El hombre que tiene en sus manos el futuro de España
  1. España
  2. Postpolítica
Esteban Hernández

Postpolítica

Por

El hombre que tiene en sus manos el futuro de España

La extraordinaria contradicción, presente en toda clase de asuntos, entre las declaraciones políticas y las acciones económicas, recorre los males occidentales. También los de la UE

Foto: Armin Laschet. (Clemens Bilan/EFE)
Armin Laschet. (Clemens Bilan/EFE)
EC EXCLUSIVO Artículo solo para suscriptores

Uno de los columnistas más influyentes en Europa y el Reino Unido, Martin Wolf, explicaba en el 'Financial Times' que, para sanar las heridas de las democracias occidentales, es preciso mirar en su interior. El problema, en última instancia, no son las amenazas exteriores, como China, sino los conflictos internos de nuestras sociedades. Es una visión realista, pero de esas tan habituales, en las que un análisis y un diagnóstico correctos son utilizados para persistir en los errores.

Según Wolf, para superar los escollos presentes, hay que realizar una serie de acciones indispensables, como coordinar la regulación en áreas como las finanzas y la tecnología, defender la libertad de expresión frente al poder chino, preservar la paz frente a las amenazas globales, como las pandemias o el cambio climático, y seguir permanentemente abiertos al comercio y a las ideas plurales.

1. Lo que sea

Esta perspectiva, que puede ser compartida en muchos sentidos, conforma la forma de pensar del 'establishment' europeo de nuestro tiempo, y también muestra su mayor debilidad. Todos esos elementos dispersos encuentran su nexo de unión en un asunto que nunca termina de abordarse, y que, cuando se hace, es desde la retórica banal. Lo que está fallando en nuestras sociedades es la incapacidad del sistema para dejar de generar perdedores y su falta de habilidad para recomponer las sociedades desde el punto de vista económico. Este es el centro del orden occidental, y es la causa de su deterioro político. Mientras no se afronte este asunto, y se continúe planificando el descenso sistemático de las clases medias y la pérdida de nivel de vida de los trabajadores, todo aquello a lo que aspira Wolf no será posible. El descontento generará reacciones políticas adversas, sea en forma de populismos de derecha, de nacionalismos, o de cualquier otra opción que vaya fraguándose, incluida la futura deriva de las derechas liberales hacia posiciones más duras. La sensación de decadencia no tendrá por qué articularse desde las reivindicaciones puramente económicas, pero siempre impulsará nuevas líneas políticas 'antiestablishment'.

Tras el paréntesis de la pandemia, la vida debe volver a la normalidad, a las políticas ortodoxas y cautelosas y a los límites al déficit

Esta falta de comprensión del momento social, esta ceguera frente a la realidad de la mayoría de la gente, recorre hasta el hueso las declaraciones a 'Financial Times' de Armin Laschet, el líder de la CDU alemana y probable canciller germano tras las elecciones de otoño, en las que anuncia las líneas generales de su futuro gobierno, en el caso de que las urnas ratifiquen lo que las encuestas apuntan.

2. Querer dos cosas opuestas a la vez

Laschet dice básicamente dos cosas. Por una parte, que tras el paréntesis de la pandemia se debe regresar a las políticas ortodoxas, que denomina cautelosas, que las reglas fiscales de la UE deben entrar en vigor de nuevo, que Alemania debe restablecer su límite al déficit y que el fondo de recuperación de la UE, financiado con la deuda asumida por la Comisión Europea, fue excepcional y no debería repetirse. La vida debe volver a la "normalidad".

En segundo lugar, Laschet quiere más Europa y una Unión más estrecha, con votaciones por mayoría cualificada, con una política común, y siempre avanzando hacia una Constitución Europea. Pero, al mismo tiempo, se opone a la emisión de deuda común de la UE, ya que el fondo de recuperación del coronavirus fue "expresamente una respuesta a la pandemia, una situación única".

La concepción de la UE de Laschet es la de una reunión de pastores: siempre termina apareciendo alguna oveja muerta

Puestos en relación, ambos aspectos muestran la contradicción entre lo político y lo económico que está en el centro de nuestros problemas. Quiere una democracia más sólida, instituciones europeas más fuertes, más Unión, al mismo tiempo que debilita todo aquello que la hace posible. Europa es, en primer lugar y ante todo, y más con esta arquitectura institucional, una moneda. Para que esta sea fuerte, precisa de todo aquello que le da fortaleza, como es avanzar en una unión fiscal, y en unos presupuestos comunes. Mientras eso no ocurra, el euro no será más que una forma de beneficiar a unos en detrimento de otros. Laschet se opone a la emisión de deuda común, porque cada uno debe pagarse lo suyo. Pero eso no es una unión, es una reunión de pastores en la que inevitablemente aparecen ovejas muertas.

Por entendernos, Alemania actúa con Europa, y especialmente con la del sur, justo de la forma contraria que con Hungría. Mete el dedo en el ojo a Orbán con las luces arcoíris en los estadios de fútbol, hay grandes declaraciones contra sus legislaciones, pero necesita los beneficios económicos que obtiene de su relación, algo que se repite de forma sistemática en su relación con los países de Visegrado. Entre 2007 y 2020, los estados miembros de Europa del Este recibieron 395.000 millones de euros, la mitad de los cuales se destinaron a Hungría y Polonia. Su retórica es de una dimensión luminosa, pero su realidad, lo que de verdad importa, la del capital, va en sentido opuesto: puede elevar la voz, pero continúa con el grifo abierto.

3. La principal potencia de Europa

Esta contradicción se entiende mejor a través de las palabras del propio Laschet, cuando afirma que las políticas económicas cautelosas y conservadoras, "ayudaron a convertir a Alemania en la principal potencia de Europa". Efectivamente, son esta clase de políticas respecto de la UE las que han permitido que Alemania se convierta, con diferencia, en el país más importante, en la medida en que el euro y la arquitectura institucional financiera han beneficiado a su economía de manera evidente, al tiempo que ha perjudicado a otras, en especial a la francesa, a la italiana y a la española. La intención germana de persistir en esa posición es complicada, porque le obliga a tomar dos direcciones a la vez, una en el terreno político, y otra en el económico, que van en sentido contrario.

Alemania tiene que decidir qué quiere ser de mayor, si va a seguir pensando en términos nacionales o si prefiere ser el motor de Europa

No se puede estar en dos lugares a la vez, y esa política cuántica de Alemania tiene que acabarse alguna vez. Puede proseguir con sus políticas económicas, pero en ese caso no puede pretender ni instituciones estables, ni una Unión firme, ni impedir el deseo de separación, ni ser el polo de referencia de los valores occidentales. Alemania tiene que decidir qué quiere ser de mayor, si prefiere ser el centro y el motor de Europa o el país que obtiene beneficios a costa del resto.

4. La gran contradicción

Esta divergencia entre lo político y lo económico reaparece en muchos aspectos de su política, también en la exterior. Su posicionamiento verde es inequívoco, pero siempre y cuando no ponga en peligro a Alemania como potencia industrial. "El veinte por ciento de los puestos de nuestros trabajos están en la industria, en la siderúrgica, la química y la automotriz. Son sectores económicos importantes para nuestro país. Y queremos que sigan ahí dentro de 20 años", afirma Laschet. Y esto es significativo, no solo en lo referido a abrazar decididamente las medidas que combatan el cambio climático, sino por las repercusiones en política exterior. El gasoducto Nord Stream 2 es una solución para su industria, en la medida en que el gas ruso le provee de la necesaria y a un precio asequible. Eso le genera problemas con varios países de Europa del Este, además de con EEUU, pero les genera ventajas, de modo que la jugada se repite: hacen lo económicamente interesante, acoger el gasoducto, mientras políticamente difunden reproches y advertencias a Rusia. La misma jugada aparece en el caso chino: pueden declarar que el país asiático es un rival sistémico, pero nada de desacople comercial con ellos.

En resumen, que Alemania tiene una retórica 'proestablishment' muy decidida en lo político (instituciones, democracia, multilateralismo, más Europa), mientras en lo económico actúa en términos puramente nacionales o, más bien, en beneficio de determinadas clases germanas, como bien señalaban Pettis y Klein. Si siguen por este camino, debilitarán sustancialmente todo aquello que hace posible la democracia, las instituciones fuertes y una Europa más unida, porque mientras continuemos operando en unos términos que deterioran territorios y clases sociales, que promueven la inestabilidad, que reconvierten las trayectorias vitales de sus ciudadanos en una mera carrera por la supervivencia, y que fraguan una percepción oscura del futuro, no habrá ni orden liberal ni Europa. Esa es también la encrucijada del liberalismo, y del mismo Occidente.

Si volvemos a las viejas recetas, como parece, habrá mucho dolor en nuestro país

Las contradicciones alemanas son especialmente complicadas para España, toda vez que nuestra suerte económica depende en buena medida de las decisiones que se tomen en la Unión Europea, y en ella el gobierno alemán tiene un papel importantísimo. Si volvemos a las viejas recetas, como parece, habrá mucho dolor en nuestro país.

Es hora de regresar al diagnóstico de Martin Wolf. Efectivamente, sanar las democracias occidentales requiere mirar dentro de ellas y corregir sus errores. Y esta divergencia entre la retórica política y la acción económica, entre lo que se pretende de palabra y lo que se consigue con los hechos, es el más importante de ellos.

Uno de los columnistas más influyentes en Europa y el Reino Unido, Martin Wolf, explicaba en el 'Financial Times' que, para sanar las heridas de las democracias occidentales, es preciso mirar en su interior. El problema, en última instancia, no son las amenazas exteriores, como China, sino los conflictos internos de nuestras sociedades. Es una visión realista, pero de esas tan habituales, en las que un análisis y un diagnóstico correctos son utilizados para persistir en los errores.

Unión Europea