El cambio en el orden mundial: por qué les va bien a EEUU y Reino Unido y a Europa no
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Esteban Hernández

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El cambio en el orden mundial: por qué les va bien a EEUU y Reino Unido y a Europa no

Los problemas que los europeos estamos teniendo con el suministro de vacunas son un reflejo de transformaciones más profundas. Hay que ponerse a la altura

placeholder Foto: La vacuna de AstraZeneca, elemento clave. (EFE)
La vacuna de AstraZeneca, elemento clave. (EFE)

Una buena manera de conocer qué está ocurriendo con las vacunas y, a través de ellas, entender qué está moviéndose en la Unión Europea es observar los cambios en el entorno internacional y en las mismas potencias mundiales. China parece salir fortalecida de esta crisis, ya que ha controlado el virus, ha crecido en 2020 gracias a ello, y está tomando la delantera en muchos aspectos y acelerando su influencia internacional. Pero también está organizando otras novedades. Su 14º Plan de Desarrollo Quinquenal, debatido en la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular (ANP) es muy significativo al respecto.

Señala Claudio F. González en su reciente ‘El gran sueño de China’ (Tecnos), que los planes quinquenales tienen un fuerte componente sistémico, casi de ingeniería, más allá de lo que serían en otros países elementos de microeconomía y de macroeconomía… Suena a planificación de una gran industria”. Mucho de esto hay, y es esa mirada integral, mezcla de organización, planificación y de objetivos fijados a medio plazo, junto con los errores occidentales, la gran ventaja de Pekín.

Los dos conceptos esenciales

China ha entendido que este es un instante en el que se unen el repliegue y la expansión, en el que se deben potenciar al mismo tiempo la fortaleza interior y la influencia exterior. La búsqueda de seguridad, que es el giro internacional común, implica un desarrollo de la “soberanía económica y tecnológica” y una invitación “a redoblar el compromiso con la autosuficiencia y la innovación”. En estas dos palabras se decide el futuro. La primera incide en la necesidad de asegurar los suministros, de fortalecer el mercado interno, de asegurarse energía y materias primas, de contar con el tipo de economía adecuada. La segunda tiene que ver con la carrera por liderar la tecnología: dado que se prevén enormes avances en los próximos años, situarse el primero en el ámbito de la innovación conllevará también enormes ventajas geoestratégicas.

Turquía, India, Rusia, Reino Unido o Arabia Saudí parecen conscientes del cambio operado en la política internacional y actúan en consecuencia

No es una intención puramente china, EEUU también lo ha comprendido de manera clara. Su giro, que comenzó con Obama y dio un salto adelante con Trump, lo está asentando Biden. Las tensiones mundiales en el sector energético, en el comercio, en los minerales, en las finanzas y en la tecnología tienen que ver con esta confrontación entre dos potencias que tratan de asegurarse los bienes y servicios estratégicos al mismo tiempo que compiten por situarse los primeros en lo que esperan que defina el futuro, la innovación.

Y no son los únicos que lo han entendido: Turquía, India, Rusia, Reino Unido o Arabia Saudí parecen conscientes de este cambio y de cómo se están conformando las nuevas relaciones internacionales. Falta esa perspectiva, sin embargo, en la Unión Europea, y la vacuna es un buen ejemplo de la torpe percepción en Bruselas del momento político.

Nosotros primero

Las grandes potencias mundiales contaban con empresas farmacéuticas propias y con una producción controlada de las vacunas, de modo que se aseguraban el suministro en primer lugar. EEUU, China, Rusia o Gran Bretaña fueron previsores en la medida en que supieron actuar en el plano de la seguridad: las vacunas eran suyas y se producían en su territorio o tenían acceso directo a ellas. El periodista David Keating narra una historia muy reveladora al respecto, ya que la empresa Merck & Co., estadounidense, quería asociarse con Oxford para la producción de las vacunas. El Reino Unido se negó y prefirió a AstraZeneca, empresa anglosueca, para asegurarse de que el suministro iría a parar en primer lugar a GB. Así se firmó en el contrato entre la compañía y los británicos. EEUU tampoco tuvo prisa en firmar el contrato con Pfizer, porque dicha empresa llevaba su bandera y fabricaba en su suelo, con lo que la condición de EEUU primero figuraría siempre en sus acuerdos.

El CEO de AstraZeneca contestó que no era posible porque había una cláusula que obligaba a entregar las vacunas al Reino Unido primero

En el lado europeo, las cosas transcurrieron de manera diferente desde el principio. Trump intentó adquirir una firma germana, BioNTech, compra que fue frenada por el Gobierno de Merkel. Pero más tarde, y tras financiar la investigación sobre la vacuna que BioNTech estaba realizando, Alemania decidió asociarse con Pfizer, una compañía estadounidense. En su contrato no había cláusula alguna de Europa primero.

Tampoco ocurrió así con AstraZeneca. La firma británica estaba utilizando dos plantas de producción en Europa y otras dos en Reino Unido para fabricar las vacunas destinadas a la UE. Pero cuando hubo problemas con el suministro y la Comisión insistió en que se cumpliera con el contrato, el CEO de AstraZeneca contestó que no era posible, porque había una cláusula en el contrato que obligaba a entregarlas al Reino Unido primero.

El giro mundial

Esa deficiente visión estratégica europea ha sido disculpada, en la medida en que la UE actuó de buena fe, confió en sus socios y en el funcionamiento correcto del libre mercado, pero es una excusa pobre. Las cosas no funcionan así, y el mismo inicio de la pandemia lo subrayó de manera cruel cuando faltaron toda clase de suministros y los países se quedaban con los aviones destinados a otros en la misma pista de despegue. Y no es un momento puntual: el nacionalismo de las vacunas es parte del nacionalismo estratégico, tecnológico y energético en el que estamos inmersos, con obvias consecuencias en el plano económico. El mundo ha cambiado porque las dos mayores potencias del mundo lo han hecho, y sería absurdo querer jugar en una liga que ya no existe. Estamos en otro escenario, y no porque lo quiera la Unión Europea, sino porque da igual que lo desee Europa o no: las grandes potencias han tomado ya la decisión por ella.

La UE utiliza los términos 'autonomía estratégica' y 'soberanía estratégica', pero lo que está en juego es la soberanía, sin eufemismos

Ahora ha empezado a sonar el concepto 'autonomía estratégica', que vendría a dar respuesta a ese problema, pero nadie se lo ha tomado muy en serio en una UE que, como de costumbre, hace grandes proclamas cuya fuerza se desvanece a la hora de llevarlas a efecto.

Sin ella, los problemas se multiplican

La UE puede insistir en el multilateralismo, en las cadenas globales de valor y en el respeto a las reglas del libre mercado, pero hemos regresado a la ‘great power competition’; eso no excluye la negociación, pero para sentarse en la mesa se debe contar con el poder necesario para ser escuchado. Por decirlo en otras palabras, la UE ha empezado a utilizar indistintamente los términos 'autonomía estratégica' y 'soberanía estratégica', y tiene razón, porque lo que está en juego es la soberanía, sin eufemismos. China, como señala Claudio F. González, prefiere relacionarse con los países con separado que con la UE en conjunto; Trump tenía la misma perspectiva, que continúa siendo la de Biden. Las dos grandes potencias están intentando que la UE mire en términos nacionales mucho más que como bloque, y lo cierto es que no necesitan ser muy insistentes, porque la UE lleva mucho tiempo manejándose en ese plano. El fondo de recuperación es un ejemplo más, entre muchos otros.

La autonomía estratégica, o como queramos llamarla, “no resolverá nuestros problemas mágicamente, pero sin ella se multiplicarán”. Por suerte, hay señales que apuntan en avances. El reciente documento de trabajo firmado por Holanda y España, días después de la reunión de Sánchez con Macron, es un punto de partida muy interesante, y revela que algunas cosas están cambiando en el ámbito continental. Lo que falta es que las palabras se concreten en hechos y que, por el camino, Europa pierda esa intención tan ilusa como contraproducente de vivir en el pasado. El regreso a la soberanía ya está aquí: lo que tiene que decidir Europa es si va a darse en términos de región, de la UE, o en términos puramente nacionales, y que cada país tense la cuerda de la Unión en lugar de hacerla más fuerte.

Una buena manera de conocer qué está ocurriendo con las vacunas y, a través de ellas, entender qué está moviéndose en la Unión Europea es observar los cambios en el entorno internacional y en las mismas potencias mundiales. China parece salir fortalecida de esta crisis, ya que ha controlado el virus, ha crecido en 2020 gracias a ello, y está tomando la delantera en muchos aspectos y acelerando su influencia internacional. Pero también está organizando otras novedades. Su 14º Plan de Desarrollo Quinquenal, debatido en la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular (ANP) es muy significativo al respecto.

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