Se acabó el paréntesis: es hora de que Sánchez e Iglesias den marcha atrás

La batalla política en Occidente está empezando a resolverse en el momento de relajación de la pandemia. Su final tendrá consecuencias en España

Foto: Iglesias y Sánchez, en el Congreso. (EFE)
Iglesias y Sánchez, en el Congreso. (EFE)
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El auge de los verdes en Europa no es especialmente relevante en términos de voto, pero es difícil entender el momento europeo sin comprender qué significa este fervor ecologista. Ciertamente, los resultados de unas elecciones francesas, y más tratándose de las municipales, son difícilmente extrapolables a Europa Occidental, pero el ascenso del partido verde debe ser reseñado. Muchos ven en ese movimiento la fuerza del futuro, y más dada la presencia que está consiguiendo en Alemania, donde recoge votantes de izquierda desencantados con el partido socialista, el lado débil de la coalición con Merkel.

1. La importancia real de los verdes

Los verdes van a ser una fuerza política relevante más allá del recorrido electoral que tengan sus partidos, porque constituyen una opción que encaja correctamente con las necesidades políticas y económicas del momento presente. Existen dos opciones sistémicas, la ortodoxa y la reformista, que están viviendo una pugna en diferentes sentidos, tanto en el eje norte/sur como en el ideológico y en el económico. El mundo verde representa el reformismo de una manera clara, y empuja en esa dirección.

Los verdes no son una fuerza hegemónica y es complicado que lo sean, pero funcionan de verdad allí donde los viejos partidos socialistas están en declive: son el elemento de reemplazo, una suerte de juventudes de las formaciones socialistas que estarían haciéndose adultas y trasladando sus ideas a la sociedad desde una perspectiva mucho más contemporánea. Suponen una fuerza electoral que puede contribuir a asentar el sistema o, para cuando el socialismo falle, convertirse en la siguiente ola.

Allí donde los partidos de izquierda continúan siendo una fuerza relevante, los valores del ecologismo son acogidos ampliamente

Los verdes no son solo una serie de partidos, más bien se trata de una ideología plenamente vigente. Sus ideas fuerza, coches eléctricos, energías renovables, combate contra los combustibles fósiles, renta mínima/renta básica, europeísmo, feminismo, multiculturalismo, integración de la inmigración, énfasis en las generaciones jóvenes y una mayor justicia social, están ya muy presentes en la política actual. Además, y no es asunto menor, en muchos de sus elementos representan bastante bien el plan alemán para la UE.

En otras palabras, quizá los partidos verdes no tengan mucho recorrido político por sí mismos, pero sus ideas han penetrado plenamente en el espacio público, y allí donde los partidos de izquierda continúan siendo una fuerza relevante, sus valores son acogidos ampliamente. En España no ha sido Equo la formación que ha articulado este tipo de ideas, sino PSOE y UP, con diferentes intensidades, los que las han hecho propias. Incluso la fallida iniciativa de Errejón iba en el camino de construir un partido con ideología verde en España.

Las izquierdas fuertes se han desvanecido en el aire y los verdes han venido a ocupar su lugar en Europa como opción de futuro

Sus ideas, además, encajan perfectamente en ese espacio político de clases medias urbanas, cualificadas profesionalmente, con claro componente joven, que defienden los valores abiertos, que tienen otros hábitos de consumo y de transporte y que prestan mucha atención al municipalismo. Representan otro tipo de España, otro tipo de Europa.

Pero esto no va de los verdes, que siguen siendo una fuerza minoritaria. El interés de este auge tiene que ver con asuntos de mucho mayor calado.

2. La batalla política de fondo

El primer giro se ha producido en la izquierda. No hace tanto tiempo, aunque ahora nos parezca una eternidad, se estaba observando con gran curiosidad lo que ocurría en el ámbito anglosajón. Corbyn y Sanders eran opciones ideológicamente fuertes, distintas de lo que la izquierda estaba proponiendo en Europa, y contaban con posibilidades de triunfo. El recorrido inicial de Sanders en las primarias estadounidenses apuntaba opciones de derrotar a Biden, pero también de convertirse en una posición política con recorrido internacional. Todo eso se desvaneció en el aire, y ahora están los verdes como opción de futuro de la izquierda en Europa y en EEUU los demócratas de Biden, que se han sumado mayoritariamente al movimiento Black Lives Matter como apuesta táctica para sacar de la Casa Blanca a Trump. Las posiciones más fuertes en la izquierda han salido del escenario político, y se ha regresado a los elementos raciales y ecologistas en un espacio, y al climático y a las opciones abiertas en el otro.

La UE, empezando por Alemania, está reflexionando sobre la necesidad de evitar los errores que se cometieron en la crisis anterior

El segundo elemento, esencial, es el momento europeo. Este cambio político tiene lugar en un instante en que la UE, empezando por Alemania, está reflexionando sobre la necesidad de evitar los errores de la crisis anterior, de modo que se pueda salir de este mal momento en mejor disposición, que el euroescepticismo no crezca y que las derechas populistas retrocedan. Esa es la batalla política de fondo, y en ese escenario es donde los verdes y su ideología pueden ayudar. Recordemos que está teniendo lugar un enfrentamiento entre los ortodoxos y los reformistas, que funciona en diferentes niveles, ya sea entre los países del norte y del sur, entre quienes pretenden seguir con las mismas fórmulas que en 2008 y quienes quieren introducir modificaciones en el sistema que lo haga más equilibrado, y en esa batalla se solventarán los próximos años europeos.

3. La batalla española

Buena parte de esa pelea tiene que ver con cuál será el papel que se conceda a los países del sur de Europa. Y aquí hay algo sorprendente. Alemania sabe que somos necesarios para sus cuentas y está presionando a los socios del norte para que el fondo de recuperación nos ofrezca margen. Al mismo tiempo, está intentando avalar al gobierno de Sánchez, con quien tiene buena sintonía, ya que es la única fuerza política que puede dirigir con el actual reparto de fuerzas, aun cuando esté obligado a realizar equilibrios diversos y continuos.

Tanto en el seno de la UE como en el interior de España, esa postura reformista se encuentra con la misma resistencia, la de quienes persisten en la ortodoxia previa a la pandemia y pretenden afrontar la grave crisis con los mismos instrumentos de antaño. Alemania quiere cambiar el paso e introducir nuevos factores, aunque moderados, en la ecuación, ya que la reacción pasada ayudó a causar mucha inestabilidad.

Los puntos de conflicto actuales son la fiscalidad, como el rechazado impuesto a las grandes fortunas, y la reforma laboral

En el plano español, la idea ortodoxa continúa siendo la de tejer una alianza entre la derecha y la izquierda moderada, es decir, entre el PP, Ciudadanos y esa parte del PSOE que se opone a Sánchez. Desde estas posiciones se cataloga al presidente, en el mejor de los casos, como un populista de izquierdas que se apoya en los radicales de Podemos para intentar sacar adelante un plan muy perjudicial para España.

Sánchez puede ser un populista reformista, pero no es un radical. Iglesias es la parte con menor peso en el Gobierno, y aunque se focalice en él la animadversión, sus posturas están muy alejadas de las que exhibía en los viejos tiempos, y es consciente de que tiene y tendrá que hacer sacrificios. Sin embargo, en España las apuestas ortodoxas tienen mucho peso, y todo impulso reformista está siendo combatido con firmeza y fiereza.

Es probable que se compre el discurso reformista, pero que en la práctica las posiciones finales tengan mucho que ver con la ortodoxia

Los puntos de conflicto de fondo son la fiscalidad, como el asunto del impuesto a las grandes fortunas, del que el PSOE se ha alejado y en el que Podemos presiona, y la reforma laboral, temas en los que buena parte de los ministros sanchistas también están a favor de la ortodoxia. Todas las tensiones actuales, una vez constatado que el Gobierno no iba a caer, vienen de ese intento de controlar las intenciones heterodoxas que todavía perduran en el Ejecutivo.

Esta pelea entre ortodoxos y reformistas tiene todo el aspecto de caer del lado de los primeros, tanto en Europa como en España. Desde luego, habrá matices, pero esto es muy similar a lo de los verdes y la izquierda: los intentos de cambio acabaron giraron hacia posiciones más manejables. Es probable que se compre el discurso reformista, pero que en la práctica las posiciones finales tengan mucho que ver con la ortodoxia. En concreto, que los fondos para la recuperación sean más escasos y menos rápidos de lo prometido, y ya ha advertido Rutte de que presionará para que estén constituidos íntegramente por préstamos, y que las medidas que tome el Gobierno para la crisis estén más cerca de las viejas fórmulas de lo que parece; lo más probable es que el impulso de cambio vaya diluyéndose conforme avanzan las semanas y los meses.

4. En sus cabezas sonaba genial

En realidad, este es un mal demasiado común, ya que se toma conciencia del problema, pero se intenta combatir con elementos retóricos y discursivos en lugar de con medidas reales. Ocurre en todas partes: Johnson acaba de anunciar un New Deal, articulado mediante un gigantesco plan de infraestructura cuya plasmación final son 5.500 millones, y parte de él eran inversiones ya previstas. En su cabeza sonaba genial, y el resultado es el Plan E de Zapatero. Con el fondo de recuperación de la UE puede ocurrir lo mismo, en cuanto a cantidades, y en cuanto a su conversión en simple deuda, de modo que apenas existan transferencias y todo quede convertido en un instrumento de inversión para los excedentes del norte. Y la apuesta del Banco de España por subir el IVA y los impuestos a las capas medias, pero no a las grandes fortunas, suena igual, ya que el peso de la deuda volverá a caer sobre las clases medias y las trabajadoras; o la insistencia en la tecnología y las renovables como solución, que fácilmente puede convertirse en una mera transferencia de recursos a las grandes empresas del sector.

Por así decir, estamos regresando a los tiempos previos a la pandemia en muchos sentidos: una vez que la situación de urgencia desaparece, se aprovecha la tensión causada para proponer las mismas respuestas que ya se tenían antes. Es un error grave: lo que necesita el sur, pero también las clases medias y las trabajadoras del norte, no es ortodoxia ni reformismo, es una reactivación que permita a la economía real, la de la gente común, ponerse en marcha de una manera sólida. Hay que potenciar el nivel adquisitivo de los asalariados, los autónomos y las pymes y que se ayude a las personas en situaciones de dificultad, lo que constituye el único camino para que el consumo funcione y para que el mercado interno sea sólido. Es el único modo de estabilizar el sistema, lo demás es un mero aplazamiento.

En este momento, las élites españolas y europeas parecen creer que todo comienza a estar de nuevo bajo control: ya se ha hecho bastante

Si no se actúa de esta manera, los problemas se harán más profundos. La crisis anterior ha conformado un suelo social muy inestable, en muy diversos aspectos, al que no se pone fin sacando a Trump de la Casa Blanca o introduciendo un par de discursos cosméticos en Europa. Si la crisis golpea solo con la mitad de la intensidad que se prevé, el sentimiento euroescéptico crecerá, las opciones autoritarias también y la legitimidad del sistema disminuirá. Lo vimos en la crisis anterior y lo veremos en esta.

En este momento, las élites españolas y europeas parecen creer que todo comienza a estar bajo control, ya que se han introducido medidas diferentes en esta ocasión, y que basta con ellas para que la parte importante de la economía no sufra, las fuerzas populistas retrocedan y la unidad de la UE deje de estar en riesgo. Es lo usual, una vez que los momentos de mayor gravedad dejan paso a la relajación, los cuerpos tienden a volver al mismo estado.

Pero recordemos que esta clase de diagnósticos, tan frecuentes en los últimos tiempos, siguen una pauta, la de negar la realidad de fondo. Un buen ejemplo lo tuvimos en el Brexit, donde la forma de encajar los hechos fue sorprendente: perderán el referéndum, si ganan darán marcha atrás, si no dan marcha atrás será un desastre, la salida del Reino Unido será combatida por los propios británicos, el proceso de salida será largo, cuando se vayan será como si permanecieran aún en la UE por el ‘level playing field’, y así sucesivamente, hasta llegar a las puertas de una salida rápida y sin acuerdo del Reino Unido. Alguna lección se debería aprender al respecto.

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