El éxito de Yolanda Díaz es fácil de explicar
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Esteban Hernández

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El éxito de Yolanda Díaz es fácil de explicar

Veremos quién desenreda finalmente la izquierda española, un único espacio con muchos aspirantes. La ministra de Trabajo parte con gran ventaja, ya que va con los tiempos

placeholder Foto: Yolanda Díaz asiste a la presentación del libro 'Historia del New Deal', de Andreu Espasa. (EFE)
Yolanda Díaz asiste a la presentación del libro 'Historia del New Deal', de Andreu Espasa. (EFE)

Es un único espacio con varios optantes: veremos quién desenreda la izquierda española y se hace con el lugar central. Ahora que el PSOE ha dado un giro calviñista con el cambio de Gobierno y apuesta más por la ortodoxia, el espacio a su izquierda se amplía. Sin embargo, las fuerzas que podrían ocuparlo viven momentos extraños, con un Podemos frágil, con sus líderes cada vez más alejados del sentir común; con IU larvando el malestar contra sus actuales dirigentes, ya que buena parte de las bases reclaman un giro (renunciaron a sí mismos para seguir a Pablo Iglesias, y ahora vuelven a estar en mínimos); con un Errejón que pretende convertirse en una fuerza nacional, pero sin convencer de que ese salto es posible, ni siquiera a Más Madrid, y con el despliegue de izquierdas periféricas varias, como la de Ada Colau, la de Teresa Rodríguez, el BNG o Compromís.

Foto: La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, durante un pleno del Senado. (EFE)

En esa pugna pausada, pero incesante (las elecciones están lejos todavía), Yolanda Díaz lleva la delantera, y no solo en su espacio político, también en el aprecio popular, como ayer subrayaba el CIS. Hay varias razones que pueden explicarlo, y una de ellas es bastante banal: en una foto con todos los ministros de UP, la imagen de la titular de Trabajo destaca enormemente, aunque sea por simple descarte. La cantidad de recriminaciones y de burlas que generan en la sociedad las salidas extemporáneas de algunos ministros y ministras, o el mero desconocimiento de la tarea que otros realizan, como es el caso de Castells, ponen las cosas fáciles a alguien que demuestra capacidad de trabajo, que es poco dada al ruido y que hace gala de sentido común.

El regalo envenenado

Hay elementos internos menos tangibles para la opinión pública, o menos directamente apreciables, pero que terminan haciendo efecto: Díaz es una ministra con la que se puede dialogar, que conoce el valor de los pactos, que sabe entenderse con los aliados y con los rivales: tanto desde CCOO como desde la patronal, desde ámbitos cercanos a la derecha o desde el mismo Gobierno, reconocen que con Díaz es mucho más fácil entenderse que con el resto de ministros de Podemos y, por supuesto, que con Iglesias.

El malestar en parte de la izquierda por el ascenso de Díaz es notable: representa algo muy diferente de aquello que constituyó su discurso

Además, Díaz ha sabido solventar con cierta relajación el regalo envenenado que le hizo Iglesias designándola como sucesora en Unidas Podemos, al tiempo que dejaba en el partido una estructura tejida con cargos hostiles a Díaz. De momento, y como refleja el CIS, la ministra de Trabajo está muy por delante de cualquier otra figura pública de UP en el aprecio social. Todavía es muy pronto para definir una candidatura real, tenemos que atravesar muchos escollos en los próximos tiempos, y la política actual es especialmente líquida, pero lo cierto es que, en las circunstancias actuales, no se visualiza a nadie que pudiera oponerse con éxito a que Díaz encabezase la izquierda en unas elecciones.

El humor social

Todos estos factores serían suficientes para entender los motivos por los que el aprecio público de Díaz está creciendo. Sin embargo, y junto con ellos, hay un sustrato de humor social cambiante que dice mucho de nuestro momento y que señala la dirección por la que se moverá políticamente el futuro cercano.

Cuanto más lejos están de la sociedad, más elevan la voz, pero ya como izquierda enfadada; chillan como señal de impotencia

El malestar en parte de la izquierda por el papel creciente de Díaz es notable, en la medida en que representa algo muy diferente de todo aquello que constituyó su discurso, que les dio visibilidad y sobre lo que creían tejer el futuro. Por decirlo rápido, estamos ante el agotamiento en España de la izquierda culturalista, esa que fuera de aquí se denomina 'woke', la de las minorías, la no 'binariedad', la de la burguesía bohemia, en parte fagocitada por la absorción de sus banderas por el PSOE, como se aprecia con el feminismo y la economía verde, y en parte relegada a una función 'freak' por su afición a llevar al extremo sus ideas, como se percibe en la habitual hostilidad en redes. Este enconamiento, además, no deja de ser reflejo de su decadencia: cuanto más lejos están de la sociedad, más elevan la voz, pero ya como izquierda enfadada; chillan como señal de impotencia, como constatación de que saben que su momento ha pasado.

Foto: Marine Le Pen entrará en España por la izquierda, dicen. (Benoit Tessier/Reuters) Opinión

Los rumores sobre Ana Iris Simón

Buena parte de la sociedad está a las cosas de comer, a lo material, a lo cotidiano, cuando no a la pura subsistencia. La gente necesita una idea de futuro, cierta esperanza en que su situación mejorará, un proyecto para cambiar las cosas y líderes que les hagan pensar que están a lo importante. Los mismos rumores que han circulado acerca de la entrada en la política activa, en una formación de izquierdas, de Ana Iris Simón, que la escritora ha negado, solo pueden explicarse desde esta pulsión social latente que está reorientando las prioridades políticas hacia lugares mucho más palpables. Toca centrarse en aquello que da forma a la estructura de nuestra época (el dinero, el capital, la economía) y en las consecuencias de su mal funcionamiento, como percibimos en el precio de la electricidad, en los salarios, en la falta de empleo, en una organización en que la economía ha desplazado a la política. Díaz es el único cargo de Unidas Podemos que ha hecho ver que está jugando en ese terreno, que sabe qué partida se está librando de fondo. No es extraño, por tanto, que esa mezcla de trabajo silencioso, carácter conciliador y percepción del humor de la época le esté generando mucha más simpatía social que la que concitan el resto de izquierdas.

Es un único espacio con varios optantes: veremos quién desenreda la izquierda española y se hace con el lugar central. Ahora que el PSOE ha dado un giro calviñista con el cambio de Gobierno y apuesta más por la ortodoxia, el espacio a su izquierda se amplía. Sin embargo, las fuerzas que podrían ocuparlo viven momentos extraños, con un Podemos frágil, con sus líderes cada vez más alejados del sentir común; con IU larvando el malestar contra sus actuales dirigentes, ya que buena parte de las bases reclaman un giro (renunciaron a sí mismos para seguir a Pablo Iglesias, y ahora vuelven a estar en mínimos); con un Errejón que pretende convertirse en una fuerza nacional, pero sin convencer de que ese salto es posible, ni siquiera a Más Madrid, y con el despliegue de izquierdas periféricas varias, como la de Ada Colau, la de Teresa Rodríguez, el BNG o Compromís.

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