Para los comunistas sin duda, ya que prendió la dinamita que puso fin al régimen; pero también para los rusos que deseaban entrar en el capitalismo occidental.

Gorbachov llegó al poder con una estructura estatal deficiente. Los años de Leónidas Breznev habían convertido al partido y al mismo Estado en una suma desarticulada de feudos territoriales, en la que el poder se ganaba y se conservaba si se contaba con el suficiente apoyo de esos nichos locales. Gorbachov dio aún más poder a los barones territoriales, ya que era la única manera de que le aprobasen sus políticas. Además, en los pasillos del Kremlin se vivía una lucha entre el partido, el ejército y los servicios secretos que debilitó más el poco poder que le quedaba. El resultado fue nefasto: la economía empeoró gravemente, las políticas dictadas no podían desarrollarse y el grado de influencia de los barones aumentó. Por supuesto, ese escenario también se llevó por delante a Gorbachov.

La experiencia de Gorbachov nos enseña varias lecciones sobre el poder y su debilidad, y sobre los efectos de que el centro se convierta en rehén

El resultado no solo fue que el régimen comunista, ya convertido en fachada, se derrumbase, o que algunas repúblicas soviéticas se convirtieran en países capitalistas independientes. Gorbachov puso también las bases para que, en la transformación, los oligarcas floreciesen. Sin poder central, sin arquitectura estatal, esos poderes fragmentados camparon a sus anchas, con las consecuencias enormemente negativas que conocemos.

La experiencia de Gorbachov nos enseña varias lecciones sobre el poder y su naturaleza, sobre las consecuencias de que el centro sea rehén de sus partes, sobre la parálisis a la que lleva que la dirección tenga las manos atadas y que el jefe del Estado sea un equilibrista permanente. Algunas de esas lecciones son obvias en el plano político, pero otras son menos evidentes, particularmente las que atañen a otras vertientes del poder, como es el económico. Las empresas españolas harían bien en entenderlas.

1. Mercadona o Prisa

La cumbre empresarial organizada por la CEOE contó en su inauguración con dos intervenciones estelares, Pablo Isla, presidente de Inditex, y Juan Roig, presidente ejecutivo de Mercadona. Son las dos empresas españolas más exitosas: ambas partieron desde abajo hasta convertirse en firmas de referencia en sus sectores, una con gran músculo global, la otra con fuerte implantación nacional. La intervención de Isla fue más estándar y desgranó la ortodoxia habitual vinculada a la seguridad jurídica, la responsabilidad en el gasto y demás. Roig habló del momento de su empresa, de la inversión de 1700 millones que iban a realizar, del final de la liga ACB en Valencia, del pabellón que están construyendo, de la importancia de los emprendedores y de las empresas para el bienestar y de lo vitales que resultan las inversiones finalistas. Mientras que Isla analizó el escenario general, Roig, por así decir, habló de sí mismo.

Hay muchas firmas dirigidas por gestores que piensan en un plazo muy corto, y que se fijan más en los 'bonus' que en el futuro de la empresa

Y lo hizo por una razón obvia, porque esa ha sido su esencia. El éxito de su empresa, más allá de su modelo de gestión, de aciertos y desaciertos en la toma de decisiones, se fundamenta en un solo elemento: la empresa es de Roig. Mercadona no ha salido a bolsa, la acción de oro permite a su presidente desarrollar la estrategia que estime precisa sin interferencia alguna, y el resultado de su dirección le afecta directamente, porque resulta claramente beneficiado o afectado por las decisiones que tome. No tiene que hacer equilibrios con los accionistas, está obligado a pensar en el medio plazo y es consciente de que los beneficios deben tener un destino primero, la reinversión en su empresa. Todos estos elementos, de sentido común, son poco frecuentes en compañías con la propiedad dividida, dirigidas por gestores obligados a moverse en un plazo muy corto, y que piensan mucho más en términos de 'bonus' que en la sostenibilidad de la firma.

A Inditex le ocurre algo parecido. La firma gallega salió a bolsa, pero su fundador conserva la mayoría de las acciones, con lo que retiene el poder. Se ve más influido por los vaivenes de la cotización (que ahora, por primera vez, empiezan a afectar negativamente a la compañía), y eso explica también el contenido de su intervención en la cumbre de la CEOE, pero conserva el control y, por tanto, tiene en sus manos el volante del futuro.

Cuando el máximo dirigente vive de hacer equilibrios, su capacidad para tomar decisiones reales y efectivas se debilita enormemente

No es casualidad que los dos casos españoles más exitosos de emprendimiento tengan esta característica común. Cuando el poder se convierte en un permanente equilibrio entre partes que tienen visiones y objetivos muy diferentes, la dirección se debilita enormemente, y lo usual, como ocurrió con la URSS de Gorbachov, es que la visión de conjunto, y con ella la estabilidad y perdurabilidad de lo común, queden en un segundo plano: los accionistas piensan en sus propios intereses, las partes no se preocupan por el todo.

Un buen ejemplo de los problemas a los que conduce la fragmentación de poder lo encontramos en una firma como Prisa, paradigmática en distintos niveles. Era una empresa sólida, que dependía de su fundador, que tuvo una enorme influencia en España, y a la que una serie de malas decisiones de inversión debilitó lo suficiente como para que sus acciones acabaran en manos de un 'hedge fund', Amber, de bancos como Santander o HSBC, de inversores cataríes o mexicanos. Las últimas tensiones en la empresa provienen de esas peleas internas. Si comparamos Mercadona con Prisa, encontraremos alguna lección sobre los resultados nefastos de un poder débil que puede resultar pertinente para este momento.

2. El caso vasco

Otra lección interesante sobre el poder aparece en la evolución del País Vasco. Tras la época de la desindustrialización debía afrontar una situación compleja. Era un territorio con un elevado nivel de vida que veía asomar signos de decadencia. Estaba sometido a fuertes tensiones políticas, la fuente de su fortaleza económica estaba diluyéndose y parecía complicado mantener la prosperidad de la que había gozado durante décadas. Se habían realizado inversiones interesantes en el terreno del turismo, lo que contribuyó a reactivar parte de su economía, pero el momento no parecía favorable. Además, como bien cuenta José Antonio Zarzalejos, los políticos vascos estaban descontentos con ese giro, porque convertirse en un destino turístico no encajaba ni con la idiosincrasia ni con las aspiraciones vascas: lo que les había distinguido era su configuración como zona industrial y debía continuar siéndolo.

Un elemento clave fueron las cajas, ahora reunidas en Kutxabank, que permitieron dotar de músculo financiero a las intenciones políticas de desarrollo

Ese fue el fundamento de la reindustrialización llevada a cabo durante la década de los 90. Hubo una reflexión acerca de cómo generar tejido empresarial propio, una identificación de los sectores que podrían desarrollarse y una apuesta por la creación de industrias con valor añadido. La exitosa experiencia de los 'clusters' generó consenso, ya que impulsó a las pequeñas y medianas empresas ligadas al territorio, con capacitación tecnológica y con trabajo estable. Como señala Unai Sordo, secretario general de CCOO, se trataba de una iniciativa bien tejida en muchos ámbitos, incluido el de la formación profesional, ya que se preparaba a la mano de obra para que pudiera integrarse adecuadamente, con una FP que contaba con presencia en fábrica, formadores que creían en el proyecto y estudiantes que eran conscientes de que, en un porcentaje elevado, acabarían quedándose en la firma en la que realizaban las prácticas, y con unas buenas condiciones salariales.

Un factor importante en este desarrollo fue el impulso que le dio el poder político, que entendió la pertinencia de la iniciativa y que contaba además con autonomía para desarrollarlo. Un elemento clave fueron las cajas, ahora reunidas en Kutxabank, que permitieron dotar de músculo financiero a las intenciones de desarrollo. Una vez más, la conservación del poder fue crucial, porque Kutxabank decidió no salir a bolsa, lo que permitió que no quedara expuesta a los vaivenes exteriores. Actuó en sentido contrario a las tendencias de la época con las cajas, y le salió bien. Esa alineación de los intereses políticos y los empresariales, y su decisión de destinar parte del dinero a una producción arraigada en el territorio dieron fortaleza al País Vasco.

3. La alianza con la izquierda

El viraje del PNV tuvo mucha lógica desde el punto de vista estratégico (y contiene alguna pista sobre lo que podríamos hacer ahora), ya que subrayó que podía posicionarse de un modo diferente en los movimientos de fondo entre las distintas élites españolas.

La burguesía local tiene muy difícil competir con la madrileña, ya que en la capital se citan las empresas de mayores dimensiones de los más diversos sectores. Durante las últimas décadas, hubo élites locales que asentaron su poder a partir de la vinculación con Madrid, en ocasiones a través de un modelo torcido que se sostenía en las comisiones. El País Vasco tomó otro camino por motivos diversos, entre ellos el deseo de sus élites.

Las élites locales son absorbidas por las internacionales. Las catalanas pierden con las madrileñas y estas con las globales

España se construyó en las últimas décadas a través de dos ciudades globales, Madrid y Barcelona, que concentraron el desarrollo y los recursos. Durante un tiempo cooperaron y cada una de ellas obtuvo sus réditos. Cuando se hizo evidente que la capital iba ganando la carrera por muchos cuerpos, la burguesía catalana se rebeló y exigió otro reparto. Como no consiguió lo que pretendía, emprendió una huida hacia adelante que ha conducido al desafío independentista.

Al mismo tiempo, la capital fue concentrando cada vez más poder, y no tanto por su ambición como por la dinámica típica de las trayectorias globales, en las que élites locales están siendo absorbidas por otras con más poder y recorrido. Les ocurre a las catalanas respecto de las madrileñas, pero también a estas respecto de las internacionales. En este escenario de competencia general, las élites que tienen ascendencia sobre territorios que conservan cierto músculo económico y productivo resisten mucho mejor. Es fácil entender esto en las dinámicas internacionales: es mucho más sencillo que la gran burguesía alemana conserve su posición que la española, ya que se asienta sobre un Estado con más solidez.

La posición del PNV es también atractiva para otras derechas nacionalistas, ya que ofrece una vía de salida a situaciones enquistadas

El modelo del País Vasco señala una experiencia más modesta, pero que demuestra cómo esa unión de poder político y económico que impulsa sociedades más industrializadas tiene éxito, incluso en entornos más reducidos: al ofrecer mayores posibilidades de futuro a sus poblaciones, sus élites salen reforzadas. .

Es un modelo que suscita muchas simpatías, entre ellas la de la izquierda española. El PNV es un partido de derecha moderada, que hace gala de una flexibilidad de la que siempre saca rédito, pero que ofrece un camino diferente del de la derecha madrileña. Como suele repetir Alberto Garzón, ministro de Consumo y uno de los más interesados de este Gobierno en la reindustrialización, la fórmula vasca se sitúa en el terreno clave, el del valor añadido, el que no genera conflictos: esas empresas permiten que los empresarios ganen más y que los trabajadores tengan mejores salarios y condiciones laborales. Justo lo contrario del camino habitual, que se sustenta en la bajada de las retribuciones y en el recorte de prestaciones públicas.

Las élites periféricas y las izquierdas podrían encontrarse, al estar de acuerdo en una concepción diferente de España y en otro modelo productivo

Pero la posición del PNV es también atractiva para otras derechas nacionales, ya que ofrece una vía de salida a situaciones enquistadas, en lo económico y en lo político. Un par de columnas recientes publicadas en 'La Vanguardia' se apuntan a esta tesis. Y es una posición significativa porque encaja bastante bien en un relato cada vez más extendido, el de una ruptura dibujada en términos geográficos. En España habría dos clases de élites. Las primeras estarían centralizadas en Madrid, aunque contasen con ramificaciones en el resto de territorios, estarían ligadas a viejos modelos, sustentadas en el corto plazo, ancladas en las finanzas, el ladrillo y la influencia política, y cuyas simpatías ideológicas se dirigen hacia opciones como las del PP y Vox. Las segundas serían periféricas, tendrían su mejor representación en las comunidades con mayor vigor económico, contarían con una mirada a más largo plazo, serían más conscientes de los problemas estructurales y estarían proponiendo otras vías de salida, también políticas. Las élites vascas serían el mejor ejemplo, pero también podríamos encontrarlas en Valencia o Cataluña.

En este escenario, las élites periféricas y las izquierdas se encontrarían fácilmente porque estarían de acuerdo en una concepción diferente de España, porque impulsarían un desarrollo territorial más equilibrado y porque contarían con un modelo productivo más adecuado para superar la crisis. Y además, porque podrían hacer frente con éxito a las derechas tradicionales. Esa alianza entre la derecha moderada y la izquierda podría aislar a PP y Vox, pero también generar cierto consenso social, especialmente más allá de Madrid.

Cabe apuntar aquí un detalle menor, pero significativo, respecto de la sensibilidad que circula de fondo: un medio como 'La Vanguardia', vinculado a la derecha moderada catalana, describe lo que ocurre en el Gobierno (y en Podemos) desde una posición más empática y más equilibrada que la mayor parte de la prensa madrileña, incluido 'El País'.

4. El momento Gorbachov

Es hora de regresar a Gorbachov y a la importancia del poder. Pensar en términos de peleas entre élites nacionales nos llevaría a eliminar buena parte del mapa y conduciría mucho más a perderse por caminos secundarios que a encontrar la salida. La presente crisis no es un paréntesis, sino el punto de partida para una redistribución del poder económico global. Los planes europeos para la recuperación van a alterar sustancialmente el mercado interno de la UE, potenciarán a algunos países y a sus empresas, y supondrán un problema para otros. Por ejemplo, la cantidad de dinero que lleva invertida Alemania en su economía, más de un billón de euros, otorgará a sus firmas un recorrido mucho mayor que las que tendrán las españolas, y eso contando con que los puntos de partida eran ya desiguales. El desarrollo estadounidense y el ascenso chino conducirán a que esas dos grandes potencias cuenten con el dinero y los instrumentos necesarios para crecer ampliamente en el extranjero, ya sea a través de la tecnología, de la compra de infraestructuras o de la entrada en el accionario de diferentes empresas. No es una buena noticia para las compañías españolas, que son, dada su previsible debilidad, un objetivo de adquisición. Algunos de esos movimientos los estamos viendo ya, y están construyendo un escenario que coloca en una posición difícil no sólo a los ciudadanos de los países que no logren salir bien de la recesión, también a sus élites.

Por eso conviene ser cuidadosos con la lectura de la situación. Sería fácil reducirla al ámbito español y entender que es una reedición de las peleas territoriales, de Madrid contra el resto de España o del nacionalismo centralista contra los periféricos. También sería sencillo entender que hay una posición de repliegue por parte de las derechas nacionales que es combatida mediante la alianza entre las derechas periféricas y las izquierdas. Pero lo que está en juego va mucho más allá de eso.

El final del camino, como sabemos, es que las partes rompen el todo, y estamos viendo ya muchos movimientos en ese sentido

Este es el momento en el que empieza a decidirse el futuro. Se está insertando dinero en nuestra economía por parte del Gobierno, y sería el instante en que habría que poner las bases para saber dónde queremos ir. De momento, parece que la mayor parte de los sectores están buscando únicamente un reparto que les sea favorable, y captar fondos que les solucionen el mal momento, pero sin tocar nada estructural. Esta es una opción, la que prefiere coger el dinero, seguir adelante, y después cuadrar las cuentas públicas mediante más esfuerzos de la sociedad española y sin modificar demasiado los instrumentos impositivos; dado que esta es una crisis sobrevenida, se tiene la esperanza de que en un par de años como mucho habremos levantado cabeza y todo estará olvidado. Hay otra opción, la de utilizar el dinero para ahondar en la digitalización, poner en marcha estructuras de aprendizaje más sólidas y girar hacia las renovables.

Ambas opciones tienen un lado bastante negativo, porque suponen la repetición del momento Gorbachov: se recibe una estructura que conduce hacia el declive y, en lugar de reorientarla, se opta por potenciarla. El final del camino, como sabemos, es que las partes rompan el todo, y mucho de eso lo estamos viendo ya. El poder político español está muy dividido, con facciones que parecen difícilmente reconciliables y que defienden intereses opuestos, y sin una aparente posibilidad de recomposición. La estructura territorial de España muestra muchas debilidades, con la tensión entre el centro y las periferias, y con las diferencias grandes entre Madrid, Barcelona, País Vasco y la España vacía. Tampoco desde el punto de vista social existen grandes coincidencias, con la desigualdad aumentando, con posiciones culturales muy enfrentadas y sin movimientos desde la sociedad que permitan empujar en otra dirección: si las fuerzas sociales construyen el mundo, hoy parecen estar bastante dormidas, salvo para ratificar la división.

5. Las lecciones

Las opciones que se están eligiendo para salir de la pandemia ahondan más en esas brechas, como si todo esto no fuera más que un paréntesis que pasará y que nos permitirá llevar la misma vida que antes. Económicamente, desde luego, no será así. Y las empresas españolas de mayores dimensiones lo notarán sustancialmente. En un entorno de competencia global, nuestras firmas tienen mal futuro: muchas de ellas irán perdiendo cada vez más partes de su negocio, en general a manos de las tecnológicas, o verán cómo los fondos aumentan su peso, o serán directamente adquiridas. Las pymes, a su vez, tendrán muchas más dificultades para subsistir o desarrollarse, y los trabajadores sufrirán, ya que el presente modelo apunta hacia la competencia vía devaluación salarial. Y todo eso nos llevará a entornos políticos, sociales y económicos todavía más divididos, que harán aún más difícil gobernar nuestro país de forma provechosa.

Sin embargo, podemos aprender también de las lecciones que estos ejemplos nos ofrecen y entender algo muy básico, pero que debe repetirse en este instante. Especialmente en entornos y países perdedores, y el nuestro lo es, la única capacidad de salida es común. Existe una ligazón clara entre un nivel de vida más elevado de la población, mayor consenso social y mayor fortaleza de las élites para competir con el exterior, como sabemos desde Maquiavelo. Esto es lo que venía a subrayar la experiencia del País Vasco, el territorio que no quiso depender del turismo, y es algo que no hemos terminado de asimilar: cada cual hace la guerra por su cuenta, dando por supuesto que en solitario se llega mejor a la meta.

Se favorecieron economías internas sólidas con el desarrollo de las pymes, el aumento del poder adquisitivo y la vinculación de empresas y territorio

La negativa del ámbito económico a reconsiderar la situación, empezando por los empresarios españoles, a tenor de lo visto en las jornadas de la CEOE, y su insistencia en abrir todo pronto, coger el mayor número de ayudas y préstamos y luego solicitar ajustes, es una buena prueba de nuestras debilidades.

El camino de salida en otros momentos de la historia fue en sentido contrario. A veces se realizó a través de la acción estatal directa, como en el New Deal o tras la II Guerra Mundial; en otras ocasiones, mediante una iniciativa privada que movilizó capital destinado a la economía real, la que crea y potencia empresas y trabajo. Dicho de otro modo, se priorizó en gran medida lo productivo sobre lo financiero, se optó por favorecer economías internas sólidas gracias al desarrollo de pymes, al refuerzo del poder adquisitivo de autónomos y trabajadores, a la vinculación de las firmas con el territorio, a la negativa a trabajar a corto plazo, y a poner gente al frente de las empresas que de verdad se juegue algo. En lugar de eso, estamos ayudando a firmas de grandes dimensiones, con accionistas enfrentados, que sólo buscan la rentabilidad rápida y que carecen de vínculos reales: hoy están aquí, mañana en Singapur. Si sumamos todos estos factores, es difícil encontrar una repetición más precisa del momento Gorbachov.

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